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Y los padres y las madres, ¿¡dónde están!?

¿Dónde están nuestros padres y nuestras madres? ¿Siguen ahí? ¡Quizás esconden su masculinidad y su feminidad, o quizás la han perdido! ¿No será que el sexo por el sexo promueve la dilución de las características propias de ambos sexos, para pasar a ser el reino de la conveniencia? Hemos pasado a la imposición y el asedio propios del utilitarismo sobre y contra la verdad del amor. ¿Es eso del utilitarismo lo más útil para vivir felices? A juzgar por el personal que nos rodea, parece que no, de ninguna de las maneras… Como afirma Karol Wojtyla en su magna obra como cardenal Amor y responsabilidad, el utilitarismo no es útil ni para sí mismo, porque destruye lo que toca, incluso su propia razón de ser y su finalidad, encerradas en lo obtuso y lo punzante. Se autofagocita.

La actual adoración del sexo ha diluido los sexos, porque es una sexualidad mal vivida. Las figuras de hombre como padre y de mujer como madre toman sus características de la propia idiosincrasia de cada sexo, que les confiere la propia identidad a cada uno: masculina como hombre; femenina, como mujer. La transexualidad y las otras tergiversaciones utilitaristas del sexo son en realidad, pues, alteraciones, trastornos, y por tanto, perversiones de la originalidad intrínseca querida por Dios.

Yendo más allá, si el hombre y la mujer no desarrollan su personalidad con esa paternidad o maternidad (que es tan importante que incluso puede tomar la forma paternidad o maternidad espirituales), con esa carencia caminan como cojos y cogen como mancos, eso es, amputados, lisiados, tarados.

¿Qué se puede esperar de un cojo y de un manco? Por de pronto, que no cogerán bien las cosas y se les caerán; que caminarán a saltitos, faltos de apoyo en sí mismos. Esa falta apoyo les dirige indefectiblemente a proporcionar una educación defectuosa, diríamos que a trompicones, carente de toda entidad, falta de oxígeno, ahogada.

¿Qué puede esperarse de una persona a la que le falta oxígeno? De entrada, que respirará con dificultad, ansiosa y con la vista nublada y las funciones alteradas.

¿Qué esperaremos de una persona alterada? Que alterará su entorno.

¿Y de un padre o de una madre que altere su entorno hay que esperar? Que no se aplicará (por impotencia) a la correcta labor de padre y de madre.

¿Qué podemos esperar de una sociedad de padres y madres que alteran su entorno? Una sociedad alterada.

¿Y de una sociedad alterada, qué nos vendrá? La hecatombe.

¿Cómo podríamos evitar la hecatombe de la sociedad? Con la rectificación en todas nuestras alteraciones, trastornos y perversiones.

¿Dónde debe basarse la adecuada rectificación de la sociedad? En la Verdad, con el Amor de cara y de fondo.

Y ¿dónde está la Verdad con el Amor? En Dios.

Aunque estamos cayendo, y ya que aún no hemos caído del todo, podemos evitarlo: ¿Cómo? Volviendo a Dios.

No tenemos otra: o con Dios o sin (contra) Dios. La elección es nuestra.

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