Un sector de la prensa, trampolín para el argumentario del lobby homosexual político

El denominado lobby del homosexualismo político ha puesto en marcha toda una campaña de cartas al director en la prensa española. Se trata de provocar…

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El denominado lobby del homosexualismo político ha puesto en marcha toda una campaña de cartas al director en la prensa española. Se trata de provocar, algo que de momento están resolviendo con éxito, la presencia casi diaria de pronunciamientos de ciudadanos a favor de la nueva ley que permite casarse a dos personas del mismo sexo. Lo más significativo del tema es que algunos periódicos han llegado a presentar, en su página de ‘Cartas al director’, más de una carta con argumentos de fondo idénticos. Es el caso de LA VANGUARDIA, que ofrecía a sus lectores estos planteamientos en 2 de las 9 cartas publicadas este jueves 14 de julio.

 

Tres son los argumentos reiterados una y otra vez estos días en la prensa: que el matrimonio homosexual no hace daño a nadie, que la palabra ‘matrimonio’ no es exclusiva de nadie y la comparación sistemática entre una pareja formada por padre y madre que maltratan y otra de homosexuales que se quieren mucho y dan cariño al hijo adoptado. Este último planteamiento resulta especialmente grave porque transmite la idea de que las parejas del mismo sexo son más adecuadas para los niño e incluso que son algo así como una garantía de amor y buena convivencia que no tienen las heterosexuales. En el caso del primero y el segundo, se trata simplemente de lo que varios ministros del Gobierno español explicaban en las horas inmediatamente posteriores a la aprobación de la reforma del Código Civil: “No hace daño a nadie”, “no recorta derechos”, etc.

 

La reiteración de argumentos, teniendo en cuenta la criba que suele practicar la prensa a la hora de configurar diariamente su sección de Cartas al director, no es normal. Este hecho sólo es comprensible desde la voluntad de colaborar con esta campaña por parte de los medios de comunicación. Esta página de los periódicos resulta muy leída por los ciudadanos, que siempre ven en ella el pulso y el estado de opinión de los principales temas de actualidad. En la cuestión de la defensa del matrimonio entre hombre y mujer y del derecho de todo niño a tener padre y madre, no se está ofreciendo de momento el mismo trato. Además, hay que tener en cuenta que Cartas al director siempre es una sección donde se incluye el máximo número posible de temas, lo cual obliga a la dirección de cada publicación a evitar publicar más de una línea argumental sobre cada asunto.

 

Fragmentos de las dos cartas

 

En una de las cartas publicadas este jueves por LA VANGUARDIA, aparecía esta reflexión firmada por Miquel Àngel Cunill: “Quiero un papá y una mamá, o dos mamás, o dos papás; de hecho lo único que quiero es que me quieran. Quiero que me abracen, ser un hijo deseado, que me cuiden, que pueda comer cada día, que me limpien y me paseen, sólo eso, que me quieran. No quiero un papá maltratador ni una mamá que no quería quedarse embarazada. No lo entiendo, quizá porque aún soy pequeño, pero parece que cualquiera, aun sin quererlo, puede ser padre o madre, no quererte ni cuidarte, pero sí pegarte y hasta abandonarte. Parece que eso sí se puede, porque es una familia de verdad, las de padre y madre. Aun sin saber nada porque soy pequeño, yo sí quiero una familia de verdad, de dos que se quieren y te quieren, sean papás o mamás, de dos seres humanos de verdad”. O sea, que todo es bueno siempre que la unión sea de dos hombres o dos mujeres.

En la otra, aparecida el mismo día y en el mismo diario, L. Márquez respondía a una anterior misiva en la que supuestamente se calificaba de “anormales” los hogares con dos padres o dos madres. Así ofrecía sus argumentos: “¿Acaso es más normal tener un papá y una mamá cuyos gritos, golpes y hasta a veces muerte son algo habitual? Pienso que lo normal es el amor sin distinción de sexos. Dejemos que las personas se quieran y se respeten, que los niños son mucho más nobles que los adultos y el amor es lo único que importa”. Con palabras diferentes, se ofrece el mismo planteamiento que en la anterior carta.

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