Zapatero, Turquía y la UE

El encuentro de Zapatero con el primer ministro turco, Recep Tayip, en torno a la alianza de civilizaciones muestra una vez más no ya la endeblez, sin…

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El encuentro de Zapatero con el primer ministro turco, Recep Tayip, en torno a la alianza de civilizaciones muestra una vez más no ya la endeblez, sino la inoportunidad de la política exterior española.

Zapatero, una figura marginada en el actual juego de alianzas de la Unión Europea, tanto que difícilmente encuentra aliados para defender políticas de interés para España, se proclama avalador del ingreso de Turquía en la Unión.

Para ello escoge el momento en que la Comisión Europea ha formulado sus más duras críticas por los progresos que no está haciendo aquel país y, sobre todo, por su negativa a reconocer a Chipre.

Cuando ZP otorga un aval incondicional a Turquía está justificando al mismo tiempo la invasión que sufrió Chipre por parte del ejército turco y la creación de un fantasmal estado que todavía divide a la isla.

Lo peor de todo es que antepone la incondicionalidad a un país que no cumple los requisitos para formar parte de la Unión al apoyo a un miembro, aunque sea tan pequeño como Chipre, de la Unión Europea.

Seguramente Europa vive hoy los momentos más difíciles de su existencia desde la creación del Mercado Común. La parálisis política que la aqueja y su debilidad defensiva la han situado en un difícil callejón.

La historia no empieza ahora, comenzó cuando los países europeos demostraron su incapacidad para controlar militarmente el avispero yugoslavo y necesitaron de toda la ayuda americana.

Ahora, el problema se acentúa porque nuevos y formidables retos la amenazan. Uno es el que significa la energía y la creciente dependencia europea de Rusia, con un Putin sabedor de la debilidad europea y que juega a fondo sus recursos energéticos como instrumento político.

La alianza de Gazprom con Argelia somete a Europa a un peligroso cerco energético. El otro gran reto es China, no solo por su dimensión económica, sino por su capacidad para penetrar en la vecina África.

Mientras Zapatero firma papeles y defiende ingresos problemáticos, China consigue progresivamente un control económico de las materias primas africanas por un procedimiento en apariencia muy simple: tratar a aquellos países de una manera decente (y no hacer ascos de las dictaduras que en algunos lugares existen).

Al tiempo, Europa no sólo es incapaz de mantener una política razonable en este sentido, sino que une un discurso de buenas intenciones a una práctica económica, en parte depredadora y en parte excesivamente proteccionista.

España, como Italia, debería tener un especial interés en el continente africano. Porque esta es su frontera del sur y porque de ella surge uno de los más complicados flujos migratorios hacia nuestro país.

Pero lo más incomprensible de todo no es la política exterior de Zapatero sino la notable generosidad con la que la mayoría de medios de comunicación españoles tratan todavía los desafueros concretos del presidente Zapatero.

Seguramente los excesos del discurso del PP y de algunos medios afines han construido el mejor enmascaramiento para el peor presidente que España ha tenido en esta democracia. 

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