Valor social de los centros de culto

Las confesiones religiosas pueden ser consideradas como generadoras de capital social religioso o capital de fe. Lo son porque el primer valor social …

Las confesiones religiosas pueden ser consideradas como generadoras de capital social religioso o capital de fe. Lo son porque el primer valor social de los centros de culto es que permiten el ejercicio de una libertad fundamental de los ciudadanos: la libertad religiosa, considerada por algunos como expresión de la libertad de creencia, la primera de todas las libertades. El derecho a construir centros de culto es un corolario directo del ejercicio de la libertad religiosa. La práctica de esta libertad fundamental conlleva poder practicar la religión en un espacio dedicado a celebrar los cultos de cada religión. La Constitución de 1978 salvaguarda este derecho reconocido en su artículo 16 y desarrollado ampliamente en la Ley orgánica de libertad religiosa 7/1980. La Corte Europea de los derechos del hombre vela para que las religiones no tengan impedimentos para el uso de recursos para prestar los servicios religiosos que necesitan sus feligreses.

Hay otro valor social de los centros de culto más vinculado a su capacidad de generar capital social. Hay un acuerdo compartido por la mayoría de autoridades locales y expertas en sociología de las religiones de que los centros de culto contribuyen a reforzar los lazos sociales allí donde se encuentran. Los expertos comentan que las religiones ayudan a construir y aportan un capital social valioso. El concepto de capital social expresa el conjunto de relaciones que vinculan y conectan las personas. Se considera que el capital social es importante para consolidar la democracia comunitaria, la participación política y el bienestar social.

Hay otros aspectos relacionados con la situación de los centros de culto y su utilidad social. Uno de ellos es la posible influencia de su ubicación a la hora de elegir el lugar de residencia. Este factor puede ser muy relevante en el caso de personas muy religiosas o de minorías religiosas muy practicantes. El tema de los centros de culto se ha convertido en una preocupación nuclear en las políticas locales, no sólo por lo que puede representar para la integración de las minorías religiosas, sino por la contribución que los centros de culto pueden hacer por arraigo de unas comunidades al territorio, al margen de cuales sean sus creencias.

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