¿Y si Scarlett Johansson fuera un ordenador?

Como buena película, ‘Her’ (2014), dirigida por Spike Jonze y protagonizada por Joaquin Phoenix, da pié a interesantes refle…

Como buena película, ‘Her’ (2014), dirigida por Spike Jonze y protagonizada por Joaquin Phoenix, da pié a interesantes reflexiones sobre las relaciones humanas y cómo éstas pueden cambiar con la tecnología. De ahí la pregunta que encabeza este post. Si la tecnología evoluciona y se perfecciona lo bastante, ¿podría llegar el momento que la compañía digital compitiera con la humana?

En este camino confluyen varios aspectos: la soledad de las metrópolis, el aislamiento que nos somete la tecnología y la búsqueda de la una felicidad hedonista, solitaria, alejada del compromiso.

Precisamente este es uno de los temas tratados en la película. El éxito de la compañera digital que acompaña al protagonista hablándole por un pinganillo se basa en la inexistencia del roce diario, en satisfacer al usuario, a complementarlo sumisamente, sin discusiones, sin contratiempos. ¿Preferiríamos renunciar a la compañía humana si un software nos evitara todos inconvenientes que ésta genera? ¿Nos enamoraríamos de un software susurrante con la voz ronca y sensual de Scarlett Johansson?

Puede parecer una hipótesis de locos, un planteamiento sólo válido por algunos freaks, como sucede en Japón con las muñecas sexuales, pero el proceso ya está activo y parece no tener marcha atrás. La deshumanización de las relaciones avanza sigilosamente. Cada vez hay más fórmulas para contactar con desconocidos: como el teléfono, el vídeo o las webs de contactos. Y no sólo en cuanto a relaciones sentimentales. Bastan unos cuantos ejemplos.

El contacto visual en el trabajo se limita a las reuniones (aunque hay también quien se refugia en el portátil). Se ha generalizado hablar sin apartar la vista del ordenador. En el ámbito privado toman el relevo las tabletas y los móviles. El chat ha sustituido las llamadas aunque en la película apuestan a que los dispositivos estarán tan avanzados que transcribirán nuestras palabras.

En definitiva, cuesta creer que la tecnología llegue a sustituirnos pero cada vez más coloniza nuestros hábitos y parece actuar como un parásito que va extendiéndose sin límite. Parece que lo pueda copiar todo, hasta un nivel de perfección inquietante. Ya lo aventuraba Ridley Scott con Blade Runner, ¿y si los robots tuvieran sentimientos más humanos que nosotros? ¿Y si creáramos "seres" no sólo más capaces sino menos egoístas y mezquinos? ¿Hasta qué limite jugaremos a ser dioses?

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>