Y los narcos siguen (II)

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El narcotráfico es para Centroamérica una cuestión geográfica. Estamos en medio de los productores en el Sur y de los consumidores en el Norte .La relación es obvia, somos un camino de paso. El narcotráfico aprovecha las debilidades de los países de la zona y transporta la droga a través del Istmo Centroamericano por tierra, mar y aire. Obviamente, no hay capacidad para controlar el espacio aéreo ni marítimo y en algunos casos en que alguno de los escasos guardacostas se tropieza con una lancha de narcos, no hay duda, la lancha de los narcos es como diez veces más veloz que la de los viejos guardacostas, tienen lugares de amarre, aeropuertos y toda una logística que cubre el recorrido del transporte por el Istmo.

Pero en los EEUU la cosa es diferente, ellos sí tienen control de su espacio aéreo y marítimo por lo cual el recorrido sólo puede continuar por tierra. A Estados Unidoshay que llegar por tierra y de ahí que los mexicanos se dieron cuenta que ese espacio fronterizo de su país lo podían controlar ellos, con lo que surgieron los carteles mexicanos. Hoy no es como ayer, donde un cartel colombiano llegaba hasta New York. Hoy se fracciona, se especializa el tráfico y van existiendo diferentes grupos que participan, desde los productores a los distribuidores con carteles locales, y un entramado de acuerdos y pactos donde ahora se han incorporado las maras (El Salvador, Guatemala y Honduras).

Finalizamos recientemente el encuentro Centroamericano de seguridad que se celebro en Guatemala, al que, por cierto y como anécdota, asistió el ministro de Relaciones Exteriores de Georgia, quien explicó que asistía ya que todo espacio era bueno para denunciar que dos territorios de su país son ocupados por Rusia sin que nadie haga nada por impedirlo, ni la UE, ni Estados Unidos, ni la ONU lo han condenado. Parece ser que cuando el transgresor es una potencia puede hacerlo sin que se le condene.

Entre los diferentes acuerdos, Estados Unidos por medio de la señora Clinton prometió 325M$ para Centroamérica, extendiendo de esta forma el Plan Mérida a toda la región. La ministra de Asuntos Exteriores de España prometió 400 M€, cosa que no fue considerada como muy factible por parte de los asistentes dada la situación de la crisis española. En definitiva, se trata de poner más medios para la lucha generándose así una escalada de tipo ‘militar’ como las que ya hemos visto en Afganistán, Vietnam e Irak, y que tan dudosos resultados han tenido. Hasta la fecha hemos de reconocer que la lucha ha sido un fracaso.

Los narcos tienen la delantera, dominan la situación, y lo que es peor nadie habla de que haya disminuido el tráfico sino que parece todo lo contrario. La demanda creciente hace incrementar la producción y por tanto el trafico. Así lo ha reconocido esta vez el presidente de Guatemala, Álvaro Colom, en unas recientes declaraciones al periódico español El Mundo. Su reconocimiento del fracaso termina con un llamado, que seguramente hasta él sabe insuficiente, a la coordinación regional. Incluso él mismo ha estado acusado por un cartel que dice haberle financiado la campaña electoral y que después favoreció a la competencia en detrimento de ellos.

Cada día aparecen rumores, dichos, corrillos que acusan a políticos, policías, jueces de estar implicados, de financiar campañas. Realmente es muy difícil saber quién está comprometido con esto, pero parece muy probable que la pandemia está más extendida de lo que parece. No hace falta remontarnos al caso de Noriega en Panamá, que de protegido y colaborador de la CIA pasó a ser perseguido por la DEA, extraditado y condenado en Estados Unidos. O el asesinato aun no resuelto de parlamentarios salvadoreños en el Parlacen.

Lo cierto es que el camino sigue y no parece que haya nadie que pueda pararlo. Puede que por eso aparecen ya muchas voces que proponen la legalización de las drogas y a partir de ahí comenzar a regular como si de tabaco se tratara, una droga al fin y al cabo que también genera adicción. Así, junto con importantes mandatarios, la organización Avaaz ha recogido miles de firmas para la legalización que, a su vez, lo entiende como la única solución al conflicto generado. Desde su creación en 2007, Avaaz ha crecido hasta convertirse en un gigantesco movimiento global que impulsa acciones ciudadanas para abordar temas importantes de interés mundial. Normalmente recoge firmas y las presenta en el lugar adecuado. Hoy reúne a diez millones de asociados.

De momento sólo tenemos dos alternativas: el incremento de la represión o la liberalización. No parece que ninguna de las dos sea tan clara. Mientras tanto los países del istmo viven diariamente las consecuencias de este tráfico que causa victimas en todos los frentes y que deteriora totalmente las débiles instituciones de los países. Es difícil pensar que pueda haber desarrollo suficiente en Centroamérica hasta que no solventemos esto, y de ello no se vislumbra el fin.

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