Victoria popular, hundimiento del socialismo zapaterista

Precisamente ahora, cuando alguna mecha del zapaterismo ha prendido en países de América Latina, como en el caso de Argentina, se consta…

Forum Libertas

Precisamente ahora, cuando alguna mecha del zapaterismo ha prendido en países de América Latina, como en el caso de Argentina, se constata de una forma evidente no tan sólo su corto recorrido sino su capacidad para destrozar a un país y hundir al propio partido. Empezar con una afirmación negativa, como ocurre con este editorial no resulta recomendable, pero en este caso es una necesidad objetiva porque el hecho es que el Partido Popular ha ganado de una forma abrumadora, impresionante, pero al mismo tiempo hay que recordar que el número de personas que le han votado sólo es en cien mil superior al de elecciones anteriores. Es decir, el brillo del PP, evidentemente por méritos propios, refulge como consecuencia de la brutal implosión del socialismo generada por Zapatero.

Esta autodestrucción ha tenido dos fases. La más evidente, aquella en la que todos centran su atención, también porque es la que ha acarreado una mayor hemorragia de votos, es la que sucede a partir de mayo del 2010, cuando a Zapatero, obligado por el directorio europeo, no le queda otro remedio que hacer una política totalmente contraria a lo que había venido predicando desde el principio de la crisis. Llevaba dos años repitiendo un mantra inviable por decisión propia, que tuvo que cambiar de la noche al día por decisión de otros. El resultado, un desastre.

Pero, antes de esto, sucedió un movimiento tectónico importante aunque más suave, el del votante no ideológico. Este sector, poco estudiado hasta hace relativamente escaso tiempo, tiene una característica muy peculiar: vota mayoritariamente al partido del Gobierno. Esta es la ventaja para quien gobierna, ya que si no ocurre nada extraordinario, como le sucedió al PP en 1988 con los atentados terroristas, le es más fácil repetir que no a la oposición ganar. Esta es la característica del voto no ideológico, que se inclina por seguir apoyando al Gobierno, ha sido así desde las primeras elecciones y solo falló con la gran fractura de UCD, que dio la victoria aplastante al PSOE de Felipe González en 1982.

Pues bien, la defección de estos votantes ya ocurrió, empezó en el 2008. Los socialistas ganaron, cierto, pero una parte del voto no ideológico que lo había apoyado cuatro años antes se apartó de él, y la causa reconocida radicó en sus leyes tan extrañas, en relación al matrimonio homosexual y al ‘divorcio exprés como las más conocidas, aunque no las únicas. Por lo tanto, hay en la derrota socialista una componente socioeconómica determinante, pero también una componente de raíz antropológica, moral, de costumbres, llámesele como quiera. El zapaterismo ha conseguido aunar lo peor de ambos lados y así recoge ahora los resultados.

El Partido Popular, que tiene ante sí un reto formidable, debe estar atento a estos dos sectores. Es prioritario y fundamental que sepa dar una respuesta justa, es decir que cada uno aporte lo que le corresponde a la crisis económica, pero no debe olvidar que hay una parte del voto que, más allá de la ideología, espera de él que restituya la normalidad que se rompió con las aberrantes leyes de Zapatero.

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