Vaticano semanal: “Contra toda tentación de eutanasia y por el derecho a una muerte digna”

“Es necesario un compromiso a todos los niveles para favorecer y sostener centros y unidades de cuidados paliativos que, fuera de las lóg…

“Es necesario un compromiso a todos los niveles para favorecer y sostener centros y unidades de cuidados paliativos que, fuera de las lógicas del encarnizamiento terapéutico y contra toda tentación de eutanasia, garanticen una asistencia integral al enfermo y su derecho a una muerte natural digna”, advierte el Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud.

Así lo concluye un informe presentado en la capital surcoreana, Seúl, que ha acogido este año los actos de la reciente XV Jornada Mundial del Enfermo, en esta edición en torno a La Asistencia Pastoral y Espiritual a los Enfermos con Patologías Incurables.

Según publica la agencia ZENIT, el estudio permite conocer los contextos en los que las realidades sanitarias católicas deben trabajar, los problemas con los que se enfrentan y el empeño diario que vuelcan, de forma integral, en las personas.

El cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del dicasterio, aseguró que “el derecho a la vida se precisa en el enfermo terminal como derecho a morir con serenidad, con dignidad humana y cristiana”.

“Con los cuidados paliativos, la medicina se pone al servicio de la vida en cuanto que, si bien se sabe que no puede derrotar una grave patología, dedica las propias capacidades a aliviar los sufrimientos del enfermo terminal”, añadió.

Víctimas del relativismo ético

Al mismo tiempo, Benedicto XVI aseguró este lunes, 12 de febrero, que sin el respeto de la ley natural, la vida, la familia y la sociedad se convierten en víctimas del relativismo ético.

Fue el mensaje que dejó al recibir en audiencia a unos 200 participantes en el congreso internacional sobre el derecho natural, convocado por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma.

“Vemos todos las grandes ventajas de este progreso, pero vemos cada vez más también las amenazas de destrucción del don de la naturaleza”, dijo el Papa.

«Y se da otro peligro, menos visible, pero no menos inquietante -añadió-: el método, que nos permite conocer cada vez más las estructuras racionales de la materia, nos hace cada vez más incapaces de ver la fuente de esta racionalidad, la Razón creadora”.

En este discernimiento, el Papa destacó en particular “el principio del respeto por la vida humana, desde su concepción hasta su ocaso natural, pues este bien de la vida no es propiedad del hombre, sino don gratuito de Dios”.

La verdad en la vida pública

Por otra parte, Benedicto XVI considera que en tiempos de subjetivismo es más necesaria que nunca en la vida pública la valentía de decir y seguir la verdad.

Así lo constató el pasado 10 de febrero al recibir en audiencia a los miembros de una delegación de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de Francia, en la que el cardenal Joseph Ratzinger fue elegido miembro asociado extranjero el 13 de enero de 1992.

Refiriéndose al contexto cultural actual, caracterizado por el subjetivismo, “que hace que cada quien tienda a tomarse como única referencia y a considerar que lo que él piensa tiene el carácter de la verdad”, el Pontífice pidió “formar las conciencias en los valores fundamentales, que cuando no se respetan ponen en peligro al hombre y a la misma sociedad”.

El Papa recordó que “es necesario, tanto en la vida personal como pública, tener la valentía de decir la verdad y seguirla, de ser libre con respecto al ambiente, que con frecuencia tiende a imponer puntos de vista y comportamientos”.

“Es necesario que el hombre no se deje atar por cadenas exteriores, como el relativismo, la búsqueda del poder y del lucro a todo precio, la droga, las relaciones afectivas desordenadas, la confusión a nivel del matrimonio, la falta de reconocimiento del ser humano en todas las etapas de su existencia, desde su concepción hasta su fin natural”, concluyó.

Vacunas para los más pobres

Benedicto XVI también se refirió en estos días a los más desfavorecidos. “Con entusiasmo”, el Papa mostró el pasado 9 de febrero su apoyo incondicional a un proyecto que busca desarrollar vacunas y ponerlas al alcance de los países más pobres.

Ante los ministros de Economía de Italia, Gran Bretaña, Canadá y Rusia, y ante otras personalidades internacionales,.el Santo Padre dio su apoyo al proyecto Advance Market Commitment, que le fue presentado por la Reina Raina de Jordania y por el presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz.

“Esta “digna iniciativa busca resolver los desafíos más apremiantes de la salud preventiva, que en particular afecta a naciones que a menudo padecen pobreza y serias necesidades”, explico el Papa.

“Además, tiene el mérito de aunar a instituciones públicas y sectores privados en un esfuerzo común por encontrar el medio más eficaz de intervención en esta área”, recalcó.

“Estas vacunas son urgentemente necesarias para prevenir que millones de seres humanos, incluyendo innumerables niños, mueran cada año a causa de enfermedades contagiosas, especialmente en aquellas áreas de nuestro mundo a mayor riesgo”, añadió.

Por un trabajo digno

El pasado 8 de febrero, eL Vaticano expuso en la ONU seis desafíos para garantizar el trabajo digno. El trabajo es la clave de toda la cuestión social, explicó la Santa Sede ante las Naciones Unidas, y es la condición “no sólo del desarrollo social, sino también del desarrollo cultural y moral”.

Así lo expresó el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente ante la ONU, al intervenir ante la Sesión de la Comisión para el Desarrollo Social del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, sobre el “tema prioritario”: “promover el pleno empleo y un trabajo decente para todos”.

En primer lugar, destacó la creación de un equilibrio entre desarrollo económico y justicia social. “El respeto total de los principios y de los deberes contenidos en la declaración de la Organización Internacional del Trabajo, de 1998, sigue siendo una piedra angular para crear este equilibrio”.

El segundo desafío que se presentó para un trabajo digno, según monseñor Migliore, es la igualdad entre el hombre y la mujer.

“Las mujeres siguen siendo todavía demasiado descuidadas o minusvaloradas” en el mundo del trabajo, en el que el principio del “mismo salario para un mismo trabajo” debería ser evidente.

El tercer desafío consiste en ayudar a los padres y madres de familia, si es necesario jurídicamente, “para ofrecer su contribución única e irremplazable a la educación de los hijos” para beneficio de toda la sociedad.

“Es también importante que los hombres y las mujeres que tienen una familia reciban salarios apropiados y justos, suficientes par permitirles responder a las necesidades ordinarias de sus familias, en especial, a sus responsabilidades hacia sus hijos”, afirmó.

El cuarto desafío laboral está caracterizado por ambientes de pobreza extrema. “Ningún gobierno, incluso con medios modestos, debería tolerar la pobreza extrema en el mundo de hoy”, advirtió el prelado.

“El mundo es demasiado rico para dejar que continúe el escándalo de la pobreza extrema a causa de la falta de imaginación o de políticas negligentes”.

Al afrontar el quinto desafío, la situación de las personas ancianas en un mundo en el que aumenta su número y proporción, el arzobispo Migliore exhortó a los gobiernos a “alentar a las personas mayores a permanecer en el mercado del trabajo”.

“Debería darse una mayor flexibilidad en los sistemas de jubilación y en el mercado del trabajo para alentar a las personas mayores” a trabajar “mientras lo deseen y puedan”, dijo.

Monseñor Migliore precisó asimismo que los jóvenes deberían aprender a “apreciar, colaborar y respetar los talentos y la experiencia que sólo pueden aportar las personas mayores a su trabajo”.

El último desafío es la condición de los inmigrantes, que “merecen un mismo salario y una misma protección jurídica”.

En particular, alentó la reunión de sus familias, pues “con demasiada frecuencia la ausencia de una vida familiar normal lleva a males como el tráfico humano y la prostitución, al margen de comunidades de emigrantes”.

“Permitir a las familias vivir juntas en el país de acogida minaría el mercado de esta esclavitud moderna”, concluyó.

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