X Congreso Católicos y Vida Pública: hay una esperanza fiable para la acción

En medio del que probablemente ha sido el peor otoño en términos económicos desde que tengo uso de razón, he tenido el pri…

En medio del que probablemente ha sido el peor otoño en términos económicos desde que tengo uso de razón, he tenido el privilegio de participar en el Congreso Católicos y Vida Pública, que con la presente cumple ya diez ediciones. En esta ocasión, el lema ha sido “Cristo, la esperanza fiable”. Culminado el Congreso, me he propuesto recoger en breves líneas algunas ideas que ayuden a ver que puede aportar este Congreso para un joven católico de hoy.

Me pongo manos a la obra y recuerdo con gusto a la gente con la que estuve comiendo el viernes en el comedor del Congreso: dos matrimonios insultantemente jóvenes. Uno se dedica, en medio del desalentador panorama, a dar clase de Periodismo en la Universidad. Y pese a que son muchos los momentos de desaliento, no decaen, pues saben que hay algo por lo que vale la pena dar la vida en servicio de los alumnos. El otro matrimonio, cada uno con su trabajo, está dedicando esfuerzos ímprobos a evitar la apertura de una nueva clínica de abortos en su localidad de residencia (Collado-Villalba, provincia de Madrid), en la certeza de que, aunque fracasen, habrá resplandecido la verdad para muchos.

Unos y otros son jóvenes y saben que avanzan contracorriente, pero tienen esperanza y ello es lo que les mueve. Y no son gente aislada, son un ejemplo más entre tantos, pues el Congreso es un magnífico hervidero de gente diversa que, aun con un desalentador panorama, está dispuesta a dejarse la vida en servicio al prójimo. Y su entusiasmo se respira en cada una de las sesiones.

Sin ir más lejos, el mismo viernes por la tarde, en la mesa redonda dedicada al Derecho, a pesar de estar la sala atestada, a pesar de que muchas personas estuvieron de pie, o en sillas supletorias, la expectación era total, el ambiente era magnífico: todos estaban encantados, sus caras expresaban un claro “que bien se está aquí”. Y ese entusiasmo se tradujo en varios momentos en aplausos: cada vez que en algo tan aparentemente poco espiritual como el Derecho se oía hablar de la venida de Cristo, de la vida eterna, de la plenitud… la gente se emocionaba.

En aquellos corazones había fuego, fuego de alegría, de ahí su participación generosa en la vida pública, cada uno en su ámbito. Unos en entidades próvida, otros en publicaciones más o menos modestas, otros desde puestos importantes, pero también otros desde su casa con una carta al director. Pero todos fieles y valientes, viviendo el martirio de la coherencia del que habló la exhortación Ecclesia in Europa.
Precisamente esta idea fue puesta de relieve por el Cardenal Cañizares sólo una semana antes, en la presentación del Congreso a la prensa: dijo que, en la coyuntura actual, unos habían abandonado total o parcialmente, otros se habían retirado a los cuarteles de invierno, yhabía otra gente que, pese a todo, tenía una fe de la que brotaba la esperanza y seguía inasequible al desaliento caminando hacia la vida eterna. Pues esa gente es la que me encontré en el Congreso. Gente que no tiene miedo, que dedica horas, que sabe que nada es inútil, pues hay una esperanza fiable.
Repasados algunos de estos aspectos, animo a que cada cual vuelva a su persona. Que examine si ha tenido la tentación de buscar un buen cuartel para el invierno. Si ha sido así, le animo a que cambie, a que se comprometa a ser coherente, pues hay esperanza. Y con esa esperanza vale la pena trabajar por la verdad. ¿Cómo? Pues con hechos concretos: siendo fiel a la propia fe, alimentándola en los medios de formación de que cada uno disponga. Viviéndola en la Iglesia (buscando un buen grupo). Y sacándola al exterior, mediante el compromiso personal en la acción organizada: ya sea en una entidad de proyección abierta a cualquier tema (así e-cristians.net) o bien de las que trabajan en algún ámbito determinado (Foro de la Familia, Profesionales por la Ética, Provida…).
Pero, ¿Cómo perseverar si viene la dificultad? Cuando el ambiente es contrario, cuando la derrota parece clara, cuando todo resulta hostil, hay una certeza susceptible de ser experimentada por cualquiera que se atreva a rezar: la certeza de la victoria de Cristo. Como dijo el P. Javier Siegrist en la vigilia de la noche joven del Congreso, en Getsemaní Cristo padeció tedio, miedo y tristeza, pero fue entrando de lleno en la comunión con el Padre como halló fuerza. Y si Él hecho hombre lo ha logrado, Él, que es el camino, nos lo hará lograr a nosotros también. Sólo desde él podremos hacer realidad nuestro compromiso, y solo con nuestro compromiso lograremos que el mundo entero sienta el Amor y la Esperanza en todos los ámbitos de la vida.
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