Valores y deporte: el ciclista que se dejó ganar

Hay gestas y gestos: acomodó su velocidad al paso entre jadeos de un Esteban que luchaba contra la adversidad para que pudiera ganarle, ¿por qué?

XV Gran Premio Santa Barbara ciclocross La meta del XV Gran Premio Santa Barbara con Ismael Esteban en pleno fair play

(El Diario Montañés/ForumLibertas).- Los presentes se debatían entre la extrañeza y las ganas de aplaudir. Hicieron las dos cosas. No daban crédito, quizás porque lo que es poco habitual rompe los esquemas. La imagen pasará al recuerdo. Agustín Navarro (Ciudad de Oviedo) acompañó en la última recta de meta en el XV Gran Premio Santa Barbara de ciclocross, disputado en Puente Viesgo, a Ismael Esteban (Maestre Bikes). Juntos hicieron los cerca de 300 metros que tenía el último tramo. Hasta ahí puede parecer normal. Sin embargo, la diferencia está en que el asturiano iba sobre su bicicleta y, en cambio, el cántabro mal corría a pie con su montura al hombro. Navarro prefirió no superarle. “No era justo”, señaló. Esteban sufrió innumerables contratiempos durante la carrera y en la última vuelta le sobrevino una última avería que terminó por romperle la bicicleta. Incapaz de seguir sobre ella decidió acabar la carrera y luchar por mantener su tercera posición de la única manera que podía: corriendo.

Fue todo un calvario. Cojeando, tropiezo tras tropiezo, monte arriba y monte abajo, el cántabro se plantó en la recta de meta, cerca de un kilómetro de huida hacia delante. Fue en ese momento cuando le dio caza Navarro. El asturiano pudo perfectamente rebasarle y subirse al podio en la prestigiosa carrera de Puente Viesgo. No lo hizo. Hay gestas y gestos.

“Lo más importante es que lo vieron los niños”

Navarro frenó ante la expectación del público que se agolpaba en las cunetas. Acomodó su velocidad al paso entre jadeos de un Esteban que luchaba contra la adversidad. Las calas de sus zapatillas golpeaban contra el duro asfalto, mientras los apenas siete kilos de su bicicleta se le clavaban en su lomo. Los corredores de ciclocross están preparados para todo. No se amilanan por nada. No obstante, siempre hay días en los que el destino golpea duro. Aún así, Navarro lo tenía claro. No iba a superar a alguien que “había sido superior en todo momento”. Se agarró a la parte superior de su manillar y fue el primero en animar a su improvisado amigo. “¡Venga, vamos, venga dale!”. Los aficionados coreaban sus nombres y aplaudían. “¡Tira tú, hombre, tira tú!”, le contestaba Esteban al asturiano. El diálogo entre los dos ciclistas fue escuchado por todos y sus palabras sirvieron para hacer aún más grande el apoyo del público. Trescientos metros. Eternos. El pacto entre caballeros firmado entre el barro podía desvanecerse ante la llegada del quinto clasificado en la carrera.

El quinto acechaba

Joseba León (Bikezona), ajeno a todo lo que estaba ocurriendo sobre la misma línea de meta se acercaba peligrosamente. “Vamos, que llega el quinto. Venga, vamos”, le insistía Navarro a Esteban, que más no podía hacer. Finalmente, el cántabro cruzó la línea de meta a zancadas, tercero; Navarro sobre su bicicleta, cuarto; y León, extrañado, quinto a 30 segundos. Es probable que este último también hubiese frenado. Casi seguro. Los ciclistas de verdad conocen el lenguaje del ciclismo.

Esteban había liderado la prueba. Sufrió un pinchazo y le superó Kevin Suárez (Bicicletas Meta), a la postre ganador. Más tarde, una nueva avería le obligó a detenerse. En ese momento le superó Óscar Pujol (MMR Bikes), segundo. Y para colmo, la tercera de las averías acabó con él a la carrera con la bicicleta al hombro. Esta vez y ante la superioridad manifiesta de su oponente, Navarro prefirió dar una lección de esas que no se olvidan.

El cántabro quiso darle el premio que recibió en el podio al bajarse de él. El asturiano, como era de esperar, no lo aceptó. Aún suenan los aplausos en Puente Viesgo.

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One comment

  1. 1

    Impresionante. Lección de vida. Al fin y al cabo, por qué luchamos, qué anhelamos sino algo que está más allá del bocata de cada mañana…

    “Sr Churchill, tal vez tendríamos que recortar el presupuesto de las Artes para los inmensos gastos de la guerra”,

    le comentó un alto funcionario a Sr Winston durante el bombardeo en Londres.

    Tras una caladita a su cigarro puro, se le acercó un poco más para que le oyera bien, y le transmitió su negativa, diciendole Sir Winston al fiel funcionario¨:

    “Dígame una cosa, entonces, ¿para qué estamos luchando?”.

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