Varios delegados del congreso de Convergència fueron presionados para no presentar enmiendas pro familia

El 13º Congreso de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), celebrado entre el viernes 9 y el domingo 11 de julio, sigue ofreciendo aspectos digno…

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El 13º Congreso de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), celebrado entre el viernes 9 y el domingo 11 de julio, sigue ofreciendo aspectos dignos de comentar. Uno muy importante es el debate que se produjo sobre la ponencia general que se aprobó. Durante todo el proceso de discusión, varios delegados fueron presionados durante horas para que no presentasen unas enmiendas que tenían preparadas a favor de la familia y contra los matrimonios homosexuales. Para ello, utilizaron como argumentos que el secretario general, Artur Mas, se había manifestado pocas horas antes en sentido contrario, que los diputados de CDC en el Congreso de los Diputados (a diferencia de los de Unió) votaron el 29 de junio en bloque a favor de la proposición no de ley sobre el mismo tema y que “era necesario dar una imagen de unidad de cara al exterior”. Al final, tras las presiones políticas, las enmiendas no se presentaron y, evidentemente, no se votaron. Por tanto, el texto acabó incluyendo una defensa de los matrimonios homosexuales, un planteamiento que incluye automáticamente la adopción.

Los congresistas pactaron cambiar el título de la ponencia general, que inicialmente iba a ser Nueva familia democrática, quitando los términos “nueva” y “democrática”. Sin embargo, no se modificó la parte del documento que es favorable a los matrimonios homosexuales. Todo este hecho pone seriamente en duda la democracia interna de los congresos, que deberían ser un instrumento para fomentar el debate y no un foro para presionar con el objetivo de imponer determinados planteamientos que luego se esconden en apoyos casi unánimes. Convergència, al impedir a un grupo de delegados cristianos defender unas propuestas coherentes con la Doctrina Social de la Iglesia, deja de ser una fuerza política con voluntad de integrar a personas de convicciones religiosas. Por tanto, el partido deja de ser una organización donde esos cristianos son reconocidos.

Por otro lado, llama la atención que la ponencia general de este congreso no dedique ni una sola palabra a la enseñanza, un tema que está muy vivo. Las manifestaciones promovidas en junio por padres de alumnos defensores del derecho a elegir centro son una buena muestra de ello: En Barcelona se concentraron al menos 3.000 personas delante el Departamento de Enseñanza y, unos días después en Lleida, se congregaron unas 700. Para el último congreso de CDC, este tema no parece muy interesante.

Las diferencias con Unió Democràtica

Unió Democràtica de Catalunya (UDC), socio de Convergència en la federación de CiU, ya ha expresado sus discrepancias sobre algunos temas. La valoración más reciente la realizó este mismo lunes el propio líder democristiano, Josep Antoni Duran Lleida, quien recordó que Unió es partidaria del “sí” al Tratado Constitucional europeo, a diferencia de lo que planteó Convergència el pasado fin de semana a través de una enmienda que prosperó a favor del “no”. Este hecho, que queda en el aire a la espera del congreso extraordinario de CDC, se une a la cuestión de los matrimonios homosexuales.

Si Unió está a favor de la familia y contra el matrimonio homosexual y es partidaria del voto favorable a la Constitución europea, dos cuestiones de gran importancia en las que Convergència defiende lo contrario, ¿qué votarán en el futuro los ciudadanos que depositen la papeleta de CIU en la urna?

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