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Esclavo del personaje

Le oí a un famoso hacer referencia a este hecho de la coexistencia de la persona y el personaje. Y me llamó la atención, porque ciertamente se puede crear una pugna inevitable entre estas dos realidades, y la persona puede quedar oculta y ahogada por la fuerza del personaje que en ella habita; y esto puede perjudicar gravemente incluso al ser humano qué coexiste con ellas.

En su hogar, por ejemplo, la persona es la que ejerce sus funciones y allí el personaje debe de estar un tanto al margen. En el hogar, uno ejerce: de padre, de marido, y de todo aquello que hace referencia a la vida familiar.

Allí, uno: no es rey; ni arquitecto de fama; ni torero triunfador y gratamente aplaudido en las grandes tardes; ni ilustre médico cirujano; ni presidente del gobierno…

Allí en el dulce hogar, junto a los hijos, junto a la esposa, uno es: uno más; para que en esa pequeña sociedad en la que tiene que haber: cariño, ternura, colaboración, entendimiento y respeto, ciertamente lo haya.

Al igual debe de suceder con la vida religiosa que ha de tener también su espacio, sin que el personaje avasalle; y en la vida social más cercana e íntima en la que la persona se debe desenvolver con naturalidad sin que la hipotética fama del personaje coma terreno a la cercanía de amigos y conocidos.

Por otro lado, cuando el personaje tiene que afrontar sus tareas, allí, tiene que quedar -un algo- en oculto la persona; aunque la persona no puede quedar totalmente en oculto puesto que esa es la esencia de su ser.

Uno es, ante todo: persona, y provisionalmente durante algún tiempo o en algunos momentos: personaje; siendo las dos realidades muy importantes.

La persona es el centro siempre, puesto que en la persona es donde está viva la realidad de ese individuo qué a la vez es personaje.

La persona tiene en su interior lo esencial del personaje. El personaje se construye sobre la persona y no al revés.

Si elaboramos este gran edificio de persona y personaje al revés, la realidad es un caos impresionante y no una realidad positiva que puede alcanzar una grandeza imponente.

No podemos dejar a un lado: la esencia fundamental, la solidez, la raíz, la misma vida. El personaje solo es el colofón de la gran obra.

En nuestro caso podemos pensar qué puesto que no somos personajes esto no va con nosotros, pero también, puesto que nosotros somos los personajes de nuestra propia historia.

Podemos ser: administrativos, comerciantes, operarios, campesinos… y dar lugar a que esa ocupación sea el centro de nuestra vida, y no atendamos a la persona qué necesita también un cuidado especial, y a las personas que nos rodean que necesitan también su tiempo -como hemos dicho en los casos anteriores-. Por lo tanto, en el caso de personaje ilustre, cómo en el de personaje más humilde, es válido el mismo criterio.

Por lo tanto -unos y otros- adelante en este cometido de no dejar que el personaje acabe invadiendo a la persona.

Y para terminar indicar que todos conocemos famosos -o personas menos famosas- qué hacen de su profesión -o de su actividad- el centro de su vida, el centro de su tiempo; y se olvidan: de su familia, de su entorno, e incluso de sí mismos; con lo cual esto trae consigo un desajuste que cuando uno quiere acordar ya no tienes remedio; y uno acaba  siendo esclavo de esa fama que termina siendo efímera, y que trae consigo la soledad más absoluta, el hundimiento de la persona.

En nuestro caso podemos pensar qué puesto que no somos personajes esto no va con nosotros, pero también, puesto que nosotros somos los personajes de nuestra propia historia Clic para tuitear
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