¿Vale menos un cristiano que otro ser humano?

Vista la realidad reiterada, la pregunta -en si misma escandalosa- debe ser formulada: ¿vale menos un cristiano que otro ser humano, que un hom…

Vista la realidad reiterada, la pregunta -en si misma escandalosa- debe ser formulada: ¿vale menos un cristiano que otro ser humano, que un homosexual, pongamos por caso?

El motivo de formularla es un atroz asesinato, uno más, cometido contra un joven matrimonio cristiano en Pakistán al amparo de la llamada “ley contra la blasfemia”, una norma legal que ampara y fomenta el genocidio. En este caso, los asesinados fueron un matrimonio de la localidad de Kot Radha Kishan en la provincia del Punjab. Ambos fueron linchados por una turba, los mataron a golpes y los remataron, quizás aún vivos, en el horno de alfarería en el que trabajaba el marido. El motivo, una acusación por blasfemia realizada por el clérigo del lugar a través de los altavoces de la mezquita. La razón real, una disputa salarial del marido con su jefe. Este, como venganza, se dedicó a propagar que Shehzad Masih había quemado unas páginas del Corán.

La cadena de hechos que termina de una forma tan terrible no es nueva, hay muchos asesinatos de cristianos en esta historia sobre la “blasfemia”. Ellos, verdaderos parias en el mundo musulmán, son objeto de venganzas a base de denunciarlos por blasfemia. Y basta con la acusación, no hay presunción de inocencia. La denuncia, en el mejor de los casos, puede terminar en un duro encarcelamiento y una condena que puede ser de muerte; en el peor, el asesinato a manos de la multitud. La inoperancia sistemática del Gobierno pakistaní de turno es simplemente la actitud de un cómplice, la del colaborador necesario.

Ante esta práctica sistemática, la actitud de los organismos internacionales y los gobiernos occidentales es escalofriante por su indiferencia. Es evidente que la ley contra la blasfemia vulnera la convención de Derechos Humanos y permite el genocidio, pero Naciones Unidas siempre ha mirado a otro lado. Su Comisión sobre Derechos Humanos “no sabe ni contesta”. Contrasta esta inacción, y de ahí la pregunta del principio, con la prontitud con que el Secretario General de la ONU, el coreano Ban Ki-moon, y el presidente Barak Obama, reaccionan e intervienen cuando en algún país se producen normas y actividades contrarias a los grupos homosexuales. No estamos censurando la defensa de sus derechos como personas, estamos denunciando que ante hechos mucho más graves, linchamientos, asesinatos, persecuciones, encarcelamientos sistemáticos, basados en una ley brutal, la de matar al presunto blasfemo, asesinar a la criatura, para salvar el respeto al creador, y su uso además espurio, no se diga nada. La Unión Europea se la tiene jurada a Putin porque no permite determinadas manifestaciones homosexuales, ¿no es mucho más grave y sangriento lo que sucede en Pakistán?

Pero, aún nos dueles más la indiferencia de muchos cristianos ante tanto sufrimiento. ¿Cómo podemos ser creíbles en misericordia si somos incapaces de defender al hermano? ¿Qué extraña forma de vivir la fe es esta? ¿Por qué nuestras iglesias no arden en misericordia y solidaridad cada domingo, por qué tantos curas y obispos callan o se ha referido en alguna ocasión, cumpliendo con una especie de expediente burocrático en el que no importa el resultado? ¿Por qué todavía no hemos sido convocados a masivas oraciones para cambiar tal estado de cosas?

En este contexto, hemos de decir que nos parece excesivamente liviana, carente de intensidad y visibilidad, la respuesta de la Santa Sede. Su presencia en la ONU debería servir también para este tipo de cuestiones, las nunciaturas en Bruselas y en los estados miembros deberían intentar que la Comisión y el Parlamento Europeo, así como las cancillerías estatales actúen. La ley de la Blasfemia del Pakistán debe ser derogada, los crímenes cometidos juzgados con garantías y los cristianos protegidos por el Estado. Hasta que esto no suceda la voz y la oración de la Iglesia debe hacerse visible y presente en el mundo. De lo contrario, estaremos abandonando, ya lo hacemos, a nuestros hermanos más débiles y pobres.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>