¿Va a existir una Era Obama?

Los preludios así parecían enunciarlo. Sus extraordinarios discursos, la victoria electoral (aunque en términos de votos populare…

Forum Libertas

Los preludios así parecían enunciarlo. Sus extraordinarios discursos, la victoria electoral (aunque en términos de votos populares no resultara espectacular), los primeros pasos como presidente, ceñidos a discursos y enunciado de intenciones, como no podría ser de otra manera en alguien que justo está empezando, confirmaban esta tendencia: se abría una nueva época, la época Obama. El corolario de la misma como gesto simbólico es bien reciente, la concesión anticipada del premio Nóbel de la paz.

¿Cuál es la realidad? En pocos meses -aun no hace un año que es presidente- el tema ha girado sustancialmente, y ahora Obama no tiene ante sí la duda de si su época formará parte de la historia más brillante de EEUU o simplemente se deslizará por una normalidad positiva, sino que existen serias dudas de que no acabe en un cierto desastre.

De entrada, su pérdida de popularidad es notable. En un país tan amante de las encuestas como EEUU, no es un dato menor el hecho de que ya una mayoría, el 52%, piense que el presidente marcha en dirección equivocada. Naturalmente tiene margen para rectificar, justo está empezando, pero ya es significativo el desgaste producido en tan pocos meses. Además, no puede olvidarse que dentro de un año habrá elecciones en el Congreso y el Senado, y es casi una certeza que la actual abrumadora mayoría demócrata se verá disminuida. Si ahora gobernando los de su partido tiene tantas dificultades en las dos cámaras, dentro de un año todo puede ser más difícil.

Para responder a las expectativas que él mismo ha creado, Obama ha abierto muchísimos grandes melones al mismo tiempo, con el handicap que su atención debía centrarse en la gran crisis económica. Tiene, por consiguiente, poco tiempo para dedicarlo a lo demás. Quizás por eso estén brotando con tanta fuerza las críticas a que se trata de un presidente ‘deliberativo’. Un periodista americano afirmaba que el jefe del ejército, porque esto es también el presidente de los EEUU, ha de mandar ejecutivamente y no deliberativamente. En otras palabras: empieza a cundir una cierta sensación de inseguridad. Medios nada sospechosos de republicanismo escriben que cuando Bush decía una cosa al menos se tenía la certeza absoluta de que la iba a cumplir, y ese es el problema que afecta al núcleo central de la imagen de Obama, un debilitamiento de la confianza en él depositada.

La economía manda señales contradictorias. Por una parte un resultado francamente bueno: el PIB ha crecido en términos positivos este último trimestre. En otras palabras, EEUUha salido de la recesión. Pero, simultáneamente, los datos muestran la cifra de la caída del consumo en el mes de septiembre, al finalizar las ayudas dadas por la administración para la compra de coches. El resultado es que la Bolsa americana se despidió del mes de octubre borrando prácticamente todas las ganancias alcanzadas en los treinta días anteriores. Se sale de la recesión estadísticamente pero las dudas sobre el futuro son más que considerables, con el añadido de que el Gobierno no va a poder inyectar en el futuro próximo nuevas grandes ayudas, porque el déficit ya alcanza el 10% y se ha doblado en un año.

En realidad, EEUU, a efectos políticos, como España, saldrá de la crisis en el momento en que el desempleo disminuya, porque el paro va a ser uno de los grandes retos de los resultados de la política económica del actual gobierno. El presidente tiene grandes proyectos de transformación económica. Uno de la mano del comercio de gases de efecto invernadero, que deben potenciar transformaciones en el sector de la minería, los transportes y la industria manufacturera, y crear nuevas oportunidades. Otro es la gran reforma del sector financiero, a penas sí iniciada. Y, por último, la otra oportunidad o losa en el camino del presidente, depende de cómo se acabe,su proyecto sobre la sanidad que ahora ya se encuentra en la recta final.

Del poder parlamentario seguro que saldrá un texto legal pero hará falta ver como es; si se trata simplemente del parto de los montes, para salvar la papeleta y no caer en la misma frustración de los Clinton, o realmente va a introducir cambios sustanciales. Una piedra de toque porque es la bandera de la izquierda, de los demócratas, cada vez más recelosos con Obama, es la existencia de un ‘Plan Público’, es decir una asistencia pública semejante a la actual Medicare, o no. Este es un tema muy controvertido y hay buenas razones para ello, no solo de coste, sino por su efecto sobre el resto de la sanidad, porque puede producir, dicen sus críticos, un encarecimiento del resto de las prestaciones. Hay que hacer notar que el ‘Plan Público’ no tiene nada que ver con la existencia de una sanidad pública con recursos propios, como acaece en Europa, sino el uso de los servicios privados pero a unos precios inferiores que serán los establecidos por la Administración. Es un tema realmente complejo y cuyas consecuencias tiene múltiples derivadas.

Finalmente, en la política exterior todo está abierto y todo es posible, pero de momento no pinta especialmente bien. Su pulso con Israel sobre los nuevos asentamientos de momento lo ha perdido. Su multilateralismo no consigue implicar de una manera efectiva a sus aliados en Afganistán, y esto le puede conducir a una previsible situación de derrota o a la necesidad de movilizar muchos más efectivos militares. El mejor ejemplo de lo que le pasa es Zapatero; un gran admirador suyo pero que le enviará unos pocos centenares de soldados y además con una escasa capacidad y medios de combate. Determinados gestos y posiciones internacionales tienden a favorecer a las dictaduras, grandes, pequeñas o medianas. Por ejemplo, sus ganas de mantener buenas relaciones con China han conllevado que por primera vez un presidente americano no recibiera al Dalai Lama. Es bajar un escalón y no está nada claro que China, como Rusia con el escudo antimisiles, no interprete en estos gestos como signos de debilidad. Algo parecido puede decirse de Irán, mientras que en Irak ‘la guerra mala’ que estaba más bien encauzada se ha recrudecido de manera extraordinaria. Pero seguramente el nuevo problema más grave de todos es la inestabilidad de la que hace gala Pakistán, un país con potencial atómico y que exige una atención y una política que todavía está por ver.

La pregunta que se formularán los americanos de aquí a pocos meses es si ahora se sienten más seguros y consideran que su futuro económico será mejor. Esta pregunta también deberemos llegar a formularla nosotros. Es decir, si la nueva política americana mantendrá a Europa en buenas condiciones de seguridad o nos dejará más a la intemperie, y si su política económica necesariamente basada en un dólar depreciado ante el euro y el riesgo de tentaciones proteccionistas no va a hacer mucho más difícil nuestra recuperación. ¿Acabará pasando factura la nula experiencia Ejecutiva lustrada solo de una corta permanencia en el Senado? Porque quizas a la hora de la verdad esto también importa.

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