Un punto y seguido

Acaba de acabar el Año Santo de la Misericordia. Este acabamiento no es un punto final, sino un punto y seguido. El Año de la Misericordia ha dado claves para la presencia de los cristianos en el mundo de hoy que son, dice el Papa, las que deben impregnar también “los años por venir”. Francisco quiere una Iglesia que anuncie un mensaje de perdón y reconciliación en el mundo, una Iglesia samaritana que se haga “cargo de las debilidades y dificultades” de los hombres y mujeres que encuentra por el camino.

Desde el día de la apertura del Año de la Misericordia en Bangui, la capital de la República Centroafricana, el Papa no ha dejado de alentar una manera de testimoniar la fe capaz de derribar las murallas de los prejuicios y los desencuentros, para hacerla más comprensible y atractiva a los hombres de hoy, en sintonía con el mandato del Concilio Vaticano II. Esperemos que  efectivamente este acabamiento sea un punto y seguido.

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