Una milla más

En el relato evangélico según San Lucas –Evangelio sólo hay uno- la Iglesia nos pone a nuestra reflexión la contempl…

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En el relato evangélico según San Lucas –Evangelio sólo hay uno- la Iglesia nos pone a nuestra reflexión la contemplación de una escena muy concreta y sorprendente. Ésta denota el principio y el comienzo de la actividad misionera con actitud apostólica comprometida. Recordemos que Lucas era oriundo de la gentilidad, médico de profesión y compañero inseparable de Pablo de Tarso en sus correrías, el Apóstol San Pablo converso de la gentilidad que siendo perseguidor de cristianos recibió un toque personal de Dios que le llevó a dar testimonio de Jesucristo una vez resucitado anunciando su Evangelio. Traspasando fronteras fue mártir de la fe cristiana.

Se trata de un episodio histórico –referido- que es también una llamada de atención amorosa de Nuestro Señor a los que nos confesamos sus seguidores. Es la aparición a los discípulos de Emaús. Si la primera fue a María Magdalena, la segunda subsiguiente a los discípulos dándoles el poder sacramental de perdonar los pecados recibiendo de Nuestro Señor Jesucristo el don del Espíritu Santo, y a la tercera al cabo de una semana a todo el colegio Apostólico con el incrédulo Tomás -el discípulo ausente la semana anterior- , el evangelista San Lucas nos refiere un episodio singular.

Aconteció el mismo día en que San Pedro -por el testimonio de Santa María Magdalena- verificó que Jesús no estaba en el sepulcro, hecho referido en los cuatro relatos evangélicos. Aconteció el día de Pascua de Resurrección. En paralelo con el encargo de Nuestro Señor a María Magdalena a los once Apóstoles para que le precediesen a Galilea, donde resucitado les dio el mandato de enseñar ad gentes bautizando en el nombre de la Trinidad de Dios, con la enseñanza de la observancia de todo cuanto El les mandó y Su promesa de que permanecerá con ellos (y por tanto con nosotros) hasta la consumación del mundo.

Durante varios años leí libros de autoayuda y motivación, libros que -si están bien- ayudan como me ayudaron a mí como refuerzo en mis tareas profesionales comerciales. En ésas no prima el cumplimiento de un horario laboral, sino el cumplimiento de objetivos personales de empresa concretos, alcanzables, medibles y asumibles, que se cuantifican en resultados de productividad y que son -si uno quiere- objetivos logrados. Cuando se cumplen de modo continuado y sostenido a lo largo del tiempo en proyecto empresarial serio, se materializa el trabajo de empresa en equipo con las aportaciones individuales a un proyecto común. Se obtiene riqueza para otros y para uno mismo. Se plasma así en qué consiste una empresa. Se patentiza lo que ni mercados, ni primas de riesgo ni inversores son capaces de hacer: LA ECONOMÍA PRODUCTIVA.

Durante años me estuve preguntando qué quería decir eso que recoge todo un clásico como el libro La Actitud Mental Positiva, desarrollado luego en otros libros por un autor que les recomiendo: Og Mandino. Consiste en recorrer un kilómetro de más como Regla de Oro en el propio Análisis de Cociente de Éxito. ¡Si lo necesitan, claro! Me preguntaba entonces a qué pasaje bíblico se refería esa Regla de Oro. Me costó unos años adivinarlo.

En Lc 24, 13-34 aprendí en qué consistió la escena de Emaús. “Dos de ellos iban a una aldea, que dista de Jerusalén sesenta estadios, llamada Emaús, y hablaban entre si de todos estos acontecimientos”. Volvían de Jerusalén conversando entristecidos por el aparente fracaso de aquello que esperaban ver como éxito de la fe en la creencia que abrazaban. No reconocieron al “forastero” que se encontraron en el camino. Le refirieron lo acontecido, incluso la desaparición del cuerpo depositado en el sepulcro. El “forastero” les refirió las Sagradas Escrituras. Los de Emaús lo invitaron a quedarse en su pueblo pues el día estaba ya declinando. Habían por tanto regresado a su hogar. Sentados o reclinados en la mesa al bendecir, partir y dar el pan el forastero invitado, reconocieron a Jesús Resucitado. Y entonces ante esta manifestación gloriosa de Dios en sus vidas se levantaron de la mesa al instante y fueron al encuentro de los once Apóstoles para referirles lo que les había sucedido en el camino y de qué modo reconocieron al Señor.

¿Y qué es un estadio? Sin duda una medida antigua de longitud. ¿Pero cuál su equivalente en cristiano? Al mismo tiempo que redacto quiero saberlo exactamente. Ya lo sé. Y si alguno de ustedes no lo saben lean por favor este artículo.

El estadio romano era de unos 185 metros, la octava parte de una milla romana, el mismo que usó Eratóstenes tres siglos antes para medir la circunferencia de la Tierra. Echen cuentas. Los discípulos de Emaús recorrieron andando –abatidos- en la tarde del día de Pascua una distancia de unos 11 quilómetros. Acto seguido sin apenas cenar y a la luz de la noche recorrieron -regresando apresurados y contentos a Jerusalén- esa misma distancia.

Recorrer una milla más es hacer eso en nuestras vidas en todos nuestros quehaceres, sobre todo en los apostólicos, ¡con alegría ahora que ya ha empezado el Año de la Fe!

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