Una comparecencia en el Parlamento

El pasado viernes día 19, comparecí ante la subcomisión del Congreso de los Diputados que está estudiando una eventual leg…

Forum Libertas

El pasado viernes día 19, comparecí ante la subcomisión del Congreso de los Diputados que está estudiando una eventual legislación sobre el aborto. Fui el último de la lista de 30 personas propuestas por el PSOE, el PP e IU para pronunciarse sobre el tema.

Como toda cuestión de esta índole tiene aspectos anecdóticos. Me enteré de que era uno de los 30 porque un periodista me llamó para entrevistarme. A partir de ahí, cogí el hilo de la cosa, pero hasta el 22, es decir ahora mismo, no he recibido la carta del Presidente del Congreso de fecha 12 de diciembre y sello del 15 de diciembre que me comunica la convocatoria para el día 19. No hay que hacer excesivamente sangre con esto, porque evidentemente antes me llamaron por teléfono. Pero digamos que son detalles que la más alta institución legislativa del país quizás debería cuidar más.
Mi intervención estuvo situada sobre cómo deben considerarse las políticas públicas más adecuadas en relación al aborto. Es un texto conocido y que está colgado enForumLibertas.com (ENLACE). A lo largode 40 minutos los diputados formularon diversas cuestiones, lo que me permitió constatar que era bastante inútil esforzarse enpresentar hechos objetivos al partido del Gobierno, porque simplemente o prescindían de los datos o los alteraban radicalmente hasta darles otro significado. Por ejemplo,llegar a la conclusión de que se debía reducir el número deabortos -puntoen el que por otra parte todos coincidían- significaba traducido al lenguaje del PSOE que yo estaba proponiendo prohibir absolutamente el aborto.
La representante si no recuerdo mal del BNG hizo salir la insostenible cifra de los 100.000 abortos antes de la despenalización, a pesar de la evidencia estadística que tal situación nunca se ha producido en España. La cuestión es tan evidente que uno incluso se sonroja cuando se lo plantean en el ámbito parlamentario, porque resultaría que en los años 80 se producían ya tantos abortos en España como en el 2006, lo cual, comparado con el ranking europeo de entonces, la situaría en un lugar destacadísimo, pero que cesaron como por ensalmo hasta quedar reducidos a una minima expresión con la despenalización.
Si se plantea que en España se está practicando un brutal racismo eugenésico y se aportan datos en este sentido, como el hecho de que sean razones para abortar que un no nacido tenga el síndrome de Down, pero también el tener un labio leporino, es decir, liquidando a todo aquel que no se ajuste a un estándar racial considerado perfecto, lo único que se le ocurre alegar en contra al diputado socialista es qué me parecería que se debe hacer a un nasciturus sin cerebro.

Este tipo de forma de pensar que substituye lo habitual por situaciones extraordinariamente anómalas, y a partir de ellas quiere legislar sobre la normalidad, es una aberración conceptual y política. Se legisla desde la centralidad de los fenómenos y desde sus extremos más distantes. El debate es sobre el aborto eugenésico y lo que ello significa.

Pero incluso personas como el compareciente Pérez Royo, que disfrutan de un cartel reconocido en la universidad, han utilizado argumentos que ofenden la más elemental de la inteligencia para justificar lo que persigue el Gobierno: una ley de plazos. A dicho señor no se le ocurre otra reflexión que considerar que jurídicamente solo la mujer debe decidir sobre el aborto, porque sólo ella tiene la capacidad de parir.

Al margen de que desde el punto de vista de la filosofía políticaesta consideración forma parte de una filosofía ultraliberal y nada socialdemócrata, el de la individualización de todas las decisiones prescindiendo de sus consecuencias, tal tesis, comporta, además, el invento de una democracia segmentada, donde determinados temas sólo podrían ser decididos por aquellos que están directamente afectados.

Tal y como dije en la subcomisión, aquella afirmación equivale a asumir que el padre es el único miembro del matrimonio que puede decidir sobre la operación de fimosis del hijo porque es el único que sabe lo que se lleva entre manos. Franco inventó la democracia corporativa y ahora, desde el lado socialista, teorizan sobre esta democracia neocorporativa, basada en la división en sexos (porque supongo que la capacidad de parir es una capacidad determinada por el sexo, y no por el omnipresente género). Esto es la leche.

Para decir exactamente lo que pienso, las preguntas que reflejaron un mayor conocimiento técnico vinieron de parte del Partido Popular. Encontré rigor y una escucha atenta a los datos, y no digo esto porque sus opiniones fueran favorables a mi tesis, sino simplemente porque planteaban las cuestiones en el marco de referencia que había situado y, por consiguiente, la reflexión podía producirse, cosa imposible cuando uno se va por los cerros de Úbeda porque no le interesa entrar en los hechos que se le manifiestan.

Se trataba –sino no veo cual es la utilidad de la comparecencia- de debatir sobre lo aportado. También debo constatar el papel estrictamente neutral y generoso con el tiempo que tuvo la presidenta de la subcomisión y presidenta de la Comisión para la Igualdad del Congreso, Carmen Calvo.

Una vez leídas las demáscomparecencias, he de decir que los argumentos por parte de quienes defienden una mayor permisividad para el aborto, se mueven solo a nivel de principios no demostrables, como el hecho de que solo la mujer pueda decidir, o de afirmaciones gratuitas y tan salvajes como el pedir la libertad de abortar hasta las 24 semanas, cuando la medicina neonatal ya actúa sobre no nacidos de 21 y 22. Ha habido declaraciones en este sentido que han tenido mucho de inhumano y que en buena medida se concretan en los portavoces de las clínicas. No deja de ser una vergüenza que quienes hacen negocio con este tema, y por lo tanto tienen intereses creados obvios, sean los interlocutores privilegiados de quien nos gobierna. Es una manifestación más de una quiebra moral.

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