Vivimos en tiempos paganos

Martin Kugler es el fundador de www.Europe4christ.net , una muy buena iniciativa de carácter ecuménico que promueve la presencia cristiana. Para ello …

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Martin Kugler es el fundador de www.Europe4christ.net , una muy buena iniciativa de carácter ecuménico que promueve la presencia cristiana.

Para ello ha lanzado tres primeras acciones: rezar cada día un padrenuestro por la Europa cristiana, invitar a los amigos y compañeros a hacerlo en público y llevar en algún sitio visible, su coche, su chaqueta, su despacho, un símbolo inequívoco de sus creencias cristianas.

Esta iniciativa de Kugler, que seguramente se ampliará con más acciones, y que nos recuerda aquella anterior cuando los debates de la Constitución europea, la Convención de Cristianos por Europa, nació de un hecho muy concreto.

Kugler lo explica así: “mi esposa y yo vivíamos en Bruselas cuando estalló el caso Buttiglione. Y nos indignamos. Pensamos que teníamos que reaccionar como católicos

Vale la pena recordar aquel hecho porque está más vigente que nunca. Buttiglione en las entrevistas preceptivas que el parlamento europeo somete a los nuevos comisarios de la Comisión declaró que “tal vez en mi interior pueda pensar que la homosexualidad es un pecado”.

A partir de esto se montó un linchamiento que acabó con su desfrenestación política. Es decir, un cristiano coherente con su fe no puede pensar tal cosa y si lo hace es indigno de un cargo público. Ya no se trata del derecho a opinar de acuerdo con las propias creencias religiosas porque el pecado es algo que se mantiene estrictamente en aquel plano, sino de la prohibición de ¡pensarlo!

Pero claro, para un católico hay más pecados. Podemos decir que “en mi interior pienso que el adulterio es un pecado”, o bien “que la masturbación lo es”. Y así podría seguir la lista. Pero todo esto forma parte de la cultura aceptada hoy. Las revistas enseñan a como mejorar la técnica onanística, el adulterio no tiene ningún problema si el otro no se enfada. Tanto es así que por ejemplo, el nuevo Código de Familia que prepara la Generalitat suprime la obligación de los cónyuges de guardarse fidelidad y, sin este requisito, el adulterio puede realizarse sin ningún problema, bastará con la lealtad a la pareja, es decir con comunicárselo:Juan, tengo un amigo”, “Luciana, tengo una amante

Si todo lo que la sociedad de la desvinculación y de la cultura transgresora que lleva aparejada, debe ser moralmente aceptado, y si el católico que lo considera pecado queda excluido de toda función pública, estamos en puertas de una situación extrema.

Esta dinámica nos conduce a una situación parecida a la de los primeros cristianos y la obligación de adorar al emperador públicamente como a un Dios, aunque no se creyera en ello, porque el acto era puramente formal.

Los cristianos siempre se negaron –por ello fueron en muchas ocasiones perseguidos, encarcelados, torturados y muertos- afirmando que respetaban al emperador y su autoridad, que de alguna manera procedía de Dios, pero que en ningún caso podían adorarlo como tal.

Ahora nos encontramos en lo mismo pero con otros temas. Es un caso flagrante de violación de la conciencia religiosa. Porque el cristiano no dice que está en contra del que peca, al contrario, su norma es rechaza el pecado y ama al pecador, simplemente lo considera un pecado.

Pero ¿qué es, qué designa esta palabra? ¿Qué es un pecado? Es un concepto estrictamente religioso que para una mentalidad agnóstica o laicista no tiene sentido; no debería formar parte de su esfera ni de su criterio.

El pecado designa que un acto nos aleja de Dios, cuanto más duradero y más agudo es el alejamiento más grave es el pecado. El daño al ser humano nos aleja de Dios, porque su mandato es amarlo; no respetar y amar a Dios también nos aleja de Él. Este es el marco de referencia católica y nadie puede ser perseguido por esto, por su creencia. Solo puede serlo por sus actos cuando estos sean contrarios a la ley.

Sin duda el Cardenal Ratzinger tenía razón cuando escribió sobre nuestra época como una época neopagana. La lástima es que demasiados católicos, incluso algunos obispos, no son conscientes de ello.

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