Otro año que se va, como tantos. Otro que seguimos juntos. Dicen que nos ven bien. Quizá sientan ese cariño sereno que refleja mi rostro en ti cuando te ven. Quizá cuando ven a nuestros hijos llenos de esperanzas, nos ven a nosotros. Ahora nuestros chicos, comienzan a levantar el vuelo mientras el sol va quedando a nuestras espaldas. Y desde este lugar casi definitivo al que llegamos, contemplamos felices, el lugar desde el que ellos despegan, ese que tan bien planificamos con renuncias estratégicas en el mapa de nuestros sueños.

Nuestro tiempo se nos ha quedado lento, con recuerdos de tormentas que no eran nada, y nos hacen sonreír. Ya nos da igual lo que pudimos ser y lo que querían los demás que fuéramos. Ahora, al fin te tengo al lado. Ya sólo me importa tu presencia, que es la que hace latir mi mundo, el mundo todo, porque Él todo lo hizo para ti conmigo. Todo lo que abandoné fuera de nuestro mapa, era nada. Quien deshizo la nada, me lo dio todo en ti.

Desde aquel “nunca te dejaré” partimos nuestras vidas en dos. Desde allí intuyen nuestros hijos lo más alto de sus sueños. Ellos, también navegarán bien, en medio de la incertidumbre, de la oscuridad, fijo el rumbo hacia nuestro norte: “nunca te dejaré”

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