Una llamada de atención: Cuatro Hermanas Misioneras de la Caridad asesinadas y un clamoroso silencio

Los yihadistas asesinan a cuatro hermanas de la Madre Teresa

Se llamaban Anselm, Reginette, Margarita y Judith. Eran Hermanas Misioneras de la Caridad, las monjas de la Madre Teresa de Calcuta, y han sido asesinadas el 4 de Marzo en Yemen mientras daban el desayuno a los ancianos pobres y discapacitados que atendían.  Los asesinos mataron a otras 12 personas y secuestraron a un sacerdote indio que vivía en el centro. 16 muertes en total, la mayoría gente pobre, cuatro mujeres, monjas católicas, que no eran ni occidentales, ni periodistas, ni trabajaban en multinacionales, solo servían a algunos de los yemeníes más necesitados.

La repercusión de esta horrible matanza en los medios de comunicación occidentales, con España en un lugar muy destacado, ha sido mínima, marginal tan pobre que da pie a formular algunas preguntas necesarias.

¿A qué se debe el silencio, que acompaña al hecho, cuando para otros casos el clamor mediático ha sido extraordinario? ¿Se trata de que no eran europeas, que eran monjas y que eran católicas?

¿Los católicos podemos contar con la solidaridad de nuestros conciudadanos, nuestros compatriotas, si nuestras vidas se vieran amenazadas?

No es una pregunta excesiva, quizás impertinente, pero no encierra ningún exceso porque responde a una evidencia: la del silencio, censura o minimización de la información relacionada con aquella cruel matanza.

¿Por qué aquellos que tan atentos están a toda violencia contra la mujer no atienden a la muerte sectaria de cuatro mujeres? ¿Acaso porque eran monjas?

¿Por qué este silencio en tiempos de excesos emotivistas –que en la mayoría de ocasiones se traducen en poco- que dan lugar a grandes titulares, ven desaparecer la emoción ante la persecución cristiana? ¿Es un signo, o acaso un error de apreciación por nuestra parte?

¿Por qué sucede todo esto? ¿por qué esta insensibilidad, en ocasiones cómplice, ante tanto sufrimiento, persecución y muerte como la que sufren los cristianos a manos de grupos islámicos?

Nosotros no tenemos las respuestas, pero sabemos que es necesario formular las preguntas. Dos cuestiones podrían ponerse sobre la mesa:

Diríase que la Iglesia es un estorbo, esta es una; y otra distinta, la de que los cristianos españoles en buena medida parecen haber perdido la pasión positiva por su fe. Pero ambas cuestiones, incluso si fueran muy ciertas, no acaban de configurar un diagnóstico satisfactorio de lo que sucede. En términos objetivos, el papa es un líder moral global, quizás el más destacado de todos; la Iglesia es beneficiosa para la sociedad en sus obras materiales, las que todo el mundo puede juzgar con independencia de sus creencias, en términos seculares. No darán valor a los santos, pero sí que ven lo que hace Cáritas, Manos Unidas y tantas otras instancias católicas de solidaridad. Pueden observar el buen rendimiento social que procura el seguimiento de la moral cristiana en todos los planos. El ejemplo de lo que hacían las monjas asesinadas es un buen ejemplo de ello.  Entonces, ¿por qué tan poca atención, tan pocas preguntas de la sociedad ante su persecución?

Otros colectivos que solo procuran y viven para sí, que disfrutan de beneficios públicos solo para ellos, son objeto de atención de primera plana cuando a alguno de sus miembros le rompen la cara en una manifestación. ¿No resulta llamativa la desproporción en la atención pública ante sucesos de este tipo y el asesinato de cuatro monjas y el secuestro de un sacerdote?

Allí los matan. Aquí sus muertes se tornan invisibles. El contraste con los asesinatos de los colaboradores de Charlie Hebdo es feroz. Páginas y páginas, recursos millonarios para la publicación. La comparación será odiosa, pero es obligada A unos los mataron porque molestaban a unas mentalidades sectarias con sus dibujos, pero ¿cuál era la molestia de las monjas de la madre Teresa de Calcuta? ¿Atender a los que nadie atiende?

¿A nadie le llama la atención todo esto? ¿A ningún político, ni periodista, le conmueve el corazón todo esto?, ¿ningún hacedor de opinión grita su indignación?

Es necesario y urgente que meditemos sobre las causas de este clamoroso silencio.

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One comment

  1. 1

    El mundo está al revés.
    No puedo imaginar esa masacre.
    Sí sé que el Papa Francisco se indignó con la noticia. ¿Qué tan grande será el horror en el mundo que estos asesinatos se diluyeron en la indiferencia?

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