Miedo al agua. Y el virus se extiende…

Así es. Parece que tengan miedo al agua. Y yo les tengo miedo a ellos. Ya pueden pedir las autoridades disciplina social, que cada uno tira por su lado sin ton ni son, como si esto fuera una fiesta. Nada les detiene, porque la razón, que es la madre de todas las buenas acciones, en ellos se demuestra que también puede estar enferma. Ya pueden sonar todas las alarmas de niveles elevados de transmisión comunitaria del coronavirus, que siguen erre que erre con su gaita, que a los muy retorcidos les suena distorsionada. Por eso no se ponen ni mascarilla. No se sabe bien por qué, pues la razón del pueblo llano bienintencionado y abierto a la verdad dice que hay que hacer caso a los que saben. Y hay que ser educados y respetuosos.

Con la porquería que hay por el mundo, y aún la esparcen más, diríase que libidinosamente. ¡Porque no tocan el agua y el jabón por nada del mundo! ¡Como si les tuvieran miedo! Mi vecino se ducha hasta tres veces al día, pero apesta. ¡Porque solo se remoja, y no usa jabón, ni en el gimnasio! Eso sí, se pasa la vida remontándose delante del espejo la estructura arquitectónica neopunky de su antiestética cabellera recortada por partes. Y se pasa el día y la noche traficando con sus nenas en la cama y en el sofá. ¡Da igual! ¡La mugre y su séquito son ingredientes naturales y hasta ecológicos!, ¿no tienes tú también?

¡Y hay más! En el supermercado les vierte una máquina, que pone perdido el suelo delante de las cajas de cobrar, con las colas a tope de clientes con sus carros repletos de comida para llevar, y uno de los cajeros se limita a recoger el estropicio con una pasada de papel higiénico, sin lavarse las manos a continuación, y continúa tocando leches, frutas y verduras (¡para cobrar, claro!). ¡Es natural! ¿Quieres saber qué me dice si le advierto de lavarse las manos contra la transmisión del virus? ¡Aún se me enfada! “¡Pues no es eco-lógico, amigo!” –le digo, y que así el virus se extiende…-. Pero ¿de qué me extraño? Si el propio supermercado no tiene personal con la credencial de manipulador de alimentos en los que están en contacto con los frescos. ¡Supermercado de renombre! ¡Apaga, y vámonos! Y el virus se extiende…

Luego protestarán contra esas mismas autoridades: que si no quiero confinamiento, que si a qué el estado de alarma, que si no me da la gana obsesionarme y dejar de ir a mis botellones en la calle de mi barrio y en los antros donde viven mis amigos. ¡Una pandemia es poco!, ¡más que vendrán! “¿Ah, sí? ¿Estamos en pandemia?”.

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Señores “expertos”, organicen una campaña de concienciación social contra el incivismo y a favor de la limpieza, que si investigan un poco observarán que hay que empezar por educar a la ciudadanía, pues en el ámbito rural son más limpios. Debería empezar –¡claro que sí!- en la escuela, con cursos dirigidos a primero padres y luego alumnos, y desmitificando la leyenda de que “la mugre te inmuniza”. ¡Sí, señores! ¡Los hay que aún le agregan salsa a la salchicha! Y el virus se extiende…

Hasta no hace mucho, el tema de la limpieza era un indicador de clase, pero nos hemos desmitificado tanto, que ya ni clase ni educación. Surge ahora el precio a pagar por tanta inacción de los padres y más contra-acción de las autoridades, que con eso de la democracia mal entendida, las paredes de su casa ya no encierran ni protegen nada: sus hijos se educan en la discoteca. Con el tabaco, el alcohol y las gogós. Hasta el punto de que ya parece que la cuestión de la limpieza y la mera urbanidad han perdido valor de mercado y se atribuye como factor negativo de la clase alta, pues parece un factor correlativo, pero que de correlativo no tiene nada. Y los virus se extienden…

¿El problema? No saben vivir. Se piensan que la vida es ir de gogó en gogó, y va que chuta. De manera que no saben reconocerse, porque no saben aceptarse, pues quieren ser –y de hecho creen que son- como se imaginan. Es un empacho de psicología positiva: “si quiero una cosa, la imagino, y ¡ya existe!”. ¡Y no les digas que están equivocados! ¡Te ladrarán que eres intolerante –y te perseguirán!

¿Cómo termina el cuento? Cuando ven que el virus se extiende paralizando todo y ellos caen en la uci, protestan contra el gobierno y la madre que los parió. Moraleja: Limpia tú lo que haya por limpiar. No en vano, el proverbio dice: “Si quieres estar bien servido, sírvete a ti mismo”. ¡Y tira de individualismo, que son dos días! -¿No era ese el problema?

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