Una escuela pagará 50.000 euros por un caso de bullying a un alumno gay, una excepción ante otros casos

La noticia no ha dejado de sorprender por su excepcionalidad: una escuela de Cerdanyola de Vallès (Barcelona) ha sido condenada a indemnizar co…

La noticia no ha dejado de sorprender por su excepcionalidad: una escuela de Cerdanyola de Vallès (Barcelona) ha sido condenada a indemnizar con 50.770 euros, más los intereses, a un ex alumno homosexual por no haber tomado medidas de control y vigilancia en un caso de bullying.

La sentencia, dictada por el Juzgado de Primera Instancia número 2 de Cerdanyola el pasado 26 de mayo, considera que el acoso escolar continuado al que sometieron sus compañeros a J.M.M. entre 2005 y 2009 es responsabilidad del centro escolar concertado Nostra Senyora de Montserrat.

Al principio, cuando el alumno contaba con 11 años de edad, recibía tan solo insultos y algún empujón por parte de sus compañeros. Después pasaron a los ataques y agresiones, y el acoso siguió creciendo al mismo ritmo que la madre del afectado pedía constantemente ayuda, que fue minimizada por la dirección de la escuela, según consta en la sentencia.

"Infravaloración" de la situación

El fallo es contundente: "se puede afirmar que la situación vivida por el menor J. M. M. durante el periodo que cursó estudios en el centro Nuestra Señora de Montserrat se ajusta a los parámetros que se definen como acoso escolar". El menor estuvo 897 días en tratamiento por un trastorno adaptativo, con ansiedad y depresión.

La resolución, que ya ha sido recurrida por la escuela, argumenta que el colegio disponía de información suficiente que "podría haber permitido prevenir y corregir" los comportamientos de acoso que se produjeron desde septiembre del 2005 a enero del 2009.

La juez expone que, de los informes emitidos por la directora de la escuela y el jefe de estudios, así como las testificales de tutores, "se hace patente la infravaloración significativa que desde el centro escolar se hizo de la situación de acoso sufrida por el menor".

La sentencia detalla que el colegio no hizo nada para ofrecer la "protección debida al menor" e hizo "caso omiso a las quejas que la madre". En definitiva, la situación por la que pasaba el niño fue "ignorada o minimizada", sostiene el juzgado.

La versión del alumno y la madre…

Según explica el joven, primero fueron insultos: "me llamaban marginado, maricón", explica. Pero, después, el acoso de los compañeros de clase fue en aumento. Le atacaban y agredían por su condición de homosexual, y ni las excursiones y salidas fuera del colegio eran tranquilas para J. M. M. En una de ellas, explica, le intentaron tirar de un vehículo en marcha y a la hora de comer quisieron meterle un palo por el ano.

Dos cursos después, un alumno colgó una foto suya en internet con amenazas. "Me hicieron la vida imposible. Me sentí humillado. Como una mierda. Me encerré en casa. Caí en una depresión y estuve a punto de suicidarme", asegura hoy J. M. M, quien también afirma que la escuela no dio solución a las reiteradas quejas de su familia.

El relato del chico, que ya ha cumplido 19 años y se preparara para ingresar en la universidad, es rotundo. En el 2004, cuenta, entró en el colegio Nuestra Señora de Montserrat para cursar cuarto de primaria. Ese año todo fue bien, pero en quinto empezaron los problemas. "Tenía las orejas muy grandes y no paraban de tocármelas. Después, hubo empujones, golpes insultos. Me apartaban del grupo y me dejaban solo", recuerda.

"Todo se lo contaba a los profesores, pero no le daban importancia. Me decían: ignórales. Nada más", explica. Pero las vejaciones no cesaban. Curso tras curso. "Me humillaban y vejaban con golpes e insultos, Me escupían. Me rajaron la mochila. Y todo porque soy homosexual", insiste.

…y la de la escuela

Por su parte, Montse González, directora del colegio condenado a pagar la indemnización, argumenta que "la sentencia presenta contradicciones e incoherencias".

González, que afirma no haber tenido acceso a la resolución judicial hasta el pasado jueves, asegura que el caso de J. M. M. "se trató en tutorías individualizadas, en tutorías colectivas, con el psicólogo del colegio y con el equipo de asesoramiento psicopedagógico que ofrece Ensenyament. Y se pidió incluso la mediación de un inspector de la consejería. […] La verdad, no sé qué más se podía hacer…", señala la docente, abatida por la sentencia.

La responsable del colegio insiste en que desde el centro se tomaron medidas: "En la excursión donde, según su versión, ocurrió el incidente del jeep, el alumno estuvo supervisado todo el día por una maestra, que no observó ninguna anomalía. Además… ¿usted cree que ese tipo de vehículos, que facilita la empresa organizadora de la actividad y en los que viajan niños cada día, se pueden abrir tan fácilmente desde dentro?", alega.

En su opinión, el problema de J. M. M. es la sobreprotección que recibe de su madre. "El niño salía contento del colegio, pero, horas después, ya en casa y después de hablar con su madre, tenía que ir al ambulatorio con ataques de ansiedad. ¿Realmente era culpa del colegio?", concluye.

Una tendencia que irá a más

En cualquier caso, a la vista de lo expuesto, cabe preguntarse si esta sentencia sentará precedente y, a partir de ahora, todos los casos de bullying , independientemente de la motivación, serán tratados por la justicia con la misma contundencia.

Lo primero que hay que apuntar es que, en general, en los casos de acoso escolar las escuelas muestran normalmente una gran incapacidad para resolverlos. Y es que normalmente se dan fuera de las aulas, en los pasillos, patios o en el exterior del centro escolar.

Por otra parte, siempre entendiendo que todos los casos de acoso escolar son reprobables y necesitan de una especial atención por parte de los centros afectados, otra de las cuestiones que plantea la sentencia es que, con las nuevas leyes de privilegios para LGBT, la tendencia sentenciar como lo ha hecho ahora el Juzgado de Cerdanyola irá a más en los casos en que se argumente la condición de homosexual.

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