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Geopolítica educativa (XIV)

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Con solo pensarlo me entra miedo. Me sugiere estar viviendo una pesadilla en vida real. Sueño mal dado entre espinas encapsulado, fascinación de un espíritu propenso a ser seducido por artimañas que le evocan ser encumbrado entre la flor y la nata, sin ser flor ni ser nata. Porque ¿te has parado a pensar que quizás resulte que detrás de esa tu carilla de seda se esconda el diablo encantador de serpientes?

Esta es una carta a un amigo perdedor que se creía ganador. Es una vieja historia la que me explicas, ya muy trillada. Aventuras mil revueltas como huevo en la salsa de un burdel, que transmiten electricidad estática, espanto de huéspedes en castillo encantado, habitado por los mil y un fantasmas que en él te acechan por doquier y te asustan como a cualquiera que se preste a ser embaucado con el halago que encumbra todo orgullo de alma prendada de misterios enrevesados, aunque digas que no quieres creer en ocultismos. Sin embargo, acabas siendo magnetizado −tú y tu entorno− sufriendo daño físico, psíquico y emocional, como rebelión en la casa de papel, papiroflexia de usar y tirar que un día muerde y otro sonríe. ¿No será que vives un equilibrio imposible?

Entiéndeme, hermano, mi hermano del alma. En esta vida no todo es coser y cantar. Por eso, te sugiero que abras bien los ojos y limpies bien tu parpadeo con un colirio que te agudice la mirada; que esponjes tu corazón para hacerle percibir no los sueños que te aterran, sino la realidad que para tantos es bien patente, pues se la trabajan. Porque vives fuera de lugar y no te dejas educar… aunque −lo comprendo− ya sabemos que cuando el que debería ser educado es espantado por el educando, el castillo de naipes se viene abajo. Ese es el momento en el que estamos: la mentira acecha por las esquinas, y quien debería educar pervierte. Porque un día y otro, hacen como tú y salen de ti, y de ellos sales tú.

La dura realidad

“Nada es verdad ni es mentira, todo es según lo miras” −te esparcen como falsos maestros entre sus imberbes pupilos−. Dicen que educan como “responsables de una época crucial”. Su crueldad acecha contra todo hijo de vecino. Todo cuesta, y todo se debe luchar, pero ellos −que lo saben− no les avisan a sus discípulos, que se pierden con ellos día sí y día también. Y así, uno tras otro, los van haciendo caer en la fosa común, donde todos, bacanalizados, pierden su honor y la gloria a la que aspiraban.

La historia es otra. Créeme, el Enemigo está hipnotizando tu realidad entera, tratando de transmudarla en sus embrujos. Y tú te dejas extasiar. ¿Has observado que −como él− estás dejándote llevar por el sensacionalismo de una realidad que vive en otro mundo? ¿Que quizás no sea tanto como promete? Piensa una cosa: la Verdad habita donde la luz alumbra diáfana, fluida en expresión de palabras que siempre manan de la Palabra y a ella se encaminan (Jn 1,1-18). Atiéndeme. Acepta −solo por hoy− que “la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió” (Jn 1,5), y verás nacer la luz del día: aunque te envuelva la oscuridad por todas partes, verás la luz al final del túnel, y hacia ella caminarás.

“Por sus obras los conoceréis”, afirma Jesús (Mt 7,16) en una sentencia demostrada por los días y las noches en que, lejos de luchar, te dejas embaucar. La vida está en ti, y en ti nace o muere. Él −tu Enemigo− lo sabe, y te hipnotiza con su estribillo: “A buen hambre no hay pan duro”. Por hambre, por dejadez has pasado a vivir en un encantorio libidinoso que se te ha transmudado en tráfago para tus cinco sentidos. Te has dejado arrastrar por dimes y diretes, traicionando la educación que te había honrado, y tú, allí, prendado por los placeres del mundo, has sucumbido con tu mundo trocado patas arriba.

Insisto: No hay geopolítica que pueda socorrer al alma discordante, pues la buena educación precisa ser embebida con disposición a ser educada; si no, al alma no la educa ni su madre. Porque me dices: “Si yo hubiera estudiado, sería una fiera”, pero ni has estudiado ni estudias; “Cuando consiga dinero, ayudaré a mi hermano”, pero el pan que tienes no lo compartes ni con él ni con nadie; “Si tuviera una mujer que me quisiera, sería feliz con ella”, pero no amas a quien Dios te pone al lado. ¡Coherencia! ¿No ves que tu vida es una entelequia? ¡Despierta, hermano, mi hermana del alma, Dios te está llamando, y tú le haces oídos sordos! En la vida todo cuesta y tiene el precio del esfuerzo. Y hasta que no hagas lo que Él te manda −con lo que te da−, nada cambiará en tu vida.

Empieza por el principio, que es abrir la puerta y dar tu primer paso hacia los grandes que comparten estadía en la estanza de la buena educación, y entonces, dando paso tras paso, alimentado con el pan de cada día (“bástale a cada día su afán” cfr. Mt 6,34), avanzarás hacia la luz del día, donde −ahora sí−, una vez roto tu ego fagocitador, tu sueño se hará realidad. Y gozarás al ver que te vienen salud, dinero y amor… compartidos con los grandes del Universo. Porque entonces, en esa alcoba sin principio y sin final, inconmensurable como solo Dios, verás a tu Creador que te sacia como Padre de dicha y de bienes, y que Él gobierna −como siempre la había gobernado− tu vida. Y aún le dirás: “¿Dónde estabas cuando te llamaba?”. Y Él te responderá: “Yo te tenía tu regalo preparado, pero tú no venías”. Y renacerás, y tu vida cambiará: serás el que eras, no quien pretendías ser.

Geopolítica educativa (XIII)

Twitter: @jordimariada

Cuando el que debería ser educado es espantado por el educando, el castillo de naipes se viene abajo. Compartir en X

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