Y el individualismo, ¿qué?

El individualismo es una tendencia a actuar exclusivamente según el propio criterio, considerándose fundamento y fin de todas las leyes …

El individualismo es una tendencia a actuar exclusivamente según el propio criterio, considerándose fundamento y fin de todas las leyes morales y políticas. ¡Qué fuerte!

Es decir, una tendencia que lleva a actuar y pensar de modo independiente oponiéndose a cualquier otra opción personal o norma establecida. El individualista se centra en sí mismo, se considera autosuficiente, se aísla de la sociedad en la que vive y practica el egoísmo. ¡Muy edificante!
La verdad es que el individualismo siempre ha existido, pero quizás antes se utilizaban otros calificativos: aburguesamiento, pereza mortal, indiferencia crónica, flojera máxima, irresponsabilidad… para expresar la misma realidad.
Es una pena que el individualista se conforme consigo mismo, pensando, tal vez, que el hombre es el fin del hombre. Se consolará con aquello de:
“comamos y bebamos que mañana moriremos” ¡Qué confusión!
Que no le preocupe lo que ocurra a su alrededor, huyendo de la realidad, es contrario a la solidaridad; y si aspira a aislarse de la sociedad, debe ignorar que el aislamiento es soledad, retraimiento, incomunicación, desamparo… ¡Qué triste!
Se considera es suficiente para autoaconsejarse presumiendo de que no necesita a nadie que le enseñe, le corrija, le oriente…¡Qué “mal consejero!”
Desea vivir sin exigencia que es pretender ser feliz con una postura sin
amor: el egoísmo. ¡Imposible! O sin esperanza ¡Aburridísimo!
Diría, entonces, que la persona individualista exacerbadano sabe gozar ni del presente, porque ignora de donde le viene su dignidad (un fuerte reactivo), ni del futuro (porque desconoce que sus carencias son brutales).
La realidad es bien distinta. La historia de la salvación y felicidad del hombre está escrita y su autenticidad es indiscutible. El Creador conoce lo que puede satisfacer a su criatura y lo hace semejante a El. Y el hombre, compuesto de cuerpo y alma inmortal, no se conforma con pequeñeces (autosuficiencia, independencia, aislamiento, egoísmo…) Quiere a Dios, aspira a lo infinito, desea una eternidad feliz. Su inteligencia, iluminada por la fe, rompe los moldes caducos de lo transitorio y se aferra a la Verdad.
Todos estamos llamados a descubrir esa Verdad porque todos estamos destinados al cielo, pero hay que trabajarlo con empeño y constancia y ese esfuerzo ¡vale la pena!“Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman” viene a decir la Sagrada Escritura.
Qué fracaso tan grande sería estar en la otra eternidad (que también
existe) de odios, sufrimientos, lamentos… Allí, el alma con una luz distinta, ansía al Creador y al no poseerlo sufrirá intensamente “como un gusano que no muere”.
El hombre del siglo XXI posee una inteligencia no sólo para conseguir progresar en la técnica y en la ciencia, sino igualmente en su esfuerzo por alcanzar las realidades del mundo sobrenatural.
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