Vida y libertades

Hace unos días el antiguo Palacio de deportes de Montjuïc, en Barcelona, acogió una reunión de miles de personas a favor de la vida, la familia y las …

Hace unos días el antiguo Palacio de deportes de Montjuïc, en Barcelona, acogió una reunión de miles de personas a favor de la vida, la familia y las libertades. Ya es chocante que a estas alturas de democracia, de Estado del bienestar y de desarrollo de los derechos humanos, se tenga que reunir la gente para defender la vida, la familia y la libertad. Pero es que quien no llora no mama. La fisiología social del hombre es la que es y no puede cambiar fácilmente. Las constituciones española y europea, o el estatuto catalán no son directamente taumatúrgicos.
 
Por cierto, ¿saben ustedes por qué los independentistas catalanes no reivindican una constitución? Pues porque, cuando Cataluña las tuvo, empezaban con frasecitas como “En nombre de nuestro Señor” o “De la Fe católica”. Y, claro, esto está muy feo hoy en día. Se avergüenzan de su propio pasado glorioso.
La cuestión es que miles de personas de todas las edades, de todas las condiciones sociales, de diversos credos políticos, sacaron pecho para que quienes conducen temerariamente esta sociedad de hermanos Marx dejen de echar pedazos de tren a la caldera de la máquina para que siga funcionando.
La familia es lo que es. No lo que la mente de algunos cree que es. En este sentido, me acuerdo de mis estudios de Historia de la Medicina. Siglos atrás se pensaba que el conocimiento del cuerpo humano se podía obtener filosofando y no experimentando. Así les iba. No tenían ni idea de nada y la Medicina y la Cirugía y los barberos y los dentistas hacían más mal que bien. Salvadas algunas excepciones, como aquella de “primero no hacer daño” de Hipócrates.
La vida humana debe respetarse siempre. Si empezamos con excepciones (ya las hay desgraciadamente con el aborto) nada se opone a que un día uno de nuestros habituales iluminados políticos con carisma puede llevarse más del 3%  en el negocio de la muerte.
Las libertades no se pueden recortar ni entre líneas. Ellas están para que la vida en sociedad sea más plena y convivencial. Ha de haber unas normas para evitar el caos y que los más débiles sufran.
 
Pero hay cosas que no molestan a terceros y que de ninguna manera se pueden limitar. ¿Quién es un diputadito o diputadita para decirme a mí cómo tengo que educar a mis hijos? Y si encima nos vemos obligados a votar en paquete a una lista cerrada de nombres desconocidos, aún menos autoridad moral tendrá el diputadito en cuestión. De todas formas, también veo que con las listas electorales abiertas te puedes encontrar a Rita la Cantaora de presidenta del gobierno. Cosa que a lo mejor nos conviene, visto el actual panorama.
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Dr. J. M. Simón Castellví, presidente de Médicos Cristianos de Cataluña
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