Una vez más, teníamos razón: la edad de la emancipación sexual

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Sí, una vez más teníamos razón, como la tenemos en otras muchas cuestiones que ahora son negadas por ceguera ideológica a pesar de que los hechos demuestran que están equivocados sus defensores.

En este caso me refiero a la edad para la emancipación sexual, que en España está situada en los trece años. No se trata de un hecho reciente, fue aprobada por unanimidad del Congreso y prácticamente también del Senado en 1995 con la reforma Belloch. Desde entonces, muchas organizaciones, e-Cristians entre otras, y este medio de comunicación, ForumLibertas.com, hemos reiterado el absurdo de situar la edad de la libre decisión para el mantenimiento de relaciones sexuales en tan pocos años de vida. La respuesta que siempre hemos recibido era objetivamente terrible, pero la aducían como una razón. Hoy los adolescentes mantienen relaciones sexuales muy pronto y no podemos establecer una edad que nos obligue a actuar contra ello. En lugar de plantearse el problema de que personas que están todavía en una fase inicial de su formación entren en un terreno tan serio y que exige tanta responsabilidad como el de las relaciones sexuales, lo hacían al revés, se ponían a la cabeza de la manifestación y cuestión resuelta. Es un grave problema político, pero no solo de los que ahora mal llaman “casta política”. Lo es también de los medios de comunicación, que han jugado con este tema entre la intrascendencia y la defensa a ultranza.

Ahora hay periódicos como El Mundo que hacen bandera de modificar la edad, cuando a lo largo de esta quincena larga de años la han asumido y la han defendido. Evidentemente, más vale tarde que nunca, pero esto no implica no recordar que es el mal estado de la opinión pública dada en España por ellos. Pero también la propia sociedad. Ahora, con el reciente caso de la menor asesinada, muchos hombres y mujeres, padres y madres, se rompen las vestiduras y se llenan la cabeza de ceniza diciendo que cómo es posible que se puedan mantener relaciones a tan temprana edad. Se enteran ahora de que su hija o su hijo de trece años pueden mantener relaciones con un adulto de 47 y ellos no pueden hacer nada para impedirlo. Y, si lo intentan, pueden ser denunciados y castigados por la ley. A todas estas personas, todos estos cientos de miles, por no decir millones de ciudadanos, hay que decirles qué han hecho desde 1995 para no enterarse de una cuestión que afectaba a la sociedad, a sus hijos, a ellos, a sus nietos. Es realmente terrible lo que sucede en España.

Hay mucho griterío contra los políticos y la política, mucha crítica, y una ausencia de formación cívica, de sentido de la responsabilidad colectiva, de falta de dedicación para estar mínimamente informado de lo que se hace, bajo la excusa de que todo lo hacen mal. Tenemos los políticos que nos merecemos, todo pueblo lo tiene, y más en democracia. Y esto quiere decir que si son tan malos es que nosotros también lo somos. Esta cuestión, la de la edad de emancipación sexual, guarda relación con la extraordinaria permisividad en este terreno para los adolescentes, con la complacencia de demasiados padres y maestros, con la propagación de enfermedades sexuales en gente muy joven, con la obsesión en definir el preservativo como una bandera que lo resuelve todo y llevarla como única enseña para la educación sexual en las escuelas.

En definitiva, con la dispersión que desorienta e impide cualquier ritual educativo de paso de la adolescencia a la juventud y de la juventud a la edad adulta, en las edades en las que se pueden hacer cosas: una es la edad de emancipación sexual, otra en la que se pueden casar, otra en la que pueden comprar tabaco y bebidas alcohólicas, otra en la que pueden conducir, otra en la que pueden apuntarse voluntarios al Ejército, otra en la que pueden votar, y así sucesivamente en un caos antipedagógico e incomprensible que solo una gente desnortada puede tener como norma legal. Señoras y señores, queridos conciudadanos, hay muchos que conocéis y cumplís con vuestro deber cívico, pero hay demasiados que continúan mirando hacia otro lado. A esos me dirijo, despertad de una puñetera vez, porque los agujeros de esta barca que se llama España son demasiados y demasiado grandes como para continuar practicando la insensatez, la irresponsabilidad cívica durante más tiempo.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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