Una sentencia que mueve a escándalo, la del ‘caso Morín’

En la medida que la sentencia sobre el ‘caso Morín’ ha podido ser ya leída, es evidente que está moviendo a estupor y a esc&aacut…

Forum Libertas

En la medida que la sentencia sobre el ‘caso Morín’ ha podido ser ya leída, es evidente que está moviendo a estupor y a escándalo por el contenido de la misma. Básicamente porque se trata de una sentencia ideológica donde todos los hechos concretos son contemplados desde una perspectiva e interpretación que parten de un presupuesto absolutamente favorable al aborto en toda condición. Porque este es uno de los resultados prácticos de la misma. A partir de ella, el aborto en España es libre porque como se deduce de sus consideraciones los requisitos que pueda exigir la ley son objeto de tal criterio interpretativo que devienen en nada.

El cariz ideológico se observa en comentarios del todo sorprendentes, como el que dedica al conocido doctor Barambio, que fue citado a declarar por la defensa. Los juzgadores dicen lo siguiente: “en realidad su aportación ha sido más la de perito –al que nadie le ha conferido tal condición, dicho sea de paso- que la de un testigo pues no tenía conocimiento directo de ninguno de los hechos enjuiciados (¿entonces, por qué se admitió como testigo?). Sin embargo, su indiscutible prestigio como especialista en el campo de las Ives (prestigio más bien como defensor ideológico del aborto, no en el terreno específicamente científico) ha servido para ilustrar al Tribunal sobre algunas cuestiones que han de resultar fundamentales para la valoración del resto de la prueba practicada”. Obsérvese como el juzgador asume que los criterios del doctor Barambio son fundamentales para la valoración de las pruebas que han practicado los jueces.

Llegados a este punto ya podríamos cerrar la página porque el resultado no podría ser otro que el que se ha formulado: la absolución total y absoluta de los inculpados. Pero es que hay más consideraciones de este tipo, por ejemplo cuando afirma que si se sustrae a la mujer embarazada “de la decisión final sobre la necesidad de la interrupción del embarazo haciéndola defender de un tercero” (y eso es lo que hace la ley aquí y en todas las partes del mundo, aunque con amplios márgenes como son las 14 semana de libre decisión). Esto el juez lo considera como un elemento que constriñe y que, sumado a poner en duda la profesionalidad de quien emite el dictamen sin una prueba cierta de la falacia, quedaría en papel mojado la decisión del legislador de despenalizar parcialmente el aborto”.

Es sorprendente lo que aquí nos dice el juzgador porque claro que se pone en duda, por esto hubo una juez que abrió el caso a través de una querella, por eso un fiscal lo asumió, por eso la Guardia Civil estableció amplias diligencias cuyos resultados manifestó en el juicio, por eso se abundaron los hechos durante el transcurso del mismo que demostraban las irregularidades que se transformaban en casos sucesivos de abortos ilegales. Pero, claro, cuando elementos fundamentales tienen interpretaciones como la que siguen es prácticamente imposible que se resuelva nada en el sentido de culpa. Concretamente, un hecho fundamental es que diversas testigos en el juicio “niegan haber mantenido una entrevista personal con el psiquiatra”. Todas ellas reconocen, sin embargo, su firma al pie del denominado test Goldberg, si bien algunas niegan haberlo rellenado personalmente.

Es una evidencia que hay mujeres que afirman en el juicio que no se ha cumplido el procedimiento establecido para determinar que existía una grave enfermedad mental que ponía en riesgo la salud y la vida de la madre porque el médico no ha intervenido. En muchos casos, ni tan siquiera ha existido el test. Lo que hacían era simplemente firmar un papel. El juez entonces añade “no hace falta recordar que quien estampa su firma al pie de un documento asume su contenido salvo que se haya producido bajo coacción o engaño. Ninguna de tales circunstancias ha resultado probada en el juicio”. ¿No hay engaño?, ¿qué conoce la mujer de la tramitación? Nada. Ignora que la entrevistara un psiquiatra, ignora debe de realizar un test, claro que hay un engaño si la clínica omite estas prácticas. Esto parece que es una evidencia que se corrobora con el estado de la documentación de muchos casos. Añade el juzgador: “ninguna de tales circunstancias ha resultada probada en el juicio”, lo cual no es exacto, porque ha quedado precisamente en evidencia por las propias declaraciones de las mujeres que no habían visto al juez ni habían realizado el test. Pero aún situándonos en el peor de los escenarios “para las acusadas que no se hubieran llevado a cabo las entrevistas personales y que el test Goldberg se hubiera hecho constar en las respuestas de las mujeres (…) habría que analizar si tales circunstancias implican por si misma la invalidez del dictamen emitido por el psiquiatra”, lo cual significa que aunque no haya acto médico de ningún tipo esto no tiene por qué significar que el dictamen que haya emitido el psiquiatra sin ver a la mujer y sin practicarle el test es inválido. Con razonamientos de este tipo es imposible que pueda demostrarse que se incumple la ley porque, evidentemente, si un médico puede dictaminar sin conocer para nada al presunto enfermo, entonces pensamos que está dicho todo.

Creemos que esta sentencia ha de ser conocida con detalle y analizada porque es un modelo de cómo se enfocan determinados temas por parte de determinados jueces y cómo los hechos pueden ser transformados en otros distintos. El conocimiento público de este documento con detalle ha de ser una tarea que hay que emprender porque es evidente que, en estas condiciones, la justicia que se imparte resulta muy improbable.

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