Vuelve la eutanasia. La campaña de El País

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Periódicamente, y como si de un asalto se tratara, vuelve a primer plano del debate politico el suicidio asistido y la eutanasia. En esta ocasión fue la iniciativa de Podemos, frustrada por su aislamiento político, quien ha abierto otra vez la caja de los truenos. En realidad, se trata de un pulso al poder, ahora que el PSOE está en horas bajas. Prisa quiere demostrar su valor económico torciéndole la muñeca al gobierno, empujándole a que apruebe una ley que regule la eutanasia y el suicidio asistido, el agujero negro en el que la mayoría de las sociedades se niegan a penetrar.

Todo el mundo desea una buena muerte y, claro está, evitarla en todo lo posible. Hay buenas razones en la relación con Dios que dicen cómo alcanzarla, y que pueden expresarse en términos seculares. Una buena muerte no es una cuestión de tomarse una pastilla, igual que esta no da la felicidad o te saca de tus dramas, a pesar de que algunos se lo crean y esto es la drogadicción. La eutanasia y el suicidio asistido son un tipo de drogadicción que aspira a la superación de un estadio trágico, el de la enfermedad terminal, mediante la droga, solo que en este caso mata.

Tenemos un gran respeto, un infinito respeto hacia las personas que se encuentran en aquella situación, y eso incluye la decisión de su conciencia. Dicho esto, si alguien quiere suicidarse porque no soporta el futuro que le depara su enfermedad, no hace falta que haga un video, se monte una campaña de difusión, como ha hecho José Antonio Arrabal, que falleció el pasado domingo solo, tras ingerir una combinación letal de medicamentos adquiridos por Internet. Murió solo, ha dejado dicho, por no implicar en su suicidio a su familia. Si uno se quiere morir, más fácil es hacerlo, sobre todo, si lo practica como un acto íntimo, y eso, aunque no podamos compartirlo, merece un exquisito respeto. Pero cuando el propio autor lo transforma en un acto político en favor de una ley determinada, solo puede ser abordado desde el mismo plano, el político. Y ahí hay que decir que su actitud es rechazable. Primero, porque utiliza el sentimiento para provocar una modificación legal que, como todas, necesita de la razón, y segundo, porque la muerte auto infringida nunca debería convertirse en un recurso político.

Lo que caracteriza esta situación de la eutanasia como ofensiva es la campaña de El País, basada en la confusión de los conceptos. ¿No basta acaso con la atención paliativa absolutamente legal aunque acorte la vida de la víctima? ¿No es deseable que las unidades de cuidados paliativos atiendan al 100% de la población y que no sea solo la química, necesaria, quien actúe, sino también el acompañamiento y la atención psicológica? (y la atención religiosa, la gran compañera de los momentos finales, y la más abandonada) ¿No es mucho mejor que las personas que sufren duras enfermedades inhabilitantes puedan disponer de medios y atenciones adecuadas, antes de señalarles como puerta de salida la de la muerte?

La eutanasia, como el aborto, no forma parte de ninguna solución, sino que multiplican el problema de las víctimas en beneficio de terceros, sean las clínicas abortistas, sea el ahorro del coste hospitalario, sea la liberación de una “carga” familiar, sea la responsabilidad social de acompañar a quienes lo necesitan.

Quien quiera morirse, lo tiene fácil, pero no lo hagamos legal, porque por esta puerta se multiplicará el abuso. Si sociedades serias, como la alemana, la sueca o la norteamericana, donde la ley tiende a cumplirse a rajatabla y, por tanto, pueden hacer un uso más responsable de estas leyes peligrosas, la eutanasia sigue prohibida, ¿les parece prudente que un país basado en la trampa a la ley, el abuso de la misma en beneficio propio, un país donde la corrupción aflora en todos los ámbitos, apruebe una ley de eutanasia y suicidio asistido, una poderosa arma “quita estorbos” y caza herencia?

Seamos sensatos y no compliquemos más nuestra sociedad que suficientes males tiene. Dejemos a El País con sus campañas en beneficio propio, y apartemos de una vez para siempre a la Eutanasia por los daños que encierra. La muerte nunca es solución: Cuidados paliativos para el 100% de la población, atención, acompañamiento a las familias y a las personas como servicio público y como acto solidario de la sociedad civil. En definitiva, evitación del dolor, vida y acompañamiento, esa es la respuesta digna y civilizada.

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