El “aprobado con asterisco”, práctica habitual en la ESO para minimizar el fracaso escolar

El marco legal educativo vigente en España, la LOGSE, establece que los alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) pueden pasar al siguiente ni…

El marco legal educativo vigente en España, la LOGSE, establece que los alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) pueden pasar al siguiente nivel con un máximo de dos asignaturas suspendidas, un requisito que había sido modificado en 2002 por la Ley de Calidad (LOCE) elaborada por el Gobierno anterior, al contemplarse nuevamente la repetición del curso, pero que quedó derogado por el actual en 2004, pocas semanas después de las elecciones ganadas por el Partido Socialista. A partir de esta pauta incluida en la actual normativa, y previsiblemente también en lo que será la nueva Ley Orgánica de Educación (LOE), está también regulada, “para casos excepcionales y sin el apoyo del profesorado”, la posibilidad de dar el ‘aprobado con asterisco’ a materias que, pese a merecer el suspenso, la Junta de Evaluación considere que podrían quedar algo así como “dispensadas para que el alumno pase de curso o, en el caso de cuarto, obtenga el título de ESO”. Así lo explicaba este miércoles el presidente de la Asociación de Catedráticos de Instituto de Cataluña, Felipe de Vicente, en declaraciones a ForumLibertas.com.

 

En este sentido, el catedrático denuncia que “lo que debería ser una puntualización de tipo excepcional, porque así se dice oficialmente, está convirtiéndose en práctica habitual; es decir, hecha la ley, hecha la trampa”. Por tanto, en muchos institutos y centros concertados, los profesores que se reúnen para evaluar están poniendo con mucha frecuencia aprobados con asterisco para dejar constancia de que esa materia está, en realidad, suspendida. Para la administración, la señal no tiene ningún valor porque nota ya indica, por sí misma, que el alumno ha superado la asignatura. El asterisco es un aviso que sirve, tanto a los padres como a los propios enseñantes, para dejar constancia de las reservas.

 

“El aprobado con asterisco, que está aumentando de manera espectacular, es una humillación para el profesor, que además queda desacreditado, y un engaño para todos: estudiantes, padres y comunidad educativa”, afirma Felipe de Vicente. Según él, a muchos padres “ya les va bien que se haga esto, porque así sus hijos no tienen que pasar por el mal trago, lo cual es la mejor muestra del engaño, pero cada vez son más, por otro lado, los que denuncian la realidad”.

 

Ciertamente los padres no son ajenos a lo que, para De Vicente, “es simplemente el premio que los políticos conceden al no esfuerzo”. Un ejemplo es el mensaje que una madre transmitía a través de una carta publicada por el diario LA VANGUARDIA este martes. Decía concretamente que uno de sus hijos le había comentado recientemente que no tenía sentido “esforzarse durante todo el año si, al final de curso, el resultado es el mismo para todos los estudiantes”. Y recogía una valoración muy significativa del propio hijo: “A lo mejor me saldría más a cuenta no hacer nada y presentarme a un único examen final”. Ante esto, la madre se pregunta: “¿Cómo es posible que estudiantes con siete y ocho asignaturas suspendidas pasen de curso?”.

 

¿Algún médico diagnosticaría “con asterisco”?

 

Refiriéndose a toda esta situación, Felipe de Vicente denuncia que, “con estas asignaturas suspendidas que se aprueban a través del asterisco, la cifra de alumnos que no aprueban la ESO sería muy superior al casi 30 por ciento que se da oficialmente, hasta el punto de que superaría la mitad”. El catedrático lamenta que, “con prácticas como éstas, se demuestra que la educación no es importante para los que nos gobiernan”. Y pone la medicina como ejemplo de referencia, al asegurar que “a ningún responsable político se le ocurriría establecer por ley que un médico pueda hacer diagnósticos con asterisco para que el paciente no tenga que pasar por el quirófano, y todavía menos que sea una práctica habitual”.

 

Como conclusión, De Vicente insiste en su denuncia de que, “para los que gestionan la enseñanza en España, la educación no es importante. Si lo fuese, este criterio la situaría al mismo nivel que la medicina u otros ámbitos en los que no se daría lo del asterisco, que es, en definitiva, el reconocimiento implícito del fracaso de un sistema”.

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