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‘Gran Torino’, una película cristiana

‘Gran Torino’, es antes que nada una gran película que hace honor a la filmografía de Clint Eastwood como director. A su vez es una recuperación de la historia que casi siempre nos cuenta, la de un hombre solo que se enfrenta a la adversidad, con un cierre de toda la acción que en este caso no culmina con la venganza justiciera, como en ‘Sin perdón’, o la muerte compasiva con que nos es presentada la eutanasia en un ‘Million Dollar Baby’, sinoen el sacrificio personal expresado en clave cristiana.

Clint Eastwood como actor siempre ha compuesto personajes de una gran dureza hacia los demás cuyo fundamento era el de la justicia impartida por su propia mano. Empezó así en aquellos ‘spaghetti western’ que se rodaban en tierras españolas en los años setenta, ycontinuódespués enla serie de ‘Harry el sucio’. La culminación de este periodo, el de una mala entendida venganza bíblica, se encuentra en una pieza que ha pasado a la historia del western, ‘Sin Perdón’, en este caso ya no sólo interpretada sino dirigida por él. Dureza de carácter, rechazo del afecto que vaya más allá de una relación entendida como muy viril de la amistad, la violencia como catarsis justiciera, todo esto son componentes de su filmografía como actor y también en parte como director, si bien en este caso todos los personajes ganan en profundidad humana, en textura, característica propia de una buena dirección: la transformación de los personajes de guión en seres que asumimos como de carne y hueso.
En toda su filmografía la presencia del hecho religioso no existe o es absolutamente anecdótica en la trama, excepto en dos films: ‘Million Dollar Baby’ y el último ‘Gran Torino’. En el primero de ellos, el intento de búsqueda del consuelo en la Iglesia no alcanza ningún resultado. Hay una presencia del hecho religioso, católico para ser más precisos, con el que el personaje de Eastwood en su papel de viejo preparador de boxeadores mantiene una relación muy personal con la Iglesia, pero relación a fin de cuentas, hasta que situados en el punto álgido de la tragedia dicha relación se rompe, la rechaza. Era tenue y le sirve de muy poco. Es, eso sí, la primera vez que aparece un contenido claramente religioso.
Muy distinto es el caso de ‘Gran Torino’, que se asemeja al fin de una historia, la eterna historia contada una y cien veces, pero que culmina en una expresión religiosa en el marco del catolicismo. Cómo Eastwood ha llegado hasta ahí no lo sé, pero su evolución del nihilismo justiciero, pasado, por el compasivo, donde la religión aparece como un interrogante que no culmina hasta llegar a la plenitud de ‘Gran Torino’, es digna de una atención que hasta ahora no ha tenido.
Parece como si todos sus héroes, malcarados, eficaces, que se ven casi obligados a ayudar al débil en contra incluso de su propia voluntad, pero que una vez metidos en el asunto lo llevan hasta sus últimas consecuencias, todo esto, parece concentrado en nuestro nuevo personaje, Walt, un hombre de más de 70 años que luchó en la guerra de Corea y que mantiene vivo este espíritu bélico, violento a pesar de su avanzada edad. Un hombre que después de la muerte de su mujer aparece como aislado, incluso de sus propios hijos, viviendo solitario en un barrio que ha ido siendo ocupado por familias de inmigrantes que él rechaza con desprecio. Es como si el protagonista, el marine de ‘Sargento de hierro’, tuviera 20 años más en sus espaldas. Pero dentro de la misma lógica en la que el héroe solitario, que en esta ocasión se encuentra aquejado por todas las limitaciones de la vejez, vuelve a enfrentarse al mal involuntariamente para defender a aquellos a quienes despreciaba, o que en todo caso le importaban muy poco.
Pero en esta ocasión, la película presenta un entorno y una guía distinta. El catolicismo se hace presente desde casi el primer momento de una manera natural sin estridencias, de la mano de su mujer fallecida y del joven sacerdote a quien ella encargó intentar que su marido volviera a la confesión. De buen principio, cuando el funeral de la mujer, la condición religiosa no aparecerá como un elemento mas de la tramoya, sino como la parte substancial de la narración, la que le otorga la lógica del desenlace, donde la venganza es substituida por la justicia construida a partir del sacrificio personal.
Cuandoen la primera parte del film el joven sacerdote le dice al protagonista que su mujer le ha hecho encargo de pedirle que se confiese y insiste en ello, y él lo rechaza, el cura le dice: “pero tú ibas a misa los domingos”; y él le contesta “sólo para acompañar a mi mujer”. Pero la relación con el sacerdote, un joven a quien Eastwood desprecia precisamente por su juventud y falta de experiencia, y al que critica por hablar de la muerte sin tener idea de lo que significa, constituirá un elemento de referencia que sirve para el engarce final.
Clint Eastwood en esta ocasión también va a hacer justicia, pero la buscará a través de su sacrificio personal. Desaparece el sentido de la venganza, y la resolución del conflicto, consiste en la entrega de una víctima propiciatoria, él mismo. La película sólo resulta inteligible si el desarrollo y desenlace es leído bajo una lógica cristiana donde brota el amor a las personas a través de un acontecimiento personal, de un encuentro, en este caso con el prójimo, sus vecinos inmigrantes, que le lleva a una reconciliación con Dios -la confesión- no solo por el encargo de su mujer, sino como preparación para el acto definitivo. Nuestro hombre se prepara una vez mas, como en otros films para afrontar la muerte, pero en esta ocasión tal preparación incorpora la necesidad de reconciliarse con Dios.
El sentido del hecho religioso, el ejemplo del sacrificio redentor entendido en clave cristiana pero contado en el lenguaje de Eastwood, construye una pieza memorable de buen cine capaz de presentar la vidaagria y dulce a la vez, trágica en sus consecuenciaspero redentora y portadora de sentido para él y para sus amigos.
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