Una biografía de santo Tomás de Aquino

Según Etienne Gilson, la biografía de santo Tomás de Aquino de Chesterton es el mejor libro sobre el Buey de Dios. Sin embargo, se dice que Chesterton nunca leyó la Summa Theologica. Simplemente pasó los dedos por los lomos de los libros y absorbió su contenido.

Esta biografía comienza por comparar a san Francisco de Asís con santo Tomás. Son figuras disímbolas, como Don Quijote y Sancho, como el Gordo y el Flaco. Pero los dos estaban haciendo la misma cosa: acercar a la tierra el Reino de los Cielos, reafirmando la Encarnación. Lo que uno cantando en las plazas, el otro lo hacía escribiendo en su estudio.

San Francisco y santo Tomás fueron contemporáneos cuando una gran peste asolaba la tierra: el maniqueísmo, que considera que mala a la materia, malo al universo, malos al cuerpo y al mundo. Según los maniqueos, o cátaros o albigenses, lo único bueno es el espíritu. Francisco y Tomás reaccionaron contra esta misma perversidad de dos maneras radicalmente diferentes, pero ambos afirmando: vivir es muy bueno, ser es muy bueno.

Santo Tomás es el campeón de Dios Creador. Afirma que Dios creó la realidad física. Por tanto, todo cuanto existe es bueno. Todo lo malo viene del Diablo. Y el diablo es puro espíritu, impotente para crear, capaz solamente de destruir. Santo Tomás se empeñó con todas sus fuerzas por construir un mundo donde los hombres pudiéramos habitar con tranquilidad. A la pregunta de Hamlet, “¿ser o no ser?”, santo Tomás de Aquino contesta dando un puñetazo sobre la mesa: “¡Ser! ¡Ésa es la respuesta!”

Santo Tomás no solamente se esforzó en sostener la realidad de la Encarnación, del Dios divinísimo que quiso ser hombre humanísimo. También se impuso la tarea de deducir todas sus implicaciones. Juntar el cielo con la tierra significa juntar el alma con el cuerpo. Estudió al hombre en toda su humanidad. “Un cadáver no es un hombre, pero un fantasma tampoco.”

La era moderna, supuestamente tan racional, ha corroído la razón. En el centro de su pensamiento está la idea de que la razón no es de fiar. Preparó el clima mental de nuestros tiempos, llenos de confusión, de dudas, fascinado por lo irracional, lo subjetivo, lo relativo y lo demoniaco. En el núcleo central del pensamiento tomista está la enseñanza de que es posible confiar en la razón.

Después de la Reforma, nadie ha podido edificar una filosofía que corresponda con el sentido de la realidad de todos. Cada una nos pide que creamos cosas que nadie puede creer, que las cosas son como imaginamos que son, que todo es relativo a una realidad que ni siquiera está ahí. Los filósofos modernos nos piden que sacrifiquemos nuestra cordura, para que a partir de ahí todo pueda cobrar sentido.

Sin embargo, las filosofías modernas nos están sacando de quicio. Es de locos nuestro modo de vida, cuando todo lo sólido se desvanece en el aire, y sobreviven en tristeza brutal varones y mujeres fatigados y abrumados por el trabajo interminable, cuyos vínculos con otros seres humanos, con plantas y animales, con la comunidad y la sociedad son cada vez más endebles.

Solamente la filosofía de santo Tomás, arraigada firmemente en la realidad, completamente respetuosa de la dignidad humana, es razonable. Y lo mejor de todo es que no hay que estudiarla en la universidad. Para vivir esa filosofía, basta con practicar de buena gana lo que dice el Credo de los Apóstoles, con todas las metidas de pata que uno quiera.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>