Convivir con la realidad

¿Es que te piensas que el coronavirus pasará, como pasa una nube de verano? No, amigo, no. Deberemos convivir con él, como sucede con la gripe y las enfermedades tropicales, pero esta vez globales. Ya será mucho si conseguimos mantenerlo bajo control como hemos hecho con todas ellas. Pero estate atento, amigo del alma, que estamos ante una de “las plagas” de las que habla el Apocalipsis, y me parece recordar que la profecía de Daniel. Por tanto, la “nueva normalidad”, “nueva realidad”, o como quieran llamarle, no tendrá nada de normal, pero será habitual y real como la vida misma.

En cuanto a “nueva realidad”, de eso no hay nada, porque la realidad no ha cambiado más de lo cambiante que ella es ya por sí misma. La realidad es omnímoda y polifacética. Los virus, también. El coronavirus, además, es fatalmente mutante.

En cuanto a “nueva normalidad”, aún lo será menos, pues lo normal es aquello que no contraviene la ley de la lógica, y de eso no hay nada de nada, como muy bien estamos ya entreviendo. Tendremos, pues que ir con los ojos bien abiertos y pies de plomo mientras avanzamos en una zona pantanosa que el cambio climático nos está embarrando, y más nos complicará la existencia.

Lo que parece muy probable es que con ese cambio global de nuestra ecología (del que el climático es una parte no pequeña), más nuevos virus vamos a tener que encarar. Ya no digamos cuando el deshielo del permafrost deje al descubierto bacterias de hace millones de años que están allí tranquilitas congeladas y que con el calor van a revivir, sin hablar de las animaladas de los científicos que pretendan jugar con ellas…, pues nuestro mundo contemporáneo, tal y como es, no está en situación de asimilarlas.

¿Quieres más? Noticia fresca de estos días: “Si la temperatura de la superficie de la Tierra sube tres grados más, ‘no habrá lugar seguro’” bajo la capa del cielo. ¡Y ahí vamos!

Pero eso no es todo. Porque es previsible, también, la diseminación de la mala leche que ya estamos viendo cómo se extiende por doquier. Una mala leche que se alimenta de rencores, falsedades, envidias, intereses, ansias de dominio e ínfulas de colocarse en el centro para ser contemplado con avidez, pues van todos mal asimilados y peor gestionados a causa de la soberbia del ser humano, que lo ciega ante la realidad y que como pecado capital que es, todo lo arrasa…, hasta a sí mismo.

Estemos atentos a realizar la realidad. Pues cuando la mente se eriza, se eriza todo. Tú, también, amigo del alma. Será muy difícil para todos (lo está siendo ya) mantener la calma y la objetividad ante tanto desatino. Tanto si eres de los que piensan que la realidad es lo que la conciencia nos hace sentir, como si eres de los que –decididos ellos y papanatas que repiquetean el cloqueo de la gallina creyéndose urogallos- proclaman que la realidad es lo que se les antoja a cada instante. ¿Lo ves? Es uno de los efectos de los alucinógenos, y más cuando la alucinación se cronifica: entonces hace falta valor para aceptar una nueva realidad: la del ser real. Pero –puñetera ella- la realidad se impone. Siempre. Queramos o no. Y eso vamos a ver.

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