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El Universo no conspira

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Nada es imposible. Si puedes soñarlo, puedes hacerlo. Si deseas algo con mucha fuerza, el Universo conspirará por ti para que lo consigas. Nunca es tarde. Puedes conseguir todo lo que te propongas. Todos tus sueños se harán realidad si tienes el coraje de perseguirlos. Lo mejor está por llegar. Todo va a salir bien.

¿Te suena? Seguro que sí. Habrás leído o escuchado frases como estas cientos de veces. Están en libros de autoayuda, en artículos de crecimiento personal, en boca de tertulianos radiofónicos, están en el ambiente, en ese ambiente blandiblú en el que vivimos. Todas son mentira. La peor, la del Universo. Parece un chiste, una frase sacada de una película de Groucho Marx o de un monólogo de cualquier cómico actual.

Y es que no descubro nada si me atrevo a afirmar que no todo es posible, que no vale con desear las cosas para que éstas lleguen, que los sueños a veces no se hacen realidad, y que con frecuencia las cosas no salen bien. Lo del Universo ya es de chiste. Pero no te puedes imaginar la cantidad de gente que conocí, cuando estudié coaching, que se lo cree. Tú te tumbas a la bartola, y basta con que desees algo con todas tus fuerzas para que lo consigas. No comment, como diría Benjamin Toshack.

Esto no quiere decir que debas caer en el pesimismo, ni rendirte si al perseguir algo que deseas no lo consigues a la primera. La vida es lucha, esfuerzo, renuncia, sacrificio, es trabajo, sudor, y a veces lágrimas. Nada que merezca la pena cae del cielo. Ni el Universo, ni siquiera Dios, te va a dar algo por mucho que lo desees. Dios nos ha hecho libres, y la libertad exige responsabilidad. Si no te responsabilizas de tu vida, Dios no te va a obligar a hacerlo.

C. S. Lewis afirmaba que no puedes volver atrás y cambiar el principio, pero puedes comenzar donde estás y cambiar el final.

Hay otras muchas frases, podría escribir el presente artículo a base de ellas, que tienen mucho más sentido que las anteriores. Decía Picasso que la inspiración existe, pero ha de encontrarte trabajando. C. S. Lewis afirmaba que no puedes volver atrás y cambiar el principio, pero puedes comenzar donde estás y cambiar el final. Tu tiempo es limitado, no lo malgastes viviendo la vida de otra persona. Esta es de Steve Jobs. Un mago del balón, Michael Jordan, afirmaba que algunas personas quieren que algo ocurra; otras sueñan que pasará; sólo algunas hacen que suceda. Viktor Frankl, preso en varios campos de concentración nazis, decía que cuando no podemos cambiar la situación a la que nos enfrentamos, el reto consiste en cambiarnos a nosotros mismos.

Y así podría seguir citando a cientos de autores. Si buscas en Google, puedes encontrar miles de frases motivadoras. Pero al final todo confluye en lo mismo. Los sueños pueden llegar a hacerse realidad, pero hay que esforzarse, y mucho, para conseguirlos. El ser humano no está predestinado, somos libres para cambiar nuestro destino. Pero para eso debemos hacernos responsables de nuestros actos, trabajar sin descanso, estar dispuestos a fracasar muchas veces y a levantarnos otras tantas, a intentarlo una y otra vez, a saber utilizar el pasado como trampolín y no como sofá.

Debemos despojarnos de nuestras excusas y de las narrativas, esos cuentos que nos contamos a nosotros mismos para justificar el abandono y el esfuerzo.

Muchas veces tendremos que desoír la voz de los pesimistas (ellos dicen que son realistas), deberemos dotarnos de grandes dosis de autoconfianza, siempre sabiendo que a menudo solos no podemos y que necesitaremos ayuda de los demás (Di Stefano dijo que ningún jugador es tan bueno como todos juntos). Debemos despojarnos de nuestras excusas y de las narrativas, esos cuentos que nos contamos a nosotros mismos para justificar el abandono y el esfuerzo. Es mucho más cómodo pensar que algo es imposible, que trabajar sin descanso para hacerlo posible. Y no, no estoy diciendo que todo sea posible. No pretendo contradecirme y justificar las frases que empecé rebatiendo. Hay que saber discernir cuándo algo puede ser y cuándo no es posible. Pero si no hay esfuerzo, no hay resultado. No pain, no gain, que dirían los ingleses.

Un ejemplo de ello lo vimos el ocho de mayo de 2024 en el estadio Santiago Bernabéu. Se enfrentaban el Real Madrid y el Bayern de Múnich en semifinales de la Champions League. No pretendo aquí hacer gala de mi madridismo, pero el Real Madrid suele ser modelo de lucha y perseverancia, de creer hasta el final. Corría el minuto ochenta y siete, y el Madrid perdía por uno cero. No contra cualquier equipo, sino contra el Bayern de Múnich, un hueso duro de roer, una bestia negra del Madrid en no pocas ocasiones. Lo normal hubiera sido bajar los brazos y pensar, otro año será. Sin embargo, esa no es la mentalidad del club de Chamartín. Cuando los alemanes ya se veían en la final de Wembley, cuando el antimadridismo ya se relamía, éramos muchos los que sabíamos que contra el Madrid, y especialmente si juega en el Bernabéu, los partidos no terminan hasta que el árbitro pita el final. Y así fue. En tan sólo tres minutos el Madrid le dio la vuelta a la sartén. Y lo hizo con goles de Joselu, ese canterano que tantas alegrías dio al madridismo aquella temporada, dando así otro ejemplo de lo que a veces ocurre en la vida.

En ocasiones hay que dar un rodeo, porque no siempre el camino recto es el mejor. Cuando las cosas no salen como queremos, a veces la solución no es abandonar, sino explorar otras alternativas para llegar a la meta. Joselu recaló en la entidad blanca allá por el año 2009, en categorías inferiores. Más tarde subió al primer equipo, pero no logró triunfar. No le quedó otra que buscarse la vida lejos del club de sus amores. Siempre con la vista puesta en el regreso. Y así fue. Su trabajo y su esfuerzo le trajeron de vuelta y pudo, por fin, hacer realidad sus sueños en una noche realmente mágica para él y para todo el universo madridista.

no es cierto que todo sea posible, hay que aprender a discernir qué es y qué no lo es

Resumiendo: no es cierto que todo sea posible, hay que aprender a discernir qué es y qué no lo es. A veces es fácil saberlo (yo nunca podré jugar en la NBA) y otras no lo es tanto. Ante la duda, lo mejor es intentarlo. Y saber que el lenguaje crea realidades. Si me digo que no llegaré, no hay duda de que no llegaré. Sabiendo también que el mejor momento es ahora, y que los ya lo haré cuando acabe la carrera, o cuando me case, cuando tenga un hijo, cuando cumpla cincuenta años, cuando consiga un mejor trabajo, o cuando me echen del que tengo ahora, no son más que excusas cobardes.

Tampoco es cierto que todo saldrá bien. Lo importante es saber levantarse y seguir cuando las cosas salen mal. Y aceptar con deportividad las derrotas, sin echar la culpa a elementos externos (es la mejor forma de no aceptar la responsabilidad y, por tanto, no poder encontrar puntos de cambio y de mejora). Volver a intentarlo, o cambiar de meta cuando, objetivamente, no es posible esa que se nos resiste, pero nunca rendirse ni decir no puedo. No digas no puedo, al menos hasta que lo hayas intentado, una y otra vez, y sepas, de verdad, que no puedes. Entonces, no te rindas. Simplemente, toma otro camino.

No digas no puedo, al menos hasta que lo hayas intentado, una y otra vez, y sepas, de verdad, que no puedes. Entonces, no te rindas. Simplemente, toma otro camino. Compartir en X

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