Un quinquenio de entrega y servicio a la Iglesia

Se recuerdan sus primeras palabras, una vez elegido: "Después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a…

Se recuerdan sus primeras palabras, una vez elegido: "Después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un sencillo y humilde trabajador en la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones. En la alegría del Señor resucitado, confiando en su ayuda continua, seguimos adelante. El Señor nos ayudará y María, su santísima Madre, estará a nuestro lado. ¡Gracias! ". A la mañana siguiente hablaba así a los cardenales a la Capilla Sixtina: "En mi espíritu conviven en estos momentos dos sentimientos opuestos. Por una parte, un sentimiento de incapacidad y de turbación humana por la responsabilidad respecto de la Iglesia universal, como sucesor de Pedro. Por la otra, siento viva en mí una profunda gratitud a Dios, que no abandona nunca a su rebaño. Esta íntima gratitud por el don de la misericordia divina prevalece en mi corazón, a pesar de todo". A lo largo de estos cinco años se puede decir que ha habido un "proceso" al Papa. Un periodista italiano, Sandro Magister, en su blog "Chiesa", sintetiza así los principales "cargos" en contra de Benedicto XVI.
La primera edición es Ratisbona. Tras su célebre discurso en la Universidad, se dijo que el Papa es enemigo del Islam, y "partidario incendiario del choque entre las civilizaciones". En realidad, su denuncia de "la idea de Dios mutilada por la racionalidad ", y su propuesta de cómo vencerla, ha significado un gran impulso a este diálogo. Hoy se avanza "con una conciencia más nítida sobre lo que distingue y sobre lo que puede unir, la ley natural escrita en el corazón de cada hombre". En cuanto a los hechos positivos, tras el famoso discurso, hay que mencionar la histórica carta de 138 sabios musulmanes, y su visita a la Mezquita Azul de Estambul. Allí, el gran muftí, que semanas antes pedía el encarcelamiento del pontífice, si tocaba territorio turco, abrazaba finalmente, un poco ruborizado, al Papa. Benedicto XVI ha impulsado valientemente el diálogo interreligioso.
Después se le acusó de ser enemigo de la razón: una protesta de un pequeño grupo de profesores y alumnos obligó a cancelar su visita a la universidad romana de La Sapienza. La paradoja es que Benedicto XVI es un gran ilustrado – conocedor profundo del pensamiento de la Ilustración-y lo es en una época en la que la verdad tiene pocos defensores y la duda se ha convertido en su amo y señor. Paradójicamente los defensores de la tolerancia, llevaron a cabo un gesto de extrema intolerancia, precisamente con un Papa que tiene un currículo universitario como ningún otro no ha tenido, un Papa que dialoga de tú a tú con pensadores como Habermas.
Siguió la supuesta enemistad hacia el Concilio Vaticano II. Los críticos le acusaron de "tradicionalista replegado en el pasado ", a raíz, sobre todo, de la liberalización del rito antiguo de la Misa, en la edición del Beato Juan XXIII. Pero su defensa de la tradición no tiene nada que ver con una formalista adhesión al pasado, como se muestra en factores como el elevado concepto que este Papa tiene sobre la libertad religiosa, apoyado precisamente en la tradición de los primeros mártires. En cuanto en la liturgia, si hay un auténtico continuador del gran movimiento litúrgico que floreció entre el siglo XIX y XX, desde Próspero Guéranger a Romano Guardini, este continuador se llama Ratzinger. Sus homilías en las celebraciones litúrgicas son un modelo para todos los predicadores.
Las críticas de antiecumenismo, debido a su "excesivo acercamiento" a los lefebvrianos, también quedan desmentidas por los avances con las Iglesias de Oriente -con las Iglesias bizantinas y el Patriarcado de Moscú-, y en Occidente, por las históricas metas con algunos anglicanos, que han sido acogidos Iglesia católica, a los que, claro, los medios tachan siempre de "conservadores". Los lefebvrianos, con los que hay todavía serias divergencias, se han esgrimido también para enfrentar al Papa con los judíos, a pesar de que ningún otro Papa, antes que él, se ha esforzado tanto en avanzar para definir una visión positiva del vínculo entre cristianismo y judaísmo, como muestra, por ejemplo, el primer volumen de su libro Jesús de Nazaret. Y son muchos los judíos que ven efectivamente en Ratzinger un amigo. El ex-alcalde de Nueva York, Ed Koch, el primer judío que ocupó el cargo, escribe en su blog Jerusalem Post: "No pretenden informar, sino castigar". Es lo que hacen los medios, también los de casa. Y si dejan que salgan artículos defendiendo ella, se sirven de los titulares, los corresponsales, y de las fotografías, para inducir al lector a una idea totalmente opuesta.
Y llegamos a la última estación: la de pretender involucrar al Papa acusándolo de haber encubierto escándalos de abusos sexuales a niños. Aquí, la operación mediática ha sido un hecho sin precedentes, y ha participado en general la prensa, la radio y la televisión, también las de nuestra casa, cuando Ratzinger es justamente el hombre que ha hecho más que nadie para sanear la basura y estar al lado de las víctimas. Pero todo vale con tal de dirigir en contra de él la responsabilidad sobre los escándalos e intentar, sin éxito, de ensuciarlo. ¿Por qué este Papa es atacado de esta manera, desde fuera de la Iglesia, pero también desde dentro -sólo hay que leer a Hans Küng– a pesar de su evidente inocencia? Un principio de respuesta es que él es atacado sistemáticamente en cuanto, por lo que dice, por lo que es, por ejemplo, por su absoluta claridad en temas como la vigencia de la Tradición o los valores no negociables en política, han hecho que su voz no les resulte cómoda.
Nos viene a la mente este comentario de Hans Urs von Balthasar: "¡Rara vez se puede decir que la Iglesia sea perseguida injustamente!” “Bienaventurados cuando por mi causa, os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros "(Mt 5,11). Pero, ¿cuándo nos dicen algo "con mentira"? Existen pecados seculares de la Iglesia, para los que quizás una generación posterior, "que no tiene culpa", debe sufrir sin embargo con justa razón. Si una espina de la corona del Señor nos penetra en el frente o en la nuca, nuestra primera reacción será pensar que se trate de una equivocación, de un gran error, pero si la sentimos aún más profundamente, empezaremos a rezar: "Señor, yo no soy digno". ¡Reconocimiento sincero y gratitud filial por su coraje, Santo Padre! ¡Que el Señor le asista en estas horas amargas!

Manuel Valls i Serra – Rector de la Parroquia de Sant Vicenç de Sarrià

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