Puede resultar sorprendente, pero es necesario recordarlo, la lengua española en España está perseguida.
El español lleva perseguido en España desde la transición.
Primero se empezó con el caballo de troya de las lenguas cooficiales y su reconocimiento en los diversos estatutos de autonomía. Posteriormente, se empezó a priorizar la lengua local sobre la común, el español, bajo la excusa de la necesidad de promover lenguas locales cuyo uso había decaído, no porque la mayoría de los vascos, catalanes, gallegos, valencianos o mallorquines preferían usar la lengua común, sino fruto de una supuesta persecución del franquismo. Ya saben, el franquismo vale como excusa para todo. Finalmente, se pasó a intentar eliminar lo más posible, cuando no perseguir, el uso del español en dichas regiones.
Este proceso ha sido común en todas las regiones con lengua propia: Vascongadas, Cataluña, Comunidad Valenciana, Galicia y Baleares.
Un proceso que ha sido transversal ideológicamente, tanto los partidos separatistas, como el PSOE, como el PP han sido impulsores, promotores, aplicadores y cómplices en el desarrollo de este proceso.
Alguna vez el PP ha hecho bandera de la libertad lingüística, en alguna campaña electoral, pero para enterrarla al segundo siguiente de haber ganado las elecciones. Recuerden el ejemplo de Feijóo en su primera campaña en Galicia que ganó con la promesa de garantizar la libertad de elección de lengua de las familias gallegas en la educación de sus hijos para, posteriormente, imponer un modelo donde esa libertad brillaba por su ausencia.
A pesar de este rodillo político impulsado por todos los partidos con representación parlamentaria excepto VOX sigue habiendo españoles que no quieren comulgar con ruedas de molino y tratan hacer frente a esta persecución e intento de limitar la libertad de los españoles. Muchos lo han hecho aún a riesgo de poner en riesgo la tranquilidad y la paz de sus familias e hijos. Una institución ejemplar en esta defensa de la libertad es Hablemos español.
Son numerosos los testimonios de familias que han sufrido acoso de las administraciones y de familias del colegio por reivindicar su derecho a que sus hijos se eduquen en español; de empresas que han sufrido multas por no asumir las regulaciones contra el uso de español.
Recientemente se publicaban varias noticias que nos vuelven a recordar como esta persecución a los españoles y al español sigue vigente, destapando la oferta que sobre la misma aplican los partidos políticos, las administraciones y la mayoría de los medios de comunicación. A modo de ejemplo les compartimos dos: una que muestra el acoso que sufre el español en el sistema educativo vasco: Siete mujeres defienden del cierre al mejor colegio en castellano frente al PNV; otra la presión sobre las empresas y los comercios en Cataluña para que abandonen el uso del español: El Ayuntamiento de Gerona se inventa una multa para las empresas que utilicen el español.
Hay alguna noticia que muestra que, en algún lugar, tímidamente, se da la batalla por la libertad lingüística de los españoles: Después de 34 años el Boletín Oficial del Parlamento Balear incorpora el español. Esta victoria es gracias a VOX que parece ser el único partido al que este tema le preocupa.
Una nación que no protege la libertad de sus ciudadanos, una nación que permite que su lengua común sea perseguida es una nación en descomposición.
Debería ser compromiso ineludible de los gobiernos del PP y VOX devolver a los ciudadanos su libertad.
Pero para que eso sea posible los ciudadanos, los votantes, deberemos mostrarnos inflexibles en el cumplimiento de estas exigencias. Si los españoles no nos tomamos en serio nuestra libertad los políticos tampoco lo harán. El primer paso depende de nosotros. ¡Démoslo!





