¿Una región cerebral específica para la religión?, la ciencia se rinde a la evidencia

La bioteología es una rama que ha desarrollado la neurobiología y que se dedica a analizar las partes del cerebro que se activan realiza…

La bioteología es una rama que ha desarrollado la neurobiología y que se dedica a analizar las partes del cerebro que se activan realizando diferentes actividades espirituales. Una de las conclusiones generalizadas de los diferentes estudios revela que algunas de esas partes del cerebro se activan solamente cuando se reza o se realiza una meditación profunda. La pregunta que se desprende es si desarrollamos primero esa cualidad que nos lleva a la religión o es la religión la que genera esta cualidad.

Desde el punto de vista de la neurobiología, ¿qué sentido tendría que la evolución del cerebro preservara un espacio tan sensible para la Religión? ¿Sería este un espacio inútil? ¿No tiende la evolución a eliminar aquello que resulta ineficaz o accesorio? ¿Es pues ese espacio ineficaz y accesorio, o necesario y productivo?
Lo cierto es que existe un consenso científico generalizado sobre las bondades que provoca la religión para la salud, así como sus ventajas. Un ejemplo de esta tendencia la confirma la entrevista que realizó el diario La Vanguardia al presidente del Comité de Bioética del presidente Barack Obama, Stephen L. Hauser. Hauser, la principal autoridad mundial en esclerosis múltiple se declara ateo, pero, a pesar de ello, habla de la importancia de ir a misa como uno de los tres aspectos más importantes a tener en cuenta para vivir con optimismo (a las que suma hacer ejercicio y no obsesionarse con preocupaciones).
“Eso es algo que está demostrado –afirma el director del centro de esclerosis múltiple de la Universidad de California-: ese estado [estar optimista] genera endorfinas que tonifican el sistema inmune, rebajan tu percepción de dolor… y así mejora tu cualidad de vida”.
Hauser habla de la importancia de intervenir en una sociedad excesivamente medicalizada: “Estamos excediéndonos: estamos medicalizando la vida. Los niños no han sido diseñados por la vida para estar horas sentados en un aula, y en el momento en que alguno lo lleva un poco mal, ¡le diagnosticamos hiperactividad y le medicamos…! Y nos dedicamos a diseñar medicamentos innecesarios”.
Un ateo que recomienda ir a misa
Hauser recomienda ir a misa como un elemento de mejora en la vida de la persona. Por lo tanto, el organismo está preparado para la religión y la religión, al mismo tiempo, genera beneficios para el individuo redundando a su vez en la sociedad.
Cabe preguntarse, por qué nuestra sociedad proyecta, pues, tantas críticas sobre la religión si en un nivel práctico y evolutivo se ha demostrado tan positiva. Todo ello sin entrar a valorar las virtudes sociales que provoca la religión como son la menor tasa de rupturas matrimoniales entre las parejas que practican una religión, la mayor participación en las organizaciones y en las escuelas, y la mayor implicación en las elecciones de sus representantes políticos, por ejemplo.
La huella de la religión en el cerebro
La Organización Mundial de la Salut (OMS) ha denominado el siglo XXI como el siglo de las enfermedades mentales. A pesar de que diversos estudios constatan que la religiosidad influye en estos enfermos, es ahora, recientemente, que la psiquiatría empieza a prestar atención a estos procesos que ocurren en el cerebro como consecuencia de altos grados de espiritualidad religiosa.
Es el caso de veinticinco estudiosos de prestigio internacional en el ámbito de la medicina que se reunieron la pasada semana en Ávila para celebrar el I Simposio Internacional de Psiquiatría y Experiencia Religiosa.
Uno de los expertos, el antropólogo Camilo José Cela Conde ha afirmado en declaraciones al diario El Mundo: “Estamos comenzando a entender cómo funciona nuestra mente en aspectos relacionados con lo espiritual como pueda ser la comprensión y el uso del simbolismo, pero aún estamos muy lejos de saber de qué manera maneja nuestro cerebro la atribución de formas concretas de espiritualidad como la de la fe religiosa”.
“Existen estudios empíricos –prosigue el Cela Conde- que indican que la fe reduce el estrés y mejora la calidad de vida de la persona, sobre todo cuando atraviesa momentos difíciles. Estas ventajas son indudables”.
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