La consideración está en los medios, impulsada por el llamativo y gran trabajo musical de Rosalía, las manifestaciones musicales y culturales masivas con participación de jóvenes católicos, la presencia de activistas en las redes. Todo esto merece una detenida y pluridisciplinar reflexión, porque de suceder sucede algo, ¿pero exactamente qué?
Como una aportación a un aspecto necesario, pero no suficiente de la consideración, quiero aportar los datos de la serie del Barómetro del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat de Cataluña (CEO) que permite una serie sin rupturas de cambio de metodología como sucede con el CIS de Tezanos (ahora este instituto se ha de adjetivar para separar una época; antes del susodicho y después de él). Como mínimo para la última década, desde el 2014, nos ofrece datos sobre la autodefinición religiosa y el grado de pertenencia o práctica.
Veamos primero el panorama general para enmarcar las conclusiones. La autodefinición religiosa del conjunto de la población.
Desde 2014 hasta octubre de 2025, la población que se declara católica retrocede 4,7 puntos porcentuales y se sitúa en el 50% de la población, pero hay que advertir que la gran mayoría de estas personas nunca acuden a ningún oficio religioso, se declaran católicos, pero sin vinculación efectiva.
Los ateos se reducen en casi tres puntos, mientras que quienes crecen realmente son los agnósticos, el grupo de ni sí ni no. Crecen, en relación con su tamaño modesto, las confesiones cristianas reformadas por efecto de la inmigración en 0,8 puntos, que en términos relativos es un aumento significativo, como lo es el de los musulmanes, que además en el conjunto es posible que la muestra subvalore
Esta es la película general. Ahora bajemos a los jóvenes del 18 a 24 años en cuanto a su adscripción religiosa.
Lo que nos dicen los resultados es que los católicos reducen su presencia entre los jóvenes 4 puntos, pero los ateos caen nada menos que 18 puntos, de manera que si en 2014 había casi dos ateos por cada católico, ahora la relación se ha reducido a 1,3.
Dos hechos relevantes son el crecimiento del agnosticismo en 11 puntos y el Islam, que de la marginalidad se sitúa en un 7,6%, una proporción muy superior a la del conjunto y prácticamente igual a los cristianos reformados. El conjunto agregado cristiano se mantiene en cifras equivalentes a las de 2014, mientras el ateísmo pierde gran parte de su fuerza entre los jóvenes y la inmigración muestra ya la presencia de una juventud musulmana numéricamente significativa.
Pero hay algo más y es ahí donde reside la importancia del cambio. Ya he apuntado al inicio que la sola autocalificación como católico significa poco, porque la mayoría son en la práctica indiferentes; tienen una vinculación nominal a retener porque existe, pero que es extremadamente débil.
Y es ahí donde se ha producido la gran transformación.
Asistencia a oficios religiosos (18 a 24 años)
En 2014 los jóvenes de 18 a 24 años estaban prácticamente desaparecidos del culto, del vínculo eclesial. Eran una magnitud marginal, hoy superan uno de cada cinco en la proporción y son junto con la gente de más edad el grupo que más practica. Esto, para los que como mínimo acuden una vez a la semana, pero si ampliamos un poco la restricción y aceptamos que quien acude mensualmente posee un grado de vinculación remarcable, entonces la cifra alcanza a uno de cada tres jóvenes.
Es un gran cambio, que obviamente registra -porque los datos no lo diferencian- la presencia de musulmanes y cristianos reformados, pero incluso así es una magnitud extraordinaria, que además tiene como correlato la caída bien visible de los que no van nunca a la iglesia. Casi 30 puntos menos en una década. Eso es muchísimo. Es un cambio radical de escenario.
No es que haya más jóvenes que se declaren católicos, es que quienes se consideraban nominalmente católicos han robustecido e intensificado este vínculo, lo han fortalecido enormemente, se han vinculado con mucha más fuerza. Han pasado de la gran distancia, el nunca acudir a nada de la Iglesia a participar de manera intensa o como mínimo regular y si a eso se le añade la caída del ateísmo y el aumento paralelo de una sensibilidad más abierta como la del agnóstico, entonces también por ahí resulta un gran cambio.
Lo que no está tan claro es si la institución eclesial es consciente de lo que sucede y ha empezado a actuar en consecuencia. Me refiero a quienes no llevaban a cabo una buena pastoral juvenil. Mirando casos como el enorme portaviones, teóricamente eclesial y diocesano de la Fundación Pere Tarrés dedicada a los jóvenes, la respuesta no puede ser más que negativa.
Algo habrá que hacer para que toda esta gran transformación no se pierda … Porque además el islam sigue creciendo a causa de la fuerza de la inmigración.
La neutralidad del Estado no significa hostilidad hacia la fe, sino respeto y colaboración. Todo lo demás es ideología. #EstadoAconfesional Compartir en X






