Una lección de vida

Tengo que hacer unas cosas en el Scotia Bank y antes de ir al trabajo voy para allí. Abren a las 9, pero llego un poco antes, por lo que hago u…

Tengo que hacer unas cosas en el Scotia Bank y antes de ir al trabajo voy para allí. Abren a las 9, pero llego un poco antes, por lo que hago una pequeña fila de espera hasta que abran. Observo a través de los vidrios y veo que los empleados están de pie en un círculo. Hablan y no sé qué hacen. Pienso que es alguna técnica empresarial para mejorar el desempeño laboral.

Son las 9, los vigilantes abren y me dirijo al primer cajero que veo libre. Amable, el señor, se me ocurre preguntarle que hacían reunidos en círculo y me dice: "hemos decidido orar antes de comenzar nuestra jornada de trabajo, le pedimos al Señor por cada uno de nosotros por sus problemas, por una buena jornada de trabajo, le alabamos y rezamos". Me quedo un tanto sorprendido, aunque después recuerdo que en varios sitios he sabido que lo hacen. No es nada obligatorio, no es iniciativa de la empresa, es de los propios empleados. A nadie se le obliga, pero no vi a nadie fuera del círculo. Le felicito y salgo un tanto animado hacia mi trabajo. ¡Esto ya me ha arreglado el día!

Feliz yo, me pongo a ver los correos en internet. Hasta que llego al que me envía diariamente Ernesto López del Canal 21 grupo mega visión, conductor del programa: Diálogos con Ernesto López, programa de entrevistas con personajes sobre temas de actualidad nacional. También hace otro en la radio con un mismo formato en el radial 107.5 FM. Al llegar al final de la noticia, que es un extracto en titulares de su última entrevista y un link me encuentro con esta frase:

"Señor, que todos los que se acerquen a mí sientan tu presencia. Revísteme de ti y que a lo largo de este día yo te irradie. Amén".

No es una imposición de la empresa, que para nada es un canal religioso. Es una condición del periodista, uno de los más famosos del país, que quiere poner de manifiesto delante de todos cuál es su prioridad en la vida. Recuerdo una entrevista que le hicieron en un canal religioso donde él lo dejaba muy claro: amaba su profesión, pero solo la entendía "como un servicio al Señor”.

Al día siguiente, sábado, llega una señora a hacer las faenas. Siempre hablamos un rato. Son gente muy humilde. Le pago 12 $ al día, ella debe ganar al mes unos 300$. Claro que siempre está en algún que otro aprieto y la ayudo. Pero no es este el tema, sino que me cuenta que con la gente con que se reúne, en su iglesia, salen periódicamente de misión y se van siempre a unas comunidades muy pobres. ¿Que les llevan ellos, que no tienen nada? Pues la palabra del Señor y a veces unos panes que aquí le llaman pan francés. Son unos panecillos pequeños casi de solo miga. Sé que también alguna ropa vieja, o sea la que le doy yo, que finalmente termina en otros, y me cuenta toda entusiasmada como los reciben la gente: con gran alegría, especialmente los niños, que adoran el pan que ellos nunca comen y me dice aunque sea duro les gusta. En esos municipios donde hay niveles de desnutrición infantil de hasta el 40%, donde muchos comen solo una vez al día, esa gente les lleva la alegría y la palabra del Señor. Recuerdo lo que ella a veces me dice de una sobrina: "es que Josselyn, la mayor, es más pequeña porque mi hermana no tubo para darle de comer". Y así es en muchos, su lentitud, sus limitaciones intelectuales, vienen de la deficiente alimentación. Cada sábado, la señora me cuenta desgracias y desgracias: que a su hermanastro, el que se puso de conductor de buses, los mareros le mataron porque no podía pagarles la renta. Ella mantiene a su hija, a la que su marido abandono, dos nietos y un hermano discapacitado. Ver la fe de esa mujer y su capacidad de caridad a los demás es algo que me emociona, es una lección de vida para mí.

Hace unos días invité a una amiga joven a comer en mi casa. Llegó con su madre y dos parejas amigas. Comimos y hablamos muchísimo y resultó una velada muy alegre, aunque prácticamente yo no conocía a nadie excepto mi joven amiga. A las seis, uno dijo que tenía que irse y ahí se terminó, pero mi amiga nos pidió que cada uno de nosotros hablara sobre cómo había visto nuestra reunión. Todos lo hicieron y todos dieron gracias Dios por tan excelente velada. Fue muy emocionante la facilidad con que ellos expresaron sus sentimientos, felicidad, alegría y deseos de futuro para todos. Nos dimos las manos y nos abrazamos.

Días después ella me invito a ir a su iglesia. Fui y me reuní con un grupo de hombres, gente pero que muy sencilla. Ellos habían sido informados de mis problemas con mi hija adolescente. Al final, uno a uno pidieron por mí, y no un momento si no un largo rato cada uno. Les agradecí el gesto y nos abrazamos.

Ayer fui a mi doctora. Estuvimos hablando un rato y de repente me dijo: "yo rezo por usted, para que encuentre trabajo". Me extrañó y le pregunté entonces: "¿usted reza por mucha gente?" Y me contestó: "sí, claro, me paso más de una hora rezando". Se lo agradecí y después descubrí que otras personas también lo hacían.

Cada sábado me reúno con un grupo de gente en un desayuno donde el objeto es dar testimonio de lo que Dios hace en nuestra vida. Hace diez años que lo hago y he presenciado relatos estremecedores, gente llorando por el recuerdo de lo acontecido. Realmente es un ejercicio importante. Al principio nunca sabes qué decir, pero luego te vas acostumbrando y vas viendo como Dios está dentro de ti y tu dentro del él, y tu vida cambia. Como dicen los muchachos aquí: "te pone en otra onda". Y es cierto, esta otra onda, este estar en el Camino de Dios, te sitúa en otras vidas y está demostrado que te mejora tu condición, dejas de odiar, de envidiar, de tener pensamientos negativos. Y, claro, te mejora el sistema autoinmune. Te genera salud total. He estado estudiando los efectos sobre mi vida de un tipo de conducta y créanme que es muy interesante ver los resultados. ¡Ánimos, apúntense!.

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