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Geopolítica educativa (XI)

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Lo prometido es deuda. Lo decíamos al final del artículo anterior, ahora lo desarrollamos juntos un nuevo viernes que de nuevo nos presenta la puerta. ¿La abrimos? Querido hermano, mi querida hermana del alma: Tu sentimiento de culpabilidad y tu empecinado reconcomio de omnipotencia te delatan; decidámonos a dar el paso que debemos dar, cada uno respetando la vida de cada cual. Dios nos está llamando, y todo indica que se está cansando de esperar; puede que mañana la puerta ya no se abra. Y sobrevendrá la destrucción, con una hecatombe que no dejará piedra sobre piedra.

No todos somos iguales, y nos debemos honrar, unos pidiendo perdón y otros perdonando; todos, amando. Sí lo somos en dignidad, que nos da unos derechos y unos deberes que debemos respetar; acojamos juntos el espíritu de nuestro tiempo que pasa; estamos a punto de perderlo. Perora, labora y educa, pero no impongas; respeta la libertad, el nivel y el poder de cada cual. Porque, aunque en nuestro artículo del viernes pasado demostramos con hechos que querer es poder, cada acontecimiento y cada nivel forman su propio eslabón de una misma cadena… que tanto si se quiere como si no, si no nos implicamos todos (cada uno en su lugar y según el tempo de cada cual) se puede romper, en especial cuando uno pretende salirse de él y ser lo que no es.

Acompaña. Camina al lado como peregrino. No quieras andar por los que no saben adónde van y que no caminan (quizás no pueden, ayúdalos). Si lo hicieres, si anduvieras lo que no te toca, te harías deudor de la ineptitud, la imposibilidad y la holgazanería de tu hermano y, al completar un tramo en que tu acompañante se sienta llegado, se creerá el rey e irá a por ti, orgulloso de su falsa conquista y enemigo de su inductor (que no instructor). No solo no aprenderá, sino que tú serás el conquistador conquistado, y él, tu verdugo (vacío, sucio, maloliente. Vengativo). Entonces, te abrirá en canal y te dejará cual despojo infame en las cloacas de su averno. Anda por ti. Enseña con pasión. Ama con delicadeza y consistencia. Proclama la Verdad. Inspira. Pero no hagas el camino de nadie.

Sin Verdad no somos nada. El sueño no es ni verdad ni mentira; el sueño es. El sueño no se alcanza si no se vive, si no se ayuda, si no se ama. No se vive, porque no se lucha; si no se ayuda, no se merece; cuando no se ama, no se es amado. Pero atención: se rompe si se comparte con el enemigo, y así se pierde y se malogra. A veces, para siempre.

Entre la ley y la vida

“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar” (Antonio Machado). ¡Y atento!: allí, entre la maleza, a menudo acecha el enemigo que permanecía agazapado a tu espera. No temas. Si amas, si vives, si ayudas, encontrarás las pisadas de una libertad que te abrirá paso entre las zarzas. Abre los ojos, y camina, decidido. Sólo camina, y quien quiera, que te siga; no fuerces nada ni a nadie, porque quien duerme se asusta con el fragor de la batalla; el que lucha, arrostra los peligros, y los supera y aventaja. Así, tú muestra sólo lo que conviene. Y avanza.

Disfrutar del proceso. Ese es un aspecto crucial de la lucha contra el miedo y las propias limitaciones. Si nos focalizamos en la resolución pero no caminamos, nada conseguiremos. Pero si nuestro foco está en la resolución y damos los pasos adecuados para llegar a ella, un día llegaremos a término… o al menos en el proceso podremos haber descubierto el paraíso que buscábamos, u otro mejor (recuerda: “querer es poder”).

Avanza, te repito. Susurra al débil, aviva al fuerte; da, y no esperes nada; solo la vida es capaz de darte, y te lo da cuando el momento ha llegado: es Dios que te devuelve lo que tú has regalado con desprendimiento, y te lo devuelve con abundancia, con Amor de Padre, no como las ratas.

Lo sabías. Dios estaba ahí, detrás del enemigo −celando, guardando, velando−, y te ha salvado. Las ratas, al contrario, siempre que hayas cumplido con la ley de la vida, seguirán rebuscando el queso del vecino −el tuyo−, pues no saben hacerse con él por su propia cuenta; seguirán tratando de comérselo y seguir durmiendo en su guarida, dejándote fuera desdeñado, en las cloacas, cual pingajo maloliente y abiertas tus entrañas. No tienen valía, solo sueñan… y seguirán soñando. Procura que no lo hagan a tu costa. Serían los eternos niños que tú habrás creado. Deja que cada cual consiga por sí solo, y se hará fuerte. Si fuerzas, siempre rompes y provocas heridas, que contra ti se abrirán un día.

Desfallecen solas. Las ratas duermen toda la noche y todo el día, sin distinguir la luz de las tinieblas. Y un día desaparecen o fallecen. Ley de vida. Es aquello de “el gato que sueña con ser león debe empezar por perder su apetito por los ratones”. Por ello, no busques con ellas el entendimiento, es una quimera: no saben qué es verdad ni qué es mentira; solo quieren que te las mires. Pues también hay quien dice que “discutir con un tonto demuestra que hay dos”. Plántate. Quien quiera venir contigo, que venga; quien no, que se quede. ¿Pena? ¡No más que la utopía!

En la lucha, no existe el vencedor que no se vence. ¡Véncete! Nada pierdes, porque nada tuviste: eras tú el que soñaba, y ahora eres tú el que despiertas. Ahí, en la meta, te encuentras a quien sabe y olvidas a quien olvida. Allí el tiempo se para, y tú empiezas… porque es Dios mismo que te abraza como te prometía. Ahora, sé consciente, no repitas las andadas. Aprende.

Dar la mano al sediento, enseñarle a beber

Educando hemos aprendido, pues nada se aprende si no se vive. En casa. En el cole. En la universidad. En la empresa. En el congreso… ¡En el mundo! No hay mejor geopolítica que la que se gana dando sin esperar. Hay charlatanes “maestros” de pacotilla y maestros de vida. Los primeros, fuerzan; los verdaderos, inspiran. Camina, aprende y enseña, pero sé desprendido: no hay nada ni nadie que te pertenezca… so pena de perderlo todo −tu propia vida−, como ella misma enseña.

Twitter: @jordimariada

Susurra al débil, aviva al fuerte; da, y no esperes nada; solo la vida es capaz de darte, y te lo da cuando el momento ha llegado. Compartir en X

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