Diversas investigaciones científicas han mostrado que el lenguaje positivo y la actitud optimista tienen un impacto directo en la salud y la longevidad.
Uno de los estudios más conocidos —el Nun Study, realizado con comunidades religiosas católicas en Estados Unidos— descubrió que las monjas que escribían con un tono vital y esperanzado en su juventud vivían, de media, más años y mostraban menor riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Es decir: cuidar cómo hablamos también cuida nuestra mente y nuestro corazón.
Las palabras que construyen
Esto lo comprobamos cada día. Las palabras pueden desgastar o construir, apagar o encender. A veces, sin darnos cuenta, caemos en expresiones de cansancio o frustración:
“Hoy no puedo más.” “Esto es imposible.” “Ya lo he repetido mil veces…”
Y, sin embargo, un simple cambio de tono puede transformar la mirada:
“Hoy ha sido un día difícil, pero seguimos aprendiendo.” “Gracias por tu esfuerzo, cada día lo haces un poco mejor.” “Vamos a intentarlo juntos, seguro que sale bien.”
Las palabras crean ambiente, modelan actitudes y dejan huella. No solo en los niños, también en nosotros, los adultos.
Ser presencia luminosa
En el Nun Study, los investigadores hablaban de aquellas religiosas con una “presencia luminosa”. Y todos conocemos personas así: un profesor, un familiar, un amigo…Personas que nos hicieron sentir importantes, escuchados, capaces.
Decía una frase que me encanta:
“En tu vida tendrás más de cien profesores, pero solo recordarás a cinco.”
Y quizá podríamos ampliarla: también recordamos a esos padres y madres que educan con ternura, que corrigen con respeto y que enseñan con el ejemplo.
Palabras que educan
Cuidar el lenguaje no es solo cuestión de estilo: es una forma de educar en el respeto, la empatía y la alegría. Seremos personas positivas —y educaremos en positivo— cuando
Nuestra sonrisa invite a confiar.
Escuchemos antes de responder.
Valoremos el esfuerzo más que el resultado.
Celebremos los logros, por pequeños que sean.
Hagamos sentir a cada niño y niña que importa.
Un colegio, un hogar que habla en positivo
En nuestro entorno queremos seguir construyendo un clima donde las palabras sanen, animen y motiven, donde el lenguaje sea una herramienta de esperanza, de crecimiento y de fe compartida.
Ojalá que la frase amable que decimos a un alumno, a un compañero o a nuestros propios hijos alargue no solo la vida, sino también el sentido de nuestra tarea educativa y familiar.
Sigamos hablando con esa luz que da sentido a lo que hacemos, cada día, juntos.







