Zapatero y la Virgen de Collserola

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Decía hace pocos días el coordinador federal de Izquierda Unida, Cayo Lara, que al PSOE "no lo salva ahora mismo ni la Virgen de Lourdes", especialmente porque sus políticas están impulsadas por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Probablemente pensaba lo contrario el periodista Carlos Herrera, cuando le ofreció a Zapatero una fotografía de la Virgen de la Candelaria, para asistir al rezo del Deuteronomio en la capital de Estados Unidos. Me pregunto si Carlos utilizó con cierta ironía el popular estandarte para implorar un cambio, quizás buscando una sola mirada honesta de Zapatero en la foto, una pequeña conversión, que sin duda es la más esperada por la mayoría de los ciudadanos de nuestro país. Aunque no se puede descartar un milagro como éste, estoy convencido no obstante de que los deseos de nuestra Señora están dirigidos hacia otros menesteres y que en un tema como éste el voto del pueblo llano será suficiente algún día.

En España el Cesar y Dios no se complementan desde hace demasiados años. Si bien hemos superado periodos de lucha y persecución hoy podemos ver que en muchos temas hay fijación del poder al creyente en un laicismo radical que no se justifica. El ciudadano de a pie que quiere vivir con plenitud se divide y desespera porque no hay unidad de acción a favor de la dignidad del hombre. Muchas energías perdidas. Hay una crisis de valores y como decía José Císcar, vicesecretario del partido popular valenciano, los socialistas estaban "todos los días poniéndoles velas a la Virgen" para que el presidente del Gobierno, Zapatero, no hiciera más campaña que “hundiera todavía más las expectativas electorales”.

Mis párrafos anteriores proclaman a la Virgen inserta en el lenguaje popular, formando parte de la cultura y las convicciones de un pueblo que la invoca principalmente en la desdicha y el infortunio. Estamos en una boda donde toda la humanidad busca el vino bueno y el pueblo apela a sus raíces buscando un soporte espiritual para sobrellevar una crisis que el hombre mirándose a sí mismo no puede solucionar. El hombre anhela salir de su entorno en crisis y dirigirse a un santuario con flores para encender todas las velas.

Pero Zapatero y sus asesores no pueden cercenar la tradición y las convicciones de los ciudadanos de nuestro país. Si bien es verdad que ha demostrado sobradamente su ineficacia frente al paro y la crisis económica, peor ha sido aún su política frente a la defensa de la vida, la educación de nuestros hijos y la familia en general. Tengo muchos amigos que en su día se alistaron noblemente en las filas socialistas porqueentendían que era la mejor forma de practicar la solidaridad en la plaza pública. Hoy con Zapatero están decepcionados, aunque los más orgullosos se abstienen aún de ejercer el voto en sentido contrario esperando el deseado “milagro”.

Pero amigos, acabo, en medio de tantos abismos uno tiene que respirar a fondo para seguir con fuerza. Yo también acudo a la Virgen. No seria lógico mantener en secreto mi convicción después de tanto discurso. Desde hace muchos años me paseo en bici por la sierra de Collserola de Barcelona donde también se erige un santuario. Allí con la ciudad a mis pies y frente a Santa María de Collserola analizo la conveniencia de mis peticiones y doy gracias por todo lo bueno que nos asiste, incluso a veces y al final me acuerdo de Zapatero.

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