Vamos a más

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¡Tías!: ¡qué grandes sois! Habéis conseguido salir en casi todos los medios de comunicación españoles, y en algunos extranjeros, porque se os ocurrió el pasado día 10 de marzo entrar en la capilla de la Universidad Complutense y quedaros con las “domingas” al aire en el recinto sacro. Supongo que sólo las mejor dotadas hicisteis este singular alarde, pero fuisteis víctimas del machismo irredento de vuestros condiscípulos que os acompañaban en tan memorable hazaña, ya que ellos no se desprendieron de los calzones, por si una foto periodística inoportuna daba muestra de la nimiedad de sus atributos, pues los vuestros son perennes y los de ellos versátiles como la luna.

De nuevo, vosotras, heroínas, mientras ellos se agazapaban tras vuestras voluptuosas formas. Yo que ustedes, aguerridas alumnas, no hubiera consentido en el destete general si allí no se producía un despelote universal. La igualdad es la igualdad. ¡Ya veis! Nos habéis brindado un ejemplo inmarcesible de valentía, pues violando el espacio sagrado para muchos de una capilla católica nos enseñáis a cumplir con las obligaciones constitucionales de respeto a las libertades ideológica, de conciencia y religiosa. ¡Para eso sois universitarias y os sabéis la Constitución de memoria! Los hijos que alumbraréis van a tener en vosotras magníficas escuelas de ciudadanía.

Pero, puestas como estáis en esta dinámica de liberación general del yugo religioso, no considero oportuno que os conforméis con esta proeza, sino que os animo a repetir tan notable aventura el próximo viernes, día santificado de la oración musulmana, en la mezquita de la M-30, si seguís en Madrid, o en la nuestra de Valencia, si es que estáis tostando vuestras transparentes protuberancias en este magnífico Mediterráneo, que ya es pura primavera. ¿Os imagináis? ¡Qué recepción tan sorprendida y entusiasta encontraríais llegando al “haram”, tras las abluciones preceptivas! El imán en la puerta, y decenas de los presentes os saldrían al encuentro para celebrar vuestra inusual propuesta. Allí sí que no os denunciarían, como han hecho en Madrid, ni la policía tendría que andar oficiando atestado alguno por vuestro comportamiento. Sino que todo sería más rápido y expeditivo.

En el fondo, pensáis con razón: ¡qué aburrida resulta la permisividad cristiana que se ha extendido en nuestro país! Ni un elemento de respuesta agresiva, visceral o violenta, que os hubiera permitido ir corriendo a la comisaría a poner de manifiesto la vesania de estos creyentes intransigentes. ¡Qué abulia! Nada de nada. Así es que os tuvisteis que colocar de nuevo el “wonderbra” y emigrar hacia otra zona ciudadana donde vuestros encantos fueran, siquiera, evaluados. Por eso os sugiero lo de la mezquita. Porque allí tendréis éxito seguro y no os angustiaréis con futuras propuestas, por imaginativas que sean. En definitiva, en la capilla de Somosaguas, quien habita el sagrario estaba tranquilo: ¡bien os conoce y perdona!

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