Zweig: El mundo de ayer

Hoy os sugiero un libro que, si queréis, podéis regalar estos días de fiesta. Es El mundo de ayer. Memorias de un europeo, de Stefan Zweig. Pero si antes de entrar en esta extraordinaria y larga lectura deseáis un pequeño aperitivo, os animo a que leáis un divertimento que escribió en 1940, un escritor para una conferencia, titulado “Mortal Beings and Immortal Art” y que con el título castellano de “El misterio de la creación artística” leyó en Buenos Aires. Se puede encontrar publicado en Selección Doce Uvas de la editorial Rialp. Es un relato corto, 40 páginas en libro de bolsillo, que leeréis en abrir y cerrar de ojos.

Un músico con unas cuantas notas hace una melodía…, un pintor con siete colores hace un cuadro inolvidable…, un poeta con un centenar de palabras hace un poema inmortal. Aparentemente no han hecho gran cosa… pero han creado algo más persistente que la madera de la mesa, que las piedras de una casa o que nuestras propias vidas. ¿Cómo puede, un simple mortal, formar esta obra inmortal? ¿Qué pasó en su interior en estas horas de la creación?… El arte aparece como algo sublime, que supera el hombre y apunta a las esferas de Dios, artista supremo.

Stefan Zweig (1881-1942) nació en Viena en la época del imperio Austro-húngaro y murió, exiliado, en Petrópolis, Brasil. Hijo de una familia judía acomodada (el padre era fabricante textil y la madre hija de banqueros), desde joven se vinculó emocional e intelectualmente a la cultura europea. Vivió las dos grandes guerras. Zweig es un escritor esencial en la literatura del siglo XX europeo. Doctor en filosofía, estudioso de la Literatura y de la Historia, poeta, novelista (El candelabro enterrado), escritor de biografías (María Estuardo, Erasmo, Magallanes), ensayista (Momentos estelares de la Humanidad), dramaturgo (Jeremias), conferenciante (El misterio de la creación artística), traductor (Verlain, Baudelaire) y periodista comenzó a escribir poemas a los 20 años. A los 23 escribe su primera novela.

Cultivó la amistad con muchos de sus contemporáneos (M. Reinhardt, H. Hesse, A. Einstein, M. Gorki, RM. Rilke, A. Rodin, A. Toscanini, J. Roth, T. Mann…), enamorado de Dostoievski: “uno de los más grandes escritores de la historia”, viajero infatigable y pacifista a ultranza, pensaba que sólo una Europa unida triunfaría sobre los totalitarismos. Perseguido por Hitler -que hizo quemar todos sus libros y requisó su domicilio- se exilió (Paris, Londres y New York) al ver el fracaso de un continente desgarrado por el fanatismo y la irracionalidad, donde los intelectuales, poetas, escritores y periodistas ensalzaban los odios en vez de pacificar los mismos: «Habían hecho redoblar el tambor del odio con fuerza, hasta penetrar en el oído de los más imparciales y estremecerse el corazón. Casi todos servían obedientemente a la propaganda de guerra, el delirio y el odio colectivos de la guerra, en vez de combatirla».

Nunca más volvería a Europa, «mi patria espiritual que se ha destruido a sí misma». Casado por segunda vez él y su esposa se suicidaron, por la desesperanza ante la aparente triunfo del nazismo, en su último domicilio del exilio, en Petrópolis, Brasil, después de haber recorrido su exilio por Suiza, París, Londres, New York, República Dominicana, Argentina y Paraguay.

El mundo de ayer. Memorias de un europeo no es, de hecho, un libro de memorias ya que no explica muchas cosas que hacen referencia a él. Es un testimonio atractivo sobre nuestro reciente pasado escrito con una mano maestra por un escritor –desposeído de todo lo suyo, en tierra extraña y con dramáticas situaciones personales- que soñaba una Europa más libre y segura al abrigo de la locura y la tormenta. Un libro capital y necesario para entender la pesadilla del siglo XX y los inicios del XXI.

El mundo de ayer es un libro de lectura obligada. La capacidad narrativa de Zweig, la delicadeza en la descripción de los sentimientos y la elegancia de su estilo, lo convierten en un narrador fascinante. Tiene páginas que si no sabes que están escritas en la sombra de la segunda guerra mundial parecerían textos actuales. En copio un texto:

Chicos de once y doce años en grupos organizados y sexualmente bien instruidos cruzaban el país en dirección a Italia. En las escuelas se creaban soviets escolares que controlaban los maestros y invalidaban los planes de estudios para aprender sólo lo que ellos quisieran. Se rebelaban contra toda norma existente, aun contra los designios de la naturaleza, como la eterna polaridad del sexos La homosexualidad y el lesbianismo se convirtieron en una gran moda no por instinto natural, sino como protesta contra las formas tradicionales del amor, legales y normales.

También esta manía de presumir de radicales y revolucionarios llegó al arte. La nueva pintura enterró Rembrandt, Velázquez y Holbein y experimentó el cubismo y el surrealismo. En todas partes se liquidó el elemento inteligible: la melodía en la música, la semejanza en el retrato, la comprensibilidad en la lengua. Se suprimieron los artículos determinados, se invirtió la sintaxis, se tiraba toda literatura que no fuera activista…

La música buscaba nuevas tonalidades y dividía los compases, la arquitectura giraba las casas al revés, el vals desapareció, la moda inventaba nuevos absurdos y acentuaba los desnudos con insistencia… en todos los campos se inició una época de delirantes experimentos que quería dejar atrás, de un solo y arriesgado salto, todo lo que había hecho hasta entonces.

Pero en medio de este caótico carnaval ningún espectáculo tan trágico-cómico como el de muchos intelectuales de la generación anterior que por pánico de quedar rezagados se apuntaron a seguir las desenfrenos más notorios. De repente no había más ambición que la de ser joven e inventar una tendencia más actual que la de ayer, más radical, nunca vista…

Una época de éxtasis delirante y de un fraude libertino. Todo lo que era extravagante vivió la edad de oro: el ocultismo, la teosofía, el espiritismo, el sonambulismo, la grafología, la quiromancia… Todo lo que prometía emociones extremas se vendía con toda facilidad: estupefacientes, morfina, cocaína y heroína. Los únicos temas aceptados en el teatro eran el incesto y el parricidio; en política el comunismo y el fascismo, y estaba proscrita cualquier forma de normalidad y moderación.

No sigo os lo dejo para vuestra lectura.

Hazte socio

También te puede gustar

2 Comments

  1. 1
  2. 2

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>