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La ignorancia y la libertad

La ignorancia es muchas veces imputable al ignorante. Hay dos tipos de ignorancia: la excusable, que se debe a la falta de medios y oportunidades para solventarla, y la no excusable, que se deriva de la simple desidia, pereza y falta de interés por conocer, teniendo los medios y oportunidades para hacerlo. Esta última es una ignorancia culpable, porque la ignorancia impide al hombre llevar a cabo el comportamiento que mejor conviene a sí mismo y a la colectividad, y con ello deja de hacer el bien que podría hacer si su ignorancia no existiese; por el contrario, las decisiones y acciones basadas en la ignorancia suelen comportar males personales y sociales. Esa ignorancia es culpable e inexcusable, y algún día el ignorante culpable deberá rendir cuentas de su ignorancia, si no ante un tribunal mundano, sí ante uno divino.

Nos enfrentamos a un momento histórico crítico, cuyas consecuencias pueden ser devastadoras en muchos sentidos, y para abordar debidamente tal momento es necesaria claridad de ideas, conocimiento, criterio; en definitiva, lo más contrario a la ignorancia en la que, por lo general, estamos sumidos. La organización política, económica y social de nuestro tiempo no sólo favorece la ignorancia, sino que la necesita para perpetuarse. La sociedad es cloroformizada por todos los medios imaginables. Los medios de comunicación, con esa tele-basura programada para vaciar las mentes de todo contenido crítico y de todo criterio; la pasión desmedida y desordenada por los eventos deportivos; la ingeniería social que configura nuestras mentes mediante un auténtico “formateado” y las rellena de los contenidos que se ajustan a los modelos a los que debemos someternos; el “tsunami” que soportamos diariamente de contenidos publicitarios que excitan nuestro ser más primario; nuestra sumisión al dictamen de la moda en todos los terrenos; las nuevas esclavitudes de la juventud: el móvil, el “chateo”, los video-juegos, el alcohol, la droga; la desaparición de las Humanidades en los planes educativos; el desprecio y la manipulación de la Historia… ¿Para qué seguir?
Sólo mediante un esfuerzo individual, a veces trágico y siempre difícil, es posible liberarse de esa anestesia. Pero la dificultad no excusa la obligación que todo hombre tiene de ser libre, aunque la libertad sea trágica. La libertad es, casi siempre, defender un criterio propio contra el que se nos impone; situarnos fuera, al margen, de la corriente general, y eso no sólo es incómodo, sino muchas veces peligroso. Sin embargo, todo eso sigue sin ser excusa para mantenerse cómodamente en la ignorancia. Quien tiene los medios y la oportunidad para conocer, no tiene derecho a dejar de hacerlo.
Hoy la gente se llena la boca con la palabra “libertad”; exige libertad a tuertas y a derechas, y tengo la impresión de que no sabe lo que pide, o tal vez lo sabe muy bien, pero eso no es la libertad. Imagina que la libertad es la posibilidad de hacer lo que uno quiera, sin restricciones de ningún tipo, y efectivamente, eso es lo que la gente intenta cada vez con mayor afán y con mayor descaro. Pero eso no es la libertad. La libertad exige conocimiento y criterio, y es incompatible con esa ignorancia culpable de la que hablamos. Porque la libertad exige ser capaz de identificar dónde está el bien, tanto el bien individual como el bien colectivo, y ajustar el comportamiento, las acciones y las decisiones a la consecución de ese bien, incluso si ello supone enfrentarnos a la opinión de la mayoría, a los usos generalmente aceptados de una sociedad como la nuestra; incluso si ello supone aceptar el riesgo de que nos señalen, de que nos marginen, de que nos persigan… Es lo que se llama un comportamiento virtuoso, que nunca es acomodaticio. Por eso la auténtica libertad es siempre trágica. Identificar el bien y ser capaz de ese comportamiento virtuoso exige estar en posesión de un criterio moral, lo cual no es posible sin un marco de referencia que defina y proporcione esos principios morales. ¿Cuál es el marco de referencia que puede proporcionar ese criterio moral al hombre de hoy? El marco existe, y tal vez incluso más de uno, pero ¿estamos realmente dentro de él, o lo hemos abandonado como un trasto viejo e inútil en la trastienda de nuestra mente?
La ignorancia –por lo menos esa ignorancia no excusable – hace imposible la verdadera libertad, y hoy el mundo se confabula para mantenernos en la ignorancia, que es la forma más segura de privarnos de esa libertad que, de existir, pondría en cuestión los principios por lo que ese mundo se rige, y nos engaña con el señuelo de una patética parodia de libertad que es precisamente la mayor de las esclavitudes. Se da la curiosa paradoja de que hoy el mundo es más esclavo que nunca, y sin embargo se siente más libre que nunca.
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1 Comentario. Dejar nuevo

  • Inty villarroel
    19 diciembre, 2020 07:36

    Gracias por este conocimiento. Un gran poder conlleva una gran oportunidad de ser mejores personas. Osea la responsabilidad de hacer un mundo mejor para ti y para todos.

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