¿Y si las obras del túnel paralizasen para siempre la Sagrada Familia?

El riesgo que comporta que el túnel del AVE pase a unos centímetros de la Sagrada Familia es una cuestión que obviamente debe interesar, como así es, …

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El riesgo que comporta que el túnel del AVE pase a unos centímetros de la Sagrada Familia es una cuestión que obviamente debe interesar, como así es, a Barcelona, pero que más allá de ella debe incidir sobre el conjunto de España, y de todas aquellas personas que en el mundo están interesadas por Gaudí y esta maravilla que es el Templo expiatorio de la Sagrada Familia.

El túnel discurrirá por debajo del nivel freático y enrasado con el nivel del mar a casi 26 metros de profundidad. Como medida de protección entre este túnel y la cimentación de la Sagrada Familia se va a construir un sistema de protección formado por elementos de hormigón de 1,5 metros de grosor y a dos metros de distancia el uno del otro. Esta protección se encuentra solo a 1,95 metros de los cimientos del templo por un lado y, por el otro, casi pegado al túnel, que tiene más de diez metros de diámetro.

Se trata por tanto de una obra compleja porque prácticamente roza la base de sustentación del edificio, y que, como es lógico, da pie a muchos interrogantes, sobre todo porque la previsión para una obra de este tipo debe ser a muy largo plazo.

No se trata de garantizar la seguridad por unas décadas sino por cientos de años, hasta el próximo milenio.

En este contexto saltan multitud de preguntas sobre qué puede suceder con la combinación de la perforación, las ulteriores vibraciones, y a largo plazo, la modificación del nivel freático, incluso del nivel del mar, por el cambio climático.

Pero sin duda el elemento clave de todo esto es la estrecha proximidad entre la obra y el nuevo túnel.

Alguno de los periódicos que militan en el socialismo, como El Periódico, ha iniciado una campaña tendente a demostrar que hay túneles de metro y de ferrocarril en las proximidades de grandes edificios, pero se olvidan de añadir algunos datos esenciales. Primero, ninguno, ni de lejos, tan próximo. Segundo, en ningún caso lo han hecho sobre una edificación que todavía se encuentra en construcción y que de hecho no ha alcanzado, como sucede con la Sagrada Familia, ni la mitad de su altura final. Los túneles en otros casos discurren a decenas de metros de distancia y en torno a edificios históricos absolutamente asentados sobre el subsuelo.

En la medida que el templo aumente de altura y de peso, la presión sobre el suelo aumentará y las exigencias de equilibrio también. En este proceso de crecimiento, el templo debe sufrir un progresivo y continuado asentamiento.

Es algo que sucederá con los años, en la próxima década, y esto difícilmente puede ser tenido en cuenta a la hora de realizar la obra.

Pero la pregunta del millón es la siguiente: ¿Por qué es necesario que este túnel circule por el mismo centro de la ciudad afectando no solo a la Sagrada Familia sino a muchísimos vecinos que ven con desconfianza la obra?

La respuesta es que debe enlazar con la otra estación que se prevé para el AVE, la de Sant Andreu. Sants, donde ahora llegará y que es la actual estación central de Barcelona, enlazará con aquel túnel hasta aquella nueva estación que da lugar a toda una remodelación urbanística. Sants será la entrada desde España, Sant Andreu la salida hacia Francia.

Pero, ¿por qué se necesitan dos estaciones? Ciudades tan o más grandes que Barcelona, como Madrid y París, solo tienen una estación del AVE porque éste no puede perder tiempo en paradas de corto recorrido. Una sola estación sería suficiente y si ésta, además, ya existe, más fácil todavía. El actual itinerario también se justificaría si no hubiera alternativa, pero no es el caso. Puede pasar por el centro de la ciudad pero lejos de la Sagrada Familia, y además existen otros recorridos, dos en concreto, que no discurren por el ámbito urbano sino por el litoral o el territorio vecino del Vallès.

Quizás se podría pensar que alguna de estas alternativas significarían alargar la obra en el tiempo, pero tampoco esta reflexión vale, porque el propio Ministerio ya ha anunciado que el tramo hasta Sant Andreu y la frontera se prolongará, en relación a la fecha prevista, cinco años más y no llegará hasta el 2012, por “seguridad”, o sea que de velocidad nada, más bien una lentitud que ha vuelto a indignar a la ciudad para una obra que lleva retrasos acumulados de décadas. Y si ahora por las protestas se retrasa tanto por “seguridad”, significa que todo lo previsto hasta ahora es inseguro. ¡Son un atajo de irresponsables!

Quizás se trata de que esta opción escogida a pesar de sus inconvenientes tenga menos coste. No sería del todo razonable apostar únicamente por la carta del coste, pero es que además no es así. Este trazado es más caro porque exige más obras de protección.

Entonces, ¿cuál es la causa de que ésta sea la opción elegida? Respuesta: nadie lo sabe fuera del Gobierno, el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat, que guardan las razones como un celoso secreto, porque nunca han salido a explicarlo, ni tan siquiera ahora que las protestas arrecian.

¿Tan difícil es salir y decir “pasa por el centro de Barcelona y por la Sagrada Familia porque ofrece las siguientes ventajas: primera, segunda… ”?

Pero todo esto no se dice y el resultado inspira todavía mayor desconfianza. Desde la racionalidad técnica hay que decir que esta obra no se justifica tal y como está planteada. Pero es que además existen factores externos a la propia racionalidad.

Dos de ellos me parecen evidentes: Uno es que la estación de Sant Andreu da lugar a una operación inmobiliaria de un valor económico extraordinario, se van a mover millones de euros. Hay negocio.

Negocio para determinadas inmobiliarias e ingresos oficiales seguro para el Ayuntamiento, también una mejora de aquella trama urbana. Pero entonces la obra no se justificaría por el AVE sino por una operación urbanística, y esto no parece suficientemente razonable por los problemas que comporta. El negocio no lo justifica todo.

La segunda consideración guarda relación con el entorno cultural y político que preside el Ayuntamiento y ahora también a la Generalitat y al propio Gobierno. Durante décadas este entorno cultural ha sido hipercrítico con la Sagrada Familia, la ha presentado como una obra reaccionaria que debía ser paralizada, incluso se propuso en el pasado convertirla en estación de metro.

Como mínimo intelectuales de este entorno cultural han lanzado en el pasado dos campañas de recogida de firmas para detener la obra. Solo el éxito espectacular que la ha acompañado y la constancia de sus promotores lo ha evitado.

La Sagrada Familia ha pasado a ser el emblema de la ciudad, dejando muy en segundo plano el tradicional monumento a Colon. En la actualidad es el lugar más visitado, con 2,6 millones de personas. Todo esto ha convertido a la Sagrada Familia en imparable, y los que querían ver el proyecto sin realizar han tenido que callar por la fuerza de los hechos.

Desde esta sensibilidad, que el túnel pase más o menos cerca, se entiende que no genere demasiadas preocupaciones. Es más, una forma de evitar que la Sagrada Familia se culmine es precisamente esta: el Templo tardará algo más de una década de trabajos a buen ritmo para finalizar, mucho después por tanto que el túnel del AVE.

Cuando éste esté hecho y funcione, se puede producir que dentro de unos años se formule la advertencia de que por razones de seguridad el templo no puede continuar elevándose porque incurriría en un riesgo y que, por consiguiente, la obra debe quedar tal y como se encuentre.

Como no se va a cerrar el AVE es evidente que entre protestas y lamentaciones el hecho consumado sería detener la obra. Este es el riesgo a corto plazo más evidente.

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