Vaticano semanal: El infierno es cerrarse al amor de Dios; Europa apostata de sí misma

El Infierno consiste en cerrarse al amor de Dios, constató Benedicto XVI el pasado domingo, 25 de marzo, en su visita a una parroquia de la diócesis d…

El Infierno consiste en cerrarse al amor de Dios, constató Benedicto XVI el pasado domingo, 25 de marzo, en su visita a una parroquia de la diócesis de Roma. Justo 24 horas antes, el Papa hizo una alusión a las raíces cristianas de Europa coincidiendo con la celebración de los cincuenta años del Tratado de Roma, origen de la actual Unión Europea.

 

Si se niega la existencia de valores universales, denunció el Pontífice, Europa apostata de sí misma. “Esta singular forma de ‘apostasía’ de sí misma, antes aún que de Dios, ¿no le lleva quizás a dudar de su misma identidad?”, se preguntó.

 

En los últimos días, tal como informa la agencia ZENIT, Benedicto XVI se refirió también al respeto por la vida en todas sus fases que merece la persona por parte de todo el personal sanitario. “Los agentes sanitarios, con el buen cumplimiento de su trabajo, llevan precisamente a las personas el testimonio del amor de Dios”, dijo el pasado 22 de marzo.

 

El Infierno existe

 

En su visita a la parroquia de Santa Felicidad e Hijos Mártires, en el barrio Fidene, del sector norte de la diócesis de la ciudad eterna, Benedicto XVI se dirigió a los fieles con las siguientes palabras: “Jesús vino para decirnos que nos quiere a todos en el Paraíso y que el Infierno, del que se habla poco en nuestro tiempo, existe y es eterno para quienes se cierran el corazón a su amor”.

 

“Si es verdad que Dios es justicia, no hay que olvidar que es sobre todo amor: si odia el pecado es porque ama infinitamente a toda persona humana»” aclaró.

 

Dios “nos ama a cada uno de nosotros y su fidelidad es tan profunda que no nos deja desalentarnos, ni siquiera por nuestro rechazo”, siguió explicando en la homilía de la misa que presidió junto a la comunidad parroquial.

 

El cristianismo, identidad europea

 

Un día antes, al mismo tiempo que se iniciaban las celebraciones para conmemoran el cincuentenario del nacimiento de la UE, al recibir en audiencia a los participantes en el Congreso convocado con motivo de ese aniversario por la Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea (COMECE) en Roma, el Papa lanzó una advertencia a la UE.

 

“¿No es motivo de sorpresa el que la Europa de hoy, mientras quiere presentarse como una comunidad de valores, conteste cada vez más el hecho de que haya valores universales y absolutos?”, se preguntó el Papa.

 

Para el Papa Europa es “una identidad histórica, cultural y moral, antes que geográfica, económica o política; una identidad constituida por un conjunto de valores universales, que el cristianismo ha contribuido a forjar, desempeñando de este modo un papel no sólo histórico, sino de fundamento”.

 

“Estos valores, que constituyen el alma del continente, tienen que permanecer en la Europa del tercer milenio como ‘fermento’ de civilización”, constató.

 

“Si desfallecieran -siguió preguntándose-, ¿cómo podría el ‘viejo’ continente seguir desempeñando la función de ‘levadura’ para todo el mundo?”.

 

“Si, con motivo del quincuagésimo aniversario de los Tratados de Roma, los gobiernos de la Unión desean ‘acercarse’ a sus ciudadanos, ¿cómo podrían excluir un elemento esencial de la identidad europea, como es el cristianismo, en el que una amplia mayoría de ellos sigue identificándose?”, insistió.

 

En referencia al pragmatismo que caracteriza actualmente a la UE, el Papa advirtió de que “Cuando en este pragmatismo se introducen tendencias laicistas o relativistas, se acaba por negar a los cristianos el derecho mismo a intervenir como cristianos en el debate público”.

 

Irlanda, con el Papa

 

A la reivindicación de las raíces cristianas europeas se sumó el pasado viernes la presidenta de Irlanda, Mary McAleese, quien fue recibida en audiencia por el Pontífice.

 

Después del encuentro con el Santo Padre, la presidenta irlandesa fue recibida también por el secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone, que constató que el encuentro sirvió para subrayar los orígenes cristianos del viejo continente.

 

“Se ha hablado de los temas más generales de la construcción de Europa y de sus raíces cristianas, así como del desarrollo del proceso de paz en Irlanda del Norte”, explicó un comunicado emitido posteriormente por la Oficina de Información de la Santa Sede.

 

“Durante los coloquios, que se han desarrollado en un clima de gran cordialidad -añade la nota-, se han afrontado los problemas sobre la situación de la Iglesia en Irlanda y se ha profundizado en particular en el inicio positivo del ‘Diálogo Estructurado’ entre el Estado y las Iglesias, según el espíritu del nuevo Tratado Constitucional Europeo, como vía prometedora para una contribución positiva de las Iglesias en la vida de la sociedad”.

 

Por último, el Papa y sus colaboradores manifestaron aprecio “por el compromiso irlandés en la ayuda desinteresada al desarrollo de los países más pobres de África, a través del White Paper on Aid”.

 

Respeto por la vida

 

Por otra parte, Benedicto XVI incidió el pasado jueves en que de su respeto y amor por la vida depende la credibilidad de médicos, enfermeros, y todas las personas dedicadas al mundo de la salud.

 

“La estima y la confianza del personal sanitario son proporcionales a la certeza de que estos defensores por profesión de la vida no despreciarán jamás una existencia humana, aunque sea minusválida, y sabrán alentar siempre todo intento de curación”, afirmó.

 

El Papa llegó a esta conclusión al recibir en audiencia a los participantes en la sesión plenaria del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud. Según el pontífice, el compromiso por ofrecer tratamientos debe extenderse “a todos los seres humanos, con el objetivo de cubrir toda su existencia”.

 

Recordó que “el concepto moderno de atención sanitaria es, de hecho, la promoción humana: va desde el cuidado del enfermo a los tratamientos preventivos, incluyendo la búsqueda del mayor desarrollo humano, favoreciendo un adecuado ambiente familiar y social”.

 

“Esta perspectiva ética, basada en la dignidad de la persona y en sus derechos y deberes fundamentales ligados a ella, se confirma y potencia con el mandamiento del amor, centro del mensaje cristiano”, aseguró.

 

Caricia de Dios

 

El Papa destacó que los agentes sanitarios cristianos deben convertirse en una caricia de Dios para sus hermanos enfermos.

 

“La salud del ser humano, de todo el ser humano, fue el signo que Cristo eligió para manifestar la cercanía de Dios, su amor misericordioso que cura el espíritu, el alma y el cuerpo”, dijo.

 

Por eso, dijo, todas las iniciativas de los cristianos en el mundo del dolor y la enfermedad deben tener un punto de referencia: “el seguimiento de Cristo, a quien los Evangelios nos presentan como ‘médico divino’.

 

“La pastoral de la salud es un ámbito evangélico por excelencia que recuerda la obra de Jesús, buen samaritano de la humanidad”, concluyó.

 

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