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10 claves de lo que vamos a elegir el 23-J

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  1. Estas elecciones no tratan solo de un determinado plebiscito sobre el sanchismo en el que incurren muchos y heterogéneos factores de rechazo, sino que, además, se trata de un tour de force por parte del feminismo de género y de los grupos de las políticas de la identidad LGBTIQ, para demostrar que su hegemonía política y cultural responde realmente a su fuerza electoral y no es un globo inflado desde el propio poder político y económico.
  2. La presumible alianza entre PP y Vox ha tenido como efecto que todos aquellos grupos actúen ya claramente como lo que son: organizaciones políticas que persiguen imponer una ideología, que poco tiene que ver con la antropología natural. En este contexto, el feminismo de género, que ataca al hombre por el hecho de serlo, sigue presente en la medida que es útil para demoler la concepción cultural y antropológica, pero es secundario ante el empuje trans y la ideología queer, que en mayor medida asumen las generaciones más jóvenes. La palabra queer, significa ‘desestabilizar’ normas En términos generales, descalifica la heterosexualidad (también llamada “heteronormatividad”). Se trata de terminar con lo que llaman binarismo, es decir una sociedad ordenada en torno a los hombres y mujeres, su unión y descendencia y el carácter determinante de su condición natural. El hecho de nacer hombre o mujer.
  3. Esta ideología que desarrolla la concepción queer tiene en la palabra “género” el concepto polimorfo que le ha permitido progresar en la confusión. Tanto vale para un fregado, la igualdad entre hombres y mujeres o la opresión del patriarcado, como para un barrido. No existe tal cosa como hombre o mujer, que son construcciones culturales propias del binarismo, sino que cada ser humano puede ser a lo largo de su vida lo que desee, secuencial o simultáneamente. Esta concepción tiene en las personas trans su caballo de batalla político, y por eso su relevancia mediática, a pesar de su marginalidad numérica en la sociedad. De la misma manera que el feminismo de género lo tiene en el feminicidio de pareja como una “demostración» de que los Hombres matan a la Mujeres por el simple hecho de serlo. Una sola comparación -siempre son odiosas-: El número de homicidios de personas ancianas triplica los feminicidios. ¿Han leído una sola línea, visto una imagen, escuchado un cometario, de por qué hay tantos homicidios de ancianos ante la mas total de las indiferencias? Y es que el escenario de la violencia, la discriminación y el victimismo ha de quedar saturado por aquellos grupos, dejando poco o ninguna atención para los realmente necesitados.
  4. El triunfo electoral de Sánchez significaría un reforzamiento inusitado de todas las políticas de rediseño de la sociedad para reducir la condición masculina -declarada sospechosa habitual- y la femenina, a los mínimos. Sería el empuje definitivo a este tipo de políticas que han convertido a España en una avanzada mundial, de la mano de Rodríguez Zapatero y Sánchez, y ante la estulticia del Partido popular.
  5. Pero, atención, el gobierno de Feijóo no significaría la reversión de este proceso; como mucho algunos retoques, como lo señala el hecho de que ya ha empezado por asumir que el aborto es un derecho, de acuerdo con la sentencia espuria del TC, sin atender a la primera sentencia, que consideraba los derechos del nasciturus. Esta es una cuestión totémica. El aborto es el tótem de la decadencia europea, incluso en los términos más materiales y concretos. El déficit vegetativo español que se acerca al orden de magnitud de cien mil personas, como diferencia entre nacimientos y defunciones, es equivalente al número de abortos anuales.
  6. Lo único que se consigue con el PP es que el proceso de ingeniería social no progrese con nuevas leyes y políticas más favorables, pero en contrapartida, como ya hizo Rajoy, asentará las que ya existen.
  7. Esta posición del PP, mucho más liberal que conservadora, no solo se da por comodidad electoral, sino debido a lógicas más profundas. Dos libros de autores situados a la izquierda lo explican muy bien. Uno es Tiempos de Confusión de Josep Burgaya. Su tesis puede resumirse en estos términos: el desarrollo material permitió a las sociedades occidentales ocuparse de cuestiones que trascendían el ámbito puramente material, con el género y la orientación sexual como gran tema. Estas sociedades han quedado divididas en infinidad de identidades particulares. La izquierda intenta dar respuesta a todo ello atrayendo a sus individuos, levantando la bandera de la diversidad y la corrección política, y penetrando así “en una jungla con múltiples frentes con frecuencia contradictorios”. Es, dice el autor, la guerra cultural, olvidando que la razón de ser de la izquierda es la conquista continuada del bienestar, que se ha perdido a través del capitalismo de la globalización. Señala que las nuevas derechas han leído mejor la situación y ofrecen respuestas a los efectos negativos de esta globalización de la élite liberal, que arroja a las gentes a la inseguridad y a la falta de solidez material y espiritual. Reclama Burgaya el retorno a los fundamentos, a las cuestiones económicas y sociales, eliminando los excesos de esta guerra cultural, que en realidad puso de boga el neoliberalismo a partir de los años 80 para distraer al personal mientras implantaba su agenda política y económica. Hasta aquí el primero de los libros.
  8. El otro, de Stuart Jeffries: Todo, a todas horas, en todas partes, enlaza con aquel final, y viene a contarnos, si bien de una forma poco articulada, porque una suma de pequeños relatos no significa un gran relato, que la génesis de esta concepción se encuentra en la cultura posmoderna surgida bajo la estrella del neoliberalismo, una ideología económica global que tiene héroes en todos los lados del espectro político.
  9. Existe una alianza objetiva, lo he comentado en otras ocasiones, entre el liberalismo de las élites de la globalización, la socialdemocracia y la post izquierda de género. Consiste en desplazar el debate sobre el modo de producción a otro sobre el modo de vida basado en el género y las identidades sexuales. Este desplazamiento significa, también, resituar el debate sobre la igualdad de aquello que afecta a las cuestiones materiales objetivas, a la de los deseos y sus relaciones entre hombres y mujeres. La izquierda debería ver como una burla que el Ministerio de Igualdad no tenga la más mínima competencia económica, pero, por el contrario, defiende su existencia a capa y espada. Este solo hecho explicita muy bien la desorientación en la que vive y el por qué las políticas que desarrolla, en realidad son aquellas que interesan al liberalismo de la globalización y, por lo tanto, a gran parte de las grandes empresas. Ningún grupo empresarial, ningún lobby económico, empujará al Partido Popular para que reduzca el aborto, proclame el derecho a la vida y lo ejerza, limite toda la destrucción antropológica y social, que está significando la perspectiva de género. Limite los privilegios legales, políticos, económicos e identitarios que han convertido sus banderas en equivalentes de la propia bandera del país.
  10. Ante todo esto, solamente cabe una respuesta: la organización de la corriente social que sea capaz de organizar, proponer, movilizar para frenar la transformación, si el poder continúa en sus manos, o incidir con fuerza en el Partido Popular y Vox, sobre todo en el primero, si terminan ganando,  para que entiendan que su gobernanza flaqueará si lo único que hacen es dar continuidad a lo que dicen querer derogar: el sanchismo.

@jmiroardevol

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2 Comentarios. Dejar nuevo

  • Messerschmidt
    5 julio, 2023 23:17

    En realidad sería necesario plantear estos temas en el interior de todos los partidos políticos, tanto de izquierda como de derecha, pues es muy posible que en ambas tendencias haya personas descontentas con esta situación, al margen de que izquierda y derecha son conceptos cada día más borrosos. Ahora bien, si desde posiciones católicas se quiere crear una corriente que impulse un cambio de rumbo, hay que empezar por casa. La propia Iglesia pasa por circunstancias críticas. El concepto de «capitalismo inclusivo» promovido desde Roma es simplemente un circunloquio para no decir neoliberalismo globalizador con maquillaje «buenista», muy alejado de la verdadera inquietud por los problemas sociales. Con respecto a los asuntos de «género» estamos en las mismas, sino peor. Sería trágico que desde el propio catolicismo se atacara por la espalda una iniciativa como la propuesta, algo que, desgraciadamente, no se puede descartar.

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  • Hace dos años y pico devolví a la Comunidad de Madrid el diploma y la insignia de plata con que fui obsequiado por los años de servicio público prestado. Adjunté una carta explicando los motivos de mi decisión. Son los que este artículo desarrolla perfectamente (recuérdese que las leyes de género madrileñas se remontan a 2014). Aún no sé si el profesor de Biología de Alcalá de Henares, expedientado por afirmar en clase que científicamente solo hay dos sexos, ha sido readmitido en su instituto o en otro.
    Mi confianza en el Partido Popular es escasa y los antecedentes incluso con mayoría absoluta no me hacen pensar en algo esperanzador. Además, en efecto, una mayoría social está «acostumbrada» a que todo vale y a pensar en el fondo que aborto, eutanasia, transexualismo, etc. son cuestiones de ámbito privado, sin más. Si mañana el Congreso aprobara el derecho legal al incesto, la sociedad acabaría tragando igual que ha tragado de todo hasta la fecha. No es catastrofismo, es que con la reciente Ley de Bienestar Animal quedan despenalizadas las relaciones sexuales con animales (zoofilia) si un veterinario certifica que el animal no ha sufrido consecuencias físicas de resultas de tales relaciones. Es que se han empeñado en que España ocupe siempre lugar en el podio de la autodestrucción prigresista.
    Para revertir tendencia hay algunos signos como el crecimiento de capillas de Adoración Permanente (diez más en los últimos diez años) o la toma de bautismo, confirmación y comunión de 240 personas adultas en la diócesis de Oviedo hace unas semanas, o la presencia en las redes de sacerdotes y seglares que se han revuelto contra la barbarie y ofrecen generosos datos y argumentos. Pero si hablamos de pedagogía desde el poder civil, se necesitan políticos muy bien formados y con la palabra paciencia bien grabada.
    Todo ello requerirá un cambio fuerte en sectores eclesiales (sacerdotes, diáconos, monjas, monjes, frailes, obispos y arzobispos) cuya mundanización no necesito describir.

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