Verdad y engaño

La persona optimista, la que cree que la vida es bonita, que vale la pena vivirla… surge de un entorno de buenas relaciones, un entorno de confianza…

La persona optimista, la que cree que la vida es bonita, que vale la pena vivirla… surge de un entorno de buenas relaciones, un entorno de confianza, de unas relaciones recíprocas firmes y sólidas… un marco así, permite reafirmar la alegría de vivir, y aunque se presente la adversidad, ésta se afronta de manera serena y sin dramatizar la situación.

Pero a pesar de los esfuerzos por generar relaciones positivas, la sociedad en su conjunto no lo pone fácil, porque abundan unos antivalores que nos proponen todo lo contrario. El engaño, la desconfianza, la banalidad, la desvinculación, ganar aunque sea perjudicando a terceros, etc. Esto se quiera o no, contamina a las personas que lo sufren, y acaban contagiándose de estas malas prácticas. Una mirada general, nos permite hacer una larga lista de mentiras tanto públicas como privadas, que constituyen una auténtica cultura del engaño. Propagandas políticas electorales reiteradamente incumplidas, informaciones sobredimensionadas para favorecer determinados intereses, tratos de favor en la adjudicación de obras, dobles contabilidades, dinero negro, paraísos fiscales…ahora hasta la alta tecnología facilita copiar en los exámenes sin ningún riesgo. Y en las altas esferas de la responsabilidad política, donde las decisiones afectan a millones de personas, también la mentira campa a sus anchas. Leyendo las memorias de Scott Mac Lelan, cabeza de prensa del presidente Bush, afirma claramente que éste sabía de sobras que Irak no tenía armas de destrucción masiva, y en cambio con este pretexto atacó Irak, cuando en realidad se buscaban intereses económicos. ¿Cómo hemos llegado a una ética tan degradada? Una de las causas, es sin duda la codicia. Todo vale con tal de ganar dinero. En la antigua Grecia, el gran Sócrates, suelta una frase, que no se por dónde cogerla. Dice: " Es peor sufrir la injusticia, que cometerla". Caramba con Sócrates. En esta afirmación dibuja el perfil de Occidente. Solo aquel que entienda firmemente que es peor cometer la injusticia, que sufrirla, entenderá que el engaño, nunca es justificable. La cultura del engaño está en las antípodas de la cultura que dimana del Evangelio, basada en la verdad, en la justicia, en el amor, en la paz. Las semillas de estos valores, están misteriosamente esparcidas por muchísimos lugares. Leo en un libro de culturas ancestrales, que una tribu de la Micronesia, los "Arapesh", que viven de una forma muy primitiva, pero han generado entre ellos una auténtica cultura de la solidaridad, del amor, de la ternura, del buen humor, los antropólogos constatan que siempre ríen, y que por este motivo la población está sana física y psicológicamente. La población occidental, cargada de ambiciones, y las consabidas depresiones, debería aprender la lección de los "Arapesh".

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