Un Papa que cita al diablo

Vale la pena subrayar un dato: el Papa Francisco no tiene ningún reparo en citar tantas veces como considera oportuno al diablo. Lo ha hecho en…

Vale la pena subrayar un dato: el Papa Francisco no tiene ningún reparo en citar tantas veces como considera oportuno al diablo. Lo ha hecho en los primeros días de su Pontificado y ha continuado haciéndolo. Ahora mismo, con motivo de la homilía que dirigió al Cuerpo de la Gendarmería vaticana en la celebración de su festividad, la del Arcángel San Miguel. En ella se refirió como algo disgregador y terriblemente negativo a la maledicencia, al rumor intencionado, al comentario que disgrega, en relación al Vaticano, y les puso en guardia ante esta realidad. Como dijo, no se trata solo de guardar puertas y ventanas, se trata también de guardar los corazones, y en este contexto citó al diablo. El mal para el Papa, tiene una personificación concreta, real para los cristianos, pero que hoy no está de moda. Seguramente, este es principal triunfo de Lucifer, el de existir sin que la mayoría repare en ello.

El Papa Francisco sorprende en ocasiones, claro que sí, y esto es bueno si es que la Iglesia sigue siendo un cuerpo vivo, que lo es; porque la sorpresa obliga a pararse un instante, a no seguir con la rutina, a abrir la mente, a interrogarse precisamente sobre aquello que nos sorprende. Y esto es absolutamente necesario. Pero, ¿qué tiene de extraño tal cosa? Es propia del cristianismo. Si uno quiere sorprenderse mucho más, hasta el tuétano, basta que acuda ahora mismo al Evangelio y busque, lea y medite las Bienaventuranzas. Y que las refiera a su vida personal, a lo que está haciendo, a su lógica habitual. Se encontrará ante un choque imprevisto.

El cristianismo que allí aparece no es exactamente el mismo que la mayoría de nosotros tendemos a vivir, porque lo hemos amoldado a criterios humanos de conveniencia y de facilidad, de búsqueda del premio en el ahora mismo y en este tiempo. Una Iglesia que tiene como una de sus piezas centrales las Bienaventuranzas no es una Iglesia absolutamente previsible, sin que ello signifique ruptura con dos de sus fundamentos esenciales: el de la Tradición y el del Magisterio. Asombro quizá exprese mejor el concepto que sorpresa, porque es la actitud con la cual uno puede contemplar el Misterio de Dios. Sin esta capacidad, difícil es acercarse a Él. Y asombrarse exige dejar un espacio vacío de nosotros mismos parta que penetre luego lo inesperado. La Palabra de Dios.

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