Una reforma injusta de las pensiones

Está fuera de toda discusión que la reforma de las pensiones actualmente planteada va a significar una pérdida de poder adquisiti…

Forum Libertas

Está fuera de toda discusión que la reforma de las pensiones actualmente planteada va a significar una pérdida de poder adquisitivo, un empobrecimiento de todos los pensionistas. La cifra no será nada menor, porque puede representar una mordida de más de un punto porcentual cada año. La idea de que cuando se equilibre y las cosas vayan mejor se cobrará más esconde una falacia, porque las pensiones difícilmente presentarán un resultado equilibrado a medio plazo, a causa del peso determinante de la desocupación y la lentitud con que ésta se va a reducir. Al revés, las cosas empeorarán, porque en la medida en que aumenten el número de parados que han agotado las prestaciones de desempleo también disminuirán los ingresos a la Seguridad Social, ya que mientras dura aquella garantía es el Estado quien paga la correspondiente cuota, pero cuando se termina también lo hace el ingreso correspondiente. Este es un aspecto que se ha debatido poco o que al menos ha emergido poco en la opinión publicada, a pesar de que resulta decisivo.

Asimismo, el hecho de que las pensiones no contributivas se encuentren dentro del balance de la Seguridad Social contribuye a desequilibrar las cuentas. No está escrito en ninguna parte que deba ser así. Es más, lo normal sería que estas pensiones, que como su nombre indica no corresponden a las aportaciones realizadas por las personas que las reciben, figuraran como gasto social en los Presupuestos del Estado y no en los de la Seguridad Social.

Las pensiones, lo hemos dicho muchas veces, es el factor más determinante en la actual situación española que evita un mayor deterioro de la vida de las personas. Es la última frontera contra una masificación de la pobreza, y el instrumento redistributivo más fuerte que existe. Si este papel va disminuyendo, lo que va a suceder está a la vista: el aumento de la desigualdad, que ha venido creciendo de una forma imparable a lo largo de la crisis. Y es que el sistema de pensiones no es una variable que pueda segregarse del conjunto del sistema económico y social. Al contrario, por su importancia, los ajustes deben hacerse dentro de este marco más complejo.

En este sentido, una reforma de las pensiones bien hecha debería realizarse de acuerdo con, como mínimo, estos cuatro puntos:

Primero, una reforma fiscal que permita aumentar los ingresos a base de reducir la recaudación legal e ilegal, y evidentemente no a base de aumentar la presión fiscal sobre los que ya pagan. Dos, incorporar las pensiones contributivas a los presupuestos del Estado. Tres, establecer un fondo por empresa en el que se ingresen una parte modesta pero tangible de las ganancias generadas por el incremento de productividad de la empresa; esto significa una disminución del aumento del excedente empresarial y salarial, es una renta cuyo beneficio se dirige al futuro. Y cuatro, y no precisamente en el último lugar en el orden de prioridades, una política pro familiar y pro madre. Estos cambios introducirían una nueva perspectiva en el sistema de pensiones.

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